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Prisma político

  • Domingo Fernández

Gobiernos lentos e ineficientes

El periodismo se ha convertido en una profesión de riesgo fatal, que ha cobrado la vida de quienes escriben sobre política y sobre el crimen organizado. El último, Javier Valdez en Sinaloa, ha concitado la respuesta de varios medios que ya no únicamente piden solidaridad de las autoridades sino que cumplan con su trabajo de manera eficiente y rápida.

Los delincuentes matan periodistas “porque lo pueden hacer y no pasa nada”, la impunidad  en este tema se ha normalizado y, peor aún, se normativiza, se asume como parte de lo que ocurre con los desaparecidos, los defensores de derechos humanos, los desarraigados por las bandas y otros más que son daños colaterales de las estrategias gubernamentales fallidas, pero que ya son la regla.

Matar a periodistas para evitar que los distintos públicos conozcan de los temas del poder y del crimen organizado, es un atentado contra la libertad de expresión y contra el derecho a informarnos. Sin embargo, no impiden que las otras realidades se conozcan. Olvidan que hoy el tema de la información no está en la propiedad de los periodistas sino en la de cualquiera que tenga un teléfono y use redes sociales.

Javier Valdez se especializaba en temas de crimen organizado y corrupción en las instituciones de seguridad pública y de procuración de justicia. Director del semanario Radiodoce, corresponsal de La Jornada y autor de libros sobre la cultura del narco y su relación con los certámenes de belleza, los narcojuniors dejando en su última obra “Narcoperiodismo” un tema que cobra vigencia por cómo los grupos de la delincuencia organizada utilizan a los medios para difundir o no los mensajes que les convienen.

Los grupos delincuenciales tienen expertos en comunicación que crean los símbolos y los significados que compra el público y las audiencias o en ocasiones amedrentan, agreden o asesinan para dar lecciones y hacer que el periodismo calle. Todos los casos son reprobables, pero son parte de la normalidad que tienen que vivir quienes hacen periodismo en Sonora, Sinaloa, Tamaulipas Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Veracruz.

Recuerdo cómo en una de mis clases en el ITAM, platicando del papel pragmático de la comunicación gubernamental y de sus operadores para detener como fuera, incluida la violencia, cualquier información negativa, tres estudiantes se horrorizaron por lo crudo del tema, pero no notaban que eso era parte de la normalidad en los estados mediados por el crimen organizado. Son los riesgos y las consecuencias diarias de quienes tienen cómoda fuente la policiaca.

¿Por qué estos alumnos y alumnas no notaban el uso de violencia en cualquiera de sus manifestaciones en la realidad? Porque la veían con los anteojos de la academia y estaban protegidos por su entorno privilegiado. No podían creer que los periodistas y los operadores no utilizaran la ética y los valores de las democracias liberales occidentales en el uso cotidiano de las negociaciones sobre la información. Mundos distintos que no se excluyen pero sí se silencian. Donde la ignorancia de unos no termina con la realidad de otros.

¿Qué podemos hacer  para que estos escenarios de violencia no lleguen a Tlaxcala? En principio no negarlos. Pero colocarlos en su justa dimensión ni más ni menos. Entender que las autoridades están para darnos certeza y no inventar discursos para cada día de la semana porque que resultan insuficientes, confusos y contradictorios. Asumir con responsabilidad y respeto la comunicación entendiendo que no hay lugar para los improvisados ni para los charlatanes. Este es un ejercicio profesional de los gobiernos para con sus gobernados.

La seguridad, si bien es un tópico responsabilidad del Estado mexicano en sus tres esferas de gobierno, no puede funcionar sin la participación de la sociedad. Debemos juntos evolucionar de la fuerza policiaca a la inteligencia policial. De la policía de proximidad a la policía de comunidad. La seguridad es tan importante que no podemos dejarla en manos de los políticos o de la policía; es responsabilidad de todos.

Gracias al Sr. Director de este importante medio por la oportunidad de retomar la pluma y plasmar mis opiniones los jueves. Gracias a usted también por tomarse la molestia de leerme, espero no defraudar la confianza de ninguno.