/ lunes 18 de enero de 2021

“Unidos por Tlaxcala” tiene candidata

Ayer, las cinco fuerzas políticas que integran la coalición “Unidos por Tlaxcala” postularon por unanimidad a Anabell Ávalos Zempoalteca como candidata a la Gubernatura del Estado. Los dirigentes de los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), Alianza Ciudadana (PAC) y Socialista (PS), anunciaron que la decisión fue tomada en consenso.

La elección de la ex alcaldesa capitalina habla de la construcción de un gran acuerdo político en Tlaxcala, pero también de un acto de reconciliación entre la clase política estatal, con miras a lograr un proyecto político que ofrece experiencia, responsabilidad y seriedad en la conducción del estado.

El proceso electoral ordinario 2020-2021 no lo podemos ver como otras elecciones, sino como un momento de decisiones trascendentes sobre el rumbo de Tlaxcala en los años por venir.

En los últimos años fue evidente el crecimiento del estado. El nombre de Tlaxcala cobró relevancia nacional e internacional, lo que se reflejó en los indicadores de instituciones ajenas al gobierno estatal.

Tlaxcala logró ser primer lugar nacional en crecimiento económico, y segundo lugar nacional en crecimiento industrial, según el INEGI. Y esos lugares se corresponden precisamente con la apertura de nuevos negocios y empresas, de nuevas plazas comerciales, y de mayor flujo de turistas.

El aumento en la derrama económica favoreció la generación de empleo, que aumentó a niveles inéditos, como se puede constatar en las estadísticas del IMSS. Y de la mano de nuevas fuentes de trabajo y la creación de obra pública básica en los municipios, se consiguió también abatir la pobreza.

Gracias a ello, Tlaxcala logró ser el tercer estado que más redujo sus niveles de pobreza y pobreza extrema, y actualmente, es el único que instrumenta un programa como “Supérate”, que tiene el respaldo de la ONU y se basa en experiencias exitosas a nivel internacional, para sacar a más familias de esta condición y asegurar una sociedad más pareja con oportunidades para salir adelante.

De eso trata esta elección. De elegir entre un camino que aprovecha lo que se ha hecho bien y propone mejorarlo, o de virar hacia una alternativa que no brinda certeza ni confianza con base en la experiencia nacional de un gobierno rebasado por su improvisación.

México enfrenta dos escenarios complicados. Seamos realistas.

El primero, y más evidente, el de la emergencia sanitaria por Covid-19, que ha cobrado vidas y generado una severa crisis económica. Y la segunda, que no es tan reciente, la falta de crecimiento del país, como resultado de la falta promoción industrial y turística, la falta de programas sociales que incentiven la autogestión, y la falta de inversión en obras que propicien progreso colectivo, por mencionar las causas más evidentes.

Y en este complicado contexto, en el que también es palpable el aumento de la inseguridad, hay un clima de polarización social alentado desde las instituciones federales. No hay diálogo, ni argumentos, sólo señalamientos y calificativos que no atienden razones.

Los tlaxcaltecas deben tener claro este panorama para entender lo que está por venir: tiempos de decisiones.

Que una coalición haya logrado por unanimidad una decisión complicada como la definición de su principal candidatura expresa capacidad y voluntad. Eso es lo que necesitamos de los políticos, que se pongan de acuerdo para trabajar unidos por Tlaxcala.

Ayer, las cinco fuerzas políticas que integran la coalición “Unidos por Tlaxcala” postularon por unanimidad a Anabell Ávalos Zempoalteca como candidata a la Gubernatura del Estado. Los dirigentes de los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD), Alianza Ciudadana (PAC) y Socialista (PS), anunciaron que la decisión fue tomada en consenso.

La elección de la ex alcaldesa capitalina habla de la construcción de un gran acuerdo político en Tlaxcala, pero también de un acto de reconciliación entre la clase política estatal, con miras a lograr un proyecto político que ofrece experiencia, responsabilidad y seriedad en la conducción del estado.

El proceso electoral ordinario 2020-2021 no lo podemos ver como otras elecciones, sino como un momento de decisiones trascendentes sobre el rumbo de Tlaxcala en los años por venir.

En los últimos años fue evidente el crecimiento del estado. El nombre de Tlaxcala cobró relevancia nacional e internacional, lo que se reflejó en los indicadores de instituciones ajenas al gobierno estatal.

Tlaxcala logró ser primer lugar nacional en crecimiento económico, y segundo lugar nacional en crecimiento industrial, según el INEGI. Y esos lugares se corresponden precisamente con la apertura de nuevos negocios y empresas, de nuevas plazas comerciales, y de mayor flujo de turistas.

El aumento en la derrama económica favoreció la generación de empleo, que aumentó a niveles inéditos, como se puede constatar en las estadísticas del IMSS. Y de la mano de nuevas fuentes de trabajo y la creación de obra pública básica en los municipios, se consiguió también abatir la pobreza.

Gracias a ello, Tlaxcala logró ser el tercer estado que más redujo sus niveles de pobreza y pobreza extrema, y actualmente, es el único que instrumenta un programa como “Supérate”, que tiene el respaldo de la ONU y se basa en experiencias exitosas a nivel internacional, para sacar a más familias de esta condición y asegurar una sociedad más pareja con oportunidades para salir adelante.

De eso trata esta elección. De elegir entre un camino que aprovecha lo que se ha hecho bien y propone mejorarlo, o de virar hacia una alternativa que no brinda certeza ni confianza con base en la experiencia nacional de un gobierno rebasado por su improvisación.

México enfrenta dos escenarios complicados. Seamos realistas.

El primero, y más evidente, el de la emergencia sanitaria por Covid-19, que ha cobrado vidas y generado una severa crisis económica. Y la segunda, que no es tan reciente, la falta de crecimiento del país, como resultado de la falta promoción industrial y turística, la falta de programas sociales que incentiven la autogestión, y la falta de inversión en obras que propicien progreso colectivo, por mencionar las causas más evidentes.

Y en este complicado contexto, en el que también es palpable el aumento de la inseguridad, hay un clima de polarización social alentado desde las instituciones federales. No hay diálogo, ni argumentos, sólo señalamientos y calificativos que no atienden razones.

Los tlaxcaltecas deben tener claro este panorama para entender lo que está por venir: tiempos de decisiones.

Que una coalición haya logrado por unanimidad una decisión complicada como la definición de su principal candidatura expresa capacidad y voluntad. Eso es lo que necesitamos de los políticos, que se pongan de acuerdo para trabajar unidos por Tlaxcala.