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El cristal con que se mira

  • Aurora Aguilar Rodríguez

Mi causa

Se escucha en cada mesa, en cada plática; la gente, el pueblo entero, quiere un cambio pero en paz, sin poner hermano contra hermano, sin radicalizarnos en posturas de “estás conmigo  o contra mí”. Queremos tener gobernantes honestos y con real vocación de servicio que en su pasado hayan dejado buenas cuentas, que en sus responsabilidades hayan cumplido con eficiencia, sensibilidad y honestidad. El pasado siempre nos alcanza y debe ser base para construir confianza y futuro.

En lo personal me considero una sobreviviente. Sobreviví a la orfandad de madre desde muy joven, la ruina económica, a la adversidad, la soledad, la migración; especialmente sobreviví al reto de sacar adelante sola a mis hijas, que son lo que mas amo en la vida, así como lo son los hijos de cada familia. Soy una guerrera, como miles de mujeres mexicanas y tlaxcaltecas que todos los días salimos a ganar el pan con dignidad.

He servido a la patria de forma honrada y siempre tratando de cambiar la vida de la gente para bien; que los apoyos desde la Sedesol, los servicios desde el ISSSTE, así como la gestión desde la Cámara de Diputados hayan sido un granito de arena en el bienestar del pueblo que con sus impuestos me han permitido trabajar y ganarme la vida.

Trabajo en política porque creo que el servicio público es la forma mas directa de corresponder las bendiciones recibidas, pues he tenido comida en la mesa, un techo y escuela, ante millones a quienes la nación aún les tiene una deuda de justicia social. Servir es un privilegio mayor, sin duda, pero es aún más grande el reto de no fallar y siempre ver a mi familia y amigos, pero especialmente a los ciudadanos, con la frente alta, segura del deber y la palabra cumplidos. Hace años que decidí poner ante el escrutinio público mi vida y prestigio, por ello aprovecho, agradezco y procuro ser mejor con cada opinión y crítica. El disenso siempre debe ser oportunidad de crecimiento.

Mi causa son las familias que día a día, en unidad, enfrentan esa misma adversidad que enfrenté y me obligó a salir adelante por mis hijas. Soy solo una más, pero precisamente por ello voy a seguir luchando, desde cualquier trinchera, por inspirar a quien hoy sufre, a creer que inseparables, unidos, como lo hacemos en familia, podemos salir adelante y sacar adelante con prosperidad y felicidad a México.