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Anatomía de lo social | Piratería

  • Arturo Duén Torres

Aconsejar economía a los pobres es a la vez grotesco e insultante. Es como aconsejar que coma menos al que se está muriendo de hambre.

Oscar Wilde

Identificada como un fenómeno cultural, muy arraigado en el país, la piratería ha motivado el interés de una gran diversidad de investigadores en el afán de poder darle una correcta interpretación respecto de sus causalidades; obvio, también en relación a sus consecuencias, presuponiendo, de manera especial, todas aquellas relacionadas a los aspectos económicos, donde, presumiblemente, se acentúa de manera negativa su presencia.

Más allá de los resultados y sin soslayar la cientificidad de los mismos, se encuentran otros criterios, aunque populares, no se alejan de una realidad tangible; la falta de recursos propicia el consumo de infinidad de productos llamados pirata.

Desde una perspectiva institucional, se recurren a las estadísticas para evidenciar las pérdidas millonarias ocasionadas al erario público, utilizándolas, además, como un buen argumento para escatimar los recursos en los programas de asistencia social, es decir, se culpabiliza al fenómeno como el instrumento para eludir otras responsabilidades; como si ese dinero “extraviado” fuera la única causa para desatender los compromisos y obligaciones constitucionales, desde luego, entran al respaldo las empresas monopolizadoras del capital, señalando también a la piratería como un problema de graves dimensiones y provocadora de perderse cuantiosas fortunas, olvidando en sus denostaciones los grandes favores recibidos para eludir el pago de impuestos y de grandes devoluciones sustentadas según en las leyes hacendarias.

Sin pretender ser muy pragmático, por lo multifactorial del asunto, es posible determinar cuáles son los motivos para entrar en este círculo de compra-venta de piratería; en una primera instancia, se puede decir que la falta de oportunidades de trabajo obliga a las personas a dedicarse al comercio informal; mejor aun cuando lo ofertado no necesita grandes inversiones, facilitando con ello la venta entre los compradores, luego entonces, quienes llaman ilegal a este tipo de procesos deberían ocuparse en generar leyes para regularlos, así como también las oportunidades de trabajo a los ciudadanos y cuidar la imagen institucional cuando se magnifica la creación de millones de espacios laborales, pirateándose el eslogan del sexenio pasado; la autodenominarse el “gobierno del empleo”.

Sin duda, tampoco pueden suponer que para no provocar, como lo han dicho algunos sociólogos, “hoyos” en la economía nacional, la gente podrá comprar productos originales, los que además de estar gravados con altos impuestos son inalcanzables para la gente común, por ejemplo comprar ropa de cincuenta pesos en un expendio o mercado de pulgas, exhibe una enorme diferencia en el precio a pagar en cualquier tienda departamental, eso de igual manera se reclama, que digan las autoridades cómo lograr el consumo de productos de precios muy altos para darle vestido a una familia de escasos recursos.

De los productos más demandados se encuentran los discos pirata, desde luego; para los apasionados del cine y de la música, es obligada una compra ilegal, pues el precio en cualquier tienda oferente de estos productos se multiplica el mil por ciento. Comprar una película de 15 pesos para un auditorio de cinco personas equivale a ahorrarse 240 pesos en la entrada de un cine; cuando los propietarios de las salas se embolsan cantidades millonarias, los espectadores aprovechan la posibilidad de no gastar, no por la cantidad en sí misma, sino por no tener para ir al cine.

Tal vez la preocupación de los empresarios no radica totalmente en la “desleal” competencia y en el precio de los productos, sino en la calidad lograda por los falsificadores; la sofisticada tecnología con la que cuentan, permite, fácilmente, hacer una comparación de productos iguales; tal es el caso de quienes se dedican a la producción de software, si el producto original cuesta algunos cientos de pesos, la versión copiada no rebasa los cien; aquí es donde se hace evidente la posibilidad económica de un comprador al elegir la buena copia a los supuestamente llamados originales.

Desde luego, tampoco se pretende hacer una apología de la piratería, pues también se fabrican productos de dudosa calidad como, entre otros tantos, los cigarros, las bebidas alcohólicas y medicinas, aquí es donde se puede asociar, la perversa astucia de los fabricantes, con los altos ingresos obtenidos a costa muchas veces de la salud de los consumidores, fiestas, tugurios, antros, son centros expendedores sin las medidas de seguridad correspondientes, ahí es importante extremar la vigilancia por parte de las autoridades pues a pesar de saberlo, hacen oídos sordos al peligro provocado por la venta de este tipo de productos, vale decir en este caso que lo barato puede resultar caro.

En otro contexto, el contrabando, también es ferviente impulsor de la piratería, el comercio ilegal de productos traídos de otros países son parte de los elementos constitutivos, primero se traían objetos no fabricados en el país, surgiendo los grandes fayuqueros y posteriormente los vendían a los consumidores cautivados por la tecnología, la ropa y las lociones; mucha gente se dedicó a vender fayuca, estableciéndose en lugares tolerados por las autoridades, sin cuestionar el pago de impuestos, solo la infaltable mochada. Luego llegaron los productos orientales, autorizados y legalizados, ellos sí, afectando la economía nacional, la generación de empleos e inundando con chatarra al país.

Evidentemente la postura al respecto de cada quien, puede alentar o minimizar un fenómeno de grandes y multifactoriales consecuencias, si bien es cierto que se provocan grandes pérdidas de dinero, también logra apoyar a los sectores de la población más desprotegidos, en cuanto adquieren productos de esta naturaleza.

Existen otros aspectos cuyo señalamiento involucra a la delincuencia organizada, consecuentemente a sus ganancias multimillonarias, inclusive a las facilidades otorgadas por las autoridades para permitir el trasiego de la piratería, lo importante aquí sería distinguir entre lo escondido hábilmente por los “grandes actores” de tan lucrativo negocio y los beneficios recibidos para aquellos cuyos medios económicos no alcanzan para ser parte del círculo exigido por el gobierno y pagar impuestos por comprar bienes en el sector legalmente reconocido; como eso es difícil, seguiremos siendo parte de las ventajas que ofrece la piratería.