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El gobierno decide: prosperidad o desigualdad

  • Fernando Flores Macías

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, es una institución de excelencia académica fundada en México a instancias de la UNESCO hace sesenta años, luego de un acuerdo entre el gobierno mexicano y esta facultad para difundir el conocimiento y publicar una serie de estudios sobre la política económica en forma permanente.

Su titular, Dra. Josette Altmann Borbón y uno de sus titulares anteriores el Dr. Francisco Valdez Ugalde en sus editoriales ha manejado un importante planteamiento que soporta nuestra preocupación de que la desigualdad y la pobreza son una resultante intencional de la política económica, al decidir los instrumentos que cada régimen de gobierno elige.

Al inicio de cada sexenio y de cada año, el gobierno en turno determina que instrumentos va a elegir y los resultados que, estos, van a tener, en peras y manzanas; cada gobierno determina a quien quiere beneficiar;

a.- Seguir concentrando la riqueza en pocas manos con transferencias y exenciones, es decir hacer más rico a los ricos y más pobres a los pobres o,

b.- Determinar criterios e instrumentos para detener el avance de la pobreza e iniciar el camino hacia una mayor equidad entre la sociedad a la que sirven.

El primer camino los gobiernos priistas y panistas lo han elegido durante 30 años y así han construido esta triste realidad de 60 % de la población pobre que año con año sigue creciendo, con problemas adicionales como inseguridad, falta de crecimiento, empleo mal pagado, salario mínimo que empobrece más al trabajador, sin protección social al 75 % de la población, etc.

La elección de los gobiernos mexicanos por este camino sinuoso en sus resultados sociales, lo hacen presionados por la política exterior que los conmina a apoyar la economía de mercado, siguiendo el falso dilema de que, “el mercado va a corregir las desigualdades sociales”, enfoque ya superado.

Al determinar el gobierno federal esta política económica poco pueden hacer los gobernadores para enmendar los efectos, sin embargo casi ningún gobernador se atreve a proponer ajustes mayores en lo local, para paliar sus efectos, por desinformación o desinterés y siguen la aplicación simple de los programas sociales, en todo caso, se dedican a atender la pobreza extrema, a sabiendas de que la franja de población pobre sigue aumentando hasta rebasar ya el 60 % de la población.

Cualquier sociedad con 30 años de resultados inciertos en materia social ya hubiera hecho, si no una revolución, elegido más de dos opciones de gobiernos, sin embargo la sociedad mexicana se encuentra en estado de indefensión, duramente vacunada con la programación de la televisión comercial y con la sustitución de la ideología por la propaganda que anula la posibilidad de reflexión social.

Por otro lado, la sobrecarga fiscal o aumento de los impuestos, el incremento a los precios de la gasolina, las disminuciones presupuestales a los programas sociales y a la inversión, la devaluación del peso frente al dólar, han estrechado la posibilidad del crecimiento del mercado interno y por tanto del crecimiento del desarrollo de la sociedad.

Los recortes a los presupuestos federales y estatales y el costo que tendrá la reconstrucción derivada de los sismos, la capacidad del gobierno federal para operar el desarrollo económico se debilita.

Las presiones de los EE. UU. en varios flancos, la repatriación de migrantes, la repatriación de los Dreamers que se perfila delicada, las presiones para llevarse a las armadoras automotrices y la pretensión de los EE. UU. de obtener más ventajas económicas del TLC, complican el panorama económico para nuestro país.

Si a esto le agregamos los salarios diferenciados en nuevos comercios, automotrices y autopartes que pagan salarios mínimos, por los cuales, en los Estados Unidos ganan ocho veces más que los tlaxcaltecas, los alemanes por la misma tarea pagan diez veces más que los tlaxcaltecas y poblanos, esto no es buen augurio para mejorar la economía de los trabajadores en la región, con esto, las posibilidades de mayor y mejor empleo se van esfumando.

Si a esto le agregamos la falta de inversión en infraestructura, salud y seguridad social, qué decir de la falta de apoyo en investigación y desarrollo tecnológico, la falta de apoyo a las grandes escuelas y universidades públicas, la cancelación, entre otros proyectos, del desarrollo ferroviario, el tema se complica más.

Con motivo de las elecciones del 2018, seguramente este tema estará presente en las ofertas de campaña y en las exigencias sociales a los candidatos en turno para ver quien o quienes se comprometen a reorienten los instrumentos de política económica, para que se detenga el aumento de la pobreza y eventualmente, se pude revertir esta realidad que lacera a la mayoría de la población, corroe el sistema político y el ya deteriorado tejido social.

ffloresms@hotmail.com