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Caras y Máscaras

  • Cesáreo Teroba Lara

 

* Breve semblanza del maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin

 A diez años del fallecimiento de Don Desiderio Hernández Xochitiotzin, tlaxcalteca ilustre, en memoria de su grandeza como ser humano, como artista y como impulsor del conocimiento y la proyección de la cultura tlaxcalteca, resulta pertinente resaltar rasgos de su personalidad admirable, expresados por  personalidades que confraternizaron con él, tales pronunciamientos se encuentran en el Boletín del Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala Tlahcuilo 3 “Xochitiotzin: inmemoriam, una mirada colectiva”, correspondiente a octubre-diciembre del 2007. Helas aquí:

Bernardo Mir Muñoz:

“La obra de Desiderio Hernández Xochitiotzin es muy amplia y la conforman tanto dibujos como grabados y pinturas sobre lienzo, en donde utiliza una amplia gama de técnicas para poder precisar de manera mágica sus pinceladas, todas ellas llenas de vigorosos y luminosos colores dentro de un exacto sentido de análisis, en donde escudriña las costumbres de su tierra, de su gente, de sus fiestas y carnavales, de sus flores y artesanías, sin dejar por ello de abordar los temas religiosos en razón de haber sido un profundo creyente.

“Hablar de Desiderio Hernández Xochitiotzin es hablar no tan sólo de un gran pintor e investigador, sino de un hombre íntegro que se comprometió con sus orígenes, con su religiosidad, con sus creencias y con todo aquello que amaba: su nación, su estado, su familia y sus raíces.

Milena Koprivitza:

“Poseedor de una gran biblioteca y documentos originales, la posición histórica que refleja en sus murales es el resultado de las múltiples lecturas, de la meditación y estudio del pensamiento de diferentes autores.

“A partir de su bagaje cultural el muralista pintó, con gran oportunidad para Tlaxcala, un enorme tapiz cuya principal misión es sin duda la de colaborar a la construcción de una mística de identidad que con el tiempo se ha fortalecido”.

Raúl Cuevas:

“Los murales se convierten casi desde su concepción, en un referente de la identidad tlaxcalteca, en un antídoto contra la versión de la presupuesta traición tlaxcalteca en contra de una nación mexicana inexistente”.

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón:

“Nunca dejó de expresar lo valioso que tenían nuestros antepasados en sus relaciones con Dios y de mostrarnos cómo toda su vida, sus fiestas sus tradiciones, todo lo que hacían tenía un sentido religioso que el maestro no solo expresaba en su obra sino también en el modo de llevar su vida. Era un hombre con una profunda vida de fe, lo muestran sus murales, lo mostraba en sus conferencias, en sus conversaciones y lo mostraba en sus actitudes.

“Lo cierto es que el maestro era una verdadera enciclopedia viva. Fui compañero de estudios del presbítero Xico, un hijo suyo, por esa razón tuve la oportunidad de entrar algunas veces a su casa y hacerlo era casi como entrar a un museo: libros, objetos, bocetos, pinturas, todo era cultura. Nos decía Xicohténcatl: ‘Mi papá no permite que se toque nada ni que se mueva de lugar –nos prevenía-; no le vayan a preguntar de algo porque mi papá comienza a hablar y ya no salimos, ni quien lo detenga’ y es que, de verdad, el tiempo se pasaba volando y él mismo se emocionaba de manera que pasaba de un tema a otro con una facilidad asombrosa y con el conocimiento magistral de los temas que era un gusto intelectual oírlo”.

Susana Fernández Ordóñez:

“Hasta el último instante cuidó a su familia, Lilia, su esposa le dio todo su amor y él tenía que corresponderle amándola sin medida a ella y a sus hijos, su papel de proveedor de cariño y bienes necesarios para la vida lo cumplió hasta el último aliento.

“Se fue con su andar cansino a últimas fechas, en vida recorrió las llanuras, los campos verdeantes y los otrora espesos bosques, ahora, a través de quienes le recordamos, seguirá recorriendo los caminos de esperanza que ansiamos los tlaxcaltecas, cada vez que visitemos sus murales le saludaremos en ellos y enviaremos un recuerdo afectuoso, al amigo, al tlaxcalteca, al historiador, al cronista, pero sobre todas las cosas, al hombre íntegro que luchó por Tlaxcala y cuyo amor por su estado solo fue igualado por el que le tenía a su familia”.

Lauro Tapia Téllez:

“Yo pienso que su principal cualidad era esa facilidad para relacionarse con los demás, sin importar su clase social, color o posición política, podía platicar con todos. Su más importante aportación: nos inyectó a todos el orgullo de ser tlaxcaltecas”.

Lucina M. Toulet Abasolo:

“Considero que el maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin como ser humano, como artista y como historiador, me deja grandes enseñanzas y, sobre todo, ejemplo de trabajo y de perseverancia digno de imitar. Creo que fue, ante todo, una gran persona, un hombre de fe, de firmes convicciones, excelente esposo y padre de familia y un leal amigo. Se podrán decir muchas cosas de él, porque fue grande, tan grande como los hermosos murales conque decoró el Palacio de Gobierno y que le han dado fama a Tlaxcala no sólo en México, sino en el mundo.

“Pienso que las personas como el maestro Desiderio no mueren y cuando Dios las manda llamar a un merecido descanso después de una larga y fructífera vida, siguen vivas en nuestro recuerdo y en la obra que dejan a las generaciones venideras”.

Guillermo Alberto Xelhuantzi Ramírez:

“Su muerte representa el final del ciclo de una generación que influyó de manera decisiva en la trayectoria del pueblo tlaxcalteca; como señala José Ortega y Gasset, las generaciones son el motor de la historia de una sociedad, son, por decirlo de algún modo, su pulso vital y cada una desarrolla sus propios valores y creencias que consolidan una visión del mundo.

“En cada generación el horizonte de vida tiene dos dimensiones, la primera implica asimilar el legado heredado y la segunda corresponde a la creatividad”.