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Política para adultos

  • José Antonio Álvarez Lima

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¡Ya llegaron!

¡Ya están aquí!

Son las grandes tiendas departamentales del primer mundo.

Pero a mí esta noticia me deja un sabor agridulce.

Me alegro, desde luego, por los cientos de empleos para mujeres que ofrecerán estas megatiendas, aunque me pregunto: ¿son buenas sus condiciones laborales? ¿Son decorosos sus salarios? Y por último: ¿podrán con su sueldo comprar algunas de las prendas que ahí se exhiban o solo las podrán ver, tocar y mostrar?

Asimismo, me satisface que ya no tendremos que viajar hasta ese reducto de millonarios, que es Angelópolis, para adquirir algunos productos. Pero me pregunto: ¿el ingreso de la mayoría de los paisanos alcanzará para comprar lo que aquí se exhibe?

También me alegra que ya tengamos las mismas oportunidades de consumo que el resto de las entidades del país, aunque no deja de inquietarme el efecto que estos gigantes tendrán entre los pequeños negocios que han desarrollado emprendedores locales, y que tendrán enormes dificultades para competir.

Pero entiendo que la marcha del progreso es irremediable y que estos grandes centros comerciales llegaron para quedarse.

Ahora habrá que educar a nuestros consumidores para saber elegir y saber exigir.

Saber, por ejemplo, que es mejor un jugo de frutas que un refresco de botella. Que es más sano comprar en efectivo que a crédito. Que es más nutritiva la comida preparada en casa que las hamburguesas, las pizzas o los pastelillos industriales.

Saber también que hay que guardar siempre y bien los recibos de compra, para devolver lo que no nos convenga o resulte defectuoso. Que se pueden devolver siempre las compras excesivas o equivocadas.

Que sepamos también que la Procuraduría del Consumidor es gratis y que podemos acudir a ella cuando tengamos la sensación de que en alguna compra nos han tomado el pelo.

En fin, que si vamos a ser compradores de primer mundo, también seamos consumidores exigentes y profesionales.

Recordemos que estos grandes negocios están aquí para hacer dinero y su poder lo obtienen de nosotros, los consumidores.

Recuerden: ¡el que paga manda!

(Por cierto, si solo van de turistas, lleven recursos para pagar el estacionamiento).

Los asesinos andan sueltos

Todos los días los tráileres de doble caja aterrorizan y matan mexican@s. Cuarenta al mes, según cálculos conservadores.

Solo en la última semana estos monstruos quemaron vivas a 29 personas en Michoacán, y aplastaron toda una familia en Veracruz.

Así que, al flagelo de la inseguridad ocasionada por el crimen organizado y la delincuencia común que padecemos, ahora se agrega un caso de escandalosa corrupción: las autorizaciones que otorga la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a enormes dinosaurios rodantes de ochenta toneladas, para circular por todos lados.

Aquí en Tlaxcala, solo de la empresa refresquera ubicada en Atlihuetzia salen varias decenas de tráileres dobles todos los días. También de las fábricas de recubrimientos de cerámica son muchos los dobles que de ahí emergen.

Estos gigantescos camiones, además, son conducidos generalmente por jóvenes inexpertos, sobreexplotados y sobreexcitados.

Esta columna ha insistido desde hace meses en el tema, porque como millones de mexicanos, nos vemos en la necesidad de circular por estrechas y mal trazadas carreteras, invadidas por esta plaga amenazante.

Se ha solicitado reducir la velocidad de estos mastodontes a 60 km/h; ninguna autoridad ha respondido.

Se ha pedido que se limite su circulación a las autopistas de cuatro carriles; nada ha ocurrido.

Se ha comentado dar un año de plazo a las empresas para reducir el tamaño de sus camiones; nadie ha hecho caso.

Se ha rogado que entidades independientes, como la Cruz Roja, hagan pruebas aleatorias de salud a los conductores; nada.

Se ha exigido que se suspenda, por un tiempo, el otorgamiento de más placas de dobles; silencio absoluto.

¿Qué espera la autoridad?

¿Que grupos de familiares de las innumerables víctimas bloqueen las carreteras por la falta de respuesta, o peor aún, que irritados vandalicen los tráileres?