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La “revolución” educativa

  • José Antonio Álvarez Lima

El trabajo del maestro no consiste

tanto en enseñar todo lo aprendible,

como producir en el alumno amor

y estima por el conocimiento.

John Locke

Mientras los problemas económicos y políticos permean la vida nacional, reaparece, otra vez, en el escenario social el tema de la educación; usado así, se percibe como instrumento distractor de atenciones y generador de una discusión interminable. Para darle sentido, se congregaron en el Palacio Nacional los altos funcionarios del gobierno, encabezados por el Ejecutivo, en fastuosa ceremonia protocolaria con motivo de dar a conocer los pormenores sobre la implementación del “nuevo” modelo educativo, en voz del flamantísimo secretario de Educación, entendiéndose el discurso como el resultado de la reforma educativa, evidenciando, según se dijo también, la “preocupación” de las autoridades del ramo por asegurar una educación de calidad.

En su argumentación, habló además del diseño de los documentos principales para la aplicación del modelo, de los cinco ejes rectores que le darán sustento: el primero en relación al establecimiento de un cambio pedagógico donde los jóvenes aprendan a aprender, permitiéndole al maestro generar, con su creatividad nuevas estrategias didácticas; en el segundo, se coloca a la escuela en el centro y la convierte en una comunidad de aprendizaje; el tercero plantea una formación profesional de los maestros, que ahora enseñaran a pensar; la equidad e inclusión se establecen en el cuarto eje rector; finalmente, el cinco refiere a la gobernanza educativa para implementar el modelo de manera adecuada, con una coordinación de todas las autoridades educativas.

Sin duda, la retórica del discurso no rebasa en lo mínimo una realidad tangible, desde las aparentes intenciones de construir, como lo dijera el presidente de México: “Un individuo libre, responsable y comprometido ciudadano, pero también con las mejores causas de la humanidad”; sin embargo, para quienes saben de pedagogía, esa propuesta metodológica de aprender a aprender, nada tiene de nuevo, son propuestas teóricas, diseñadas en procesos de apropiación del conocimiento, como lo señala Giovanetti: “Es tomar los conocimientos que te da la vida para usarlos en beneficio propio y de los demás”, no se hace referencia a un contexto en específico, y se hace notable la propuesta en un contexto de tiempo anterior al actual, es decir, entre lo nuevo y lo pasado solo lo rebasan las palabras.

Así se puede entender también la propuesta respecto del enseñar a pensar; nada de novedoso se encuentra, pues el desarrollo de habilidades del pensamiento tiene muchos años de aplicarse; aquí, en el estado, se incorporó en el plan de estudios de una de las instituciones del nivel medio superior, y sus resultados alcanzaron un cierto límite, de ahí su separación de la misma estructura curricular; su vigencia terminó en cuanto cambiaron las condiciones de la misma sociedad, los intereses académicos de los estudiantes y las políticas educativas nacionales.

Uno de los ejes más cuestionados es el relativo a formación profesional de los maestros, pretendiendo, más allá de una actualización o preparación ad hoc al modelo, se presupone un adoctrinamiento, pues por una lado regresamos al discurso institucional, se dice que no habrá concesiones políticas ni tampoco se permitirá que las propuestas mismas para la formación se conviertan en campos de batalla ideológicos, económicos y políticos; mensaje sin disfraz, los maestros tendrán que ajustarse a las condiciones impuestas por las autoridades; por lo tanto, se abre el candado para la amenaza velada y se cierra para cuando haya intereses ajenos a la voluntad de las instituciones que controlan el sistema educativo nacional, es decir, la SEP y el SNTE.

Dentro de las propuestas “novedosas” se habrán de incorporar en los procesos de formación a 620 mil docentes en formación continua y para mejora escolar; en el 2018 se capacitará a 300 mil docentes en actualización y desarrollo profesional; el uso del inglés también tiene sus particulares fortalezas: primero se contratarán a más de mil profesores para que lo enseñen en las escuelas normales, para que los próximos docentes tengan un alto dominio de la lengua y la didáctica en la enseñanza; para lograr este objetivo se tendrá la colaboración de la Universidad de Cambridge de Inglaterra, institución que evaluará y certificará los logros de esta adaptación curricular.

En contrasentido a esta propuesta, al referirse al conocimiento por parte de los estudiantes del español, se dijo que los mismos sabrán expresarse, tendrán buena ortografía y podrán defender sus argumentos; pareciera, con esta medida “pedagógica”, se lograrán resolver todos los problemas del aprendizaje. Dicho de otra manera, por decreto se lograrán todos los objetivos construidos en el contexto del nuevo modelo educativo, se hablará inglés y se mejorarán las competencias del español.

De las posibles interpretaciones a otro de los ejes rectores, la intervención, llamada coordinación, de todas las autoridades educativas en la práctica del modelo, supone limitaciones, la normatividad quedará sujeta a esos niveles de decisión; de nada sirve entonces hablar de una autonomía curricular cuando ésta quedará sometida a la voluntad institucional; luego entonces, para qué hablar de la posibilidad de que el maestro y los estudiantes podrán construir, con base a sus necesidades educativas, los contenidos para la enseñanza y el aprendizaje, si solo se queda en el plano de los supuestos y las apariencias.

En un análisis más particular respecto de los resultados que se esperan como producto de la aplicación de “nuevo” modelo, se pretende que los niños del nivel primario sean capaces de  lidiar con problemas socioemocionales, que puedan construir proyectos a corto y mediano plazo y que sean capaces de autorregular sus emociones; los de secundaria, al concluirla, puedan identificarse como mexicanos y sentir amor por su país, aspiraciones muy por encima de las posibilidades del propio modelo; nunca se lograrán objetivos tan mal diseñados, tal vez no en su contenido, pero sí en las presuntas formas de alcanzarlos, pues no basta con proponer, sino que es obligación invertirle el dinero suficiente para poder lograrlo.

Lamentable la postura contradictoria de las autoridades educativas, desde la denominación de un modelo diseñado con elementos utilizados en tiempos pasados, como la velada forma de someter a su capricho el trabajo de los maestros, dándoles libertad teórica; sin embargo, en la práctica se pueden observar todas las limitaciones a los que se verán sometidos, lo más grave es cuando a quienes, se supone, son la razón de ser de la educación, sigan siendo solo sujetos de prueba, pues fácilmente si no se logra lo esperado, entonces se puede volver a reconstruir, total, nada se pierde si se falla; de igual forma, mientras no se atiendan las verdaderas necesidades educativas, todo seguirá siendo lo mismo, cambiando solo los tiempos y los gobiernos.