/ lunes 6 de abril de 2020

Recorre virtualmente el tradicional Altar de Dolores del Museo de El Carmen

Se ha optado por recrear esta manifestación patrimonial de forma virtual, a través de las redes sociales

La Secretaría de Cultura, a través de recintos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como el Museo de El Carmen, mantendrán viva la tradición del Altar de Dolores, el cual se instala siete días antes del Viernes Santo, como una oportunidad de difundir entre el público atisbos de la vida cotidiana en el virreinato, así como de la iconografía subyacente en dichas ofrendas.

Este año, el recinto sanangelino, el cual permanece cerrado en el marco de la Jornada Nacional de Sana Distancia y como medida para prevenir el contagio de COVID-19, ha optado por recrear esta manifestación patrimonial de forma virtual, a través de sus redes sociales, y dar continuidad a esta tradición, en el marco de la campaña “Contigo en la distancia”.

La historiadora del arte y directora del museo, Eva Ayala Canseco, señaló que una primera opción que se estudió —antes del cierre temporal del espacio—, fue instalar un altar fotográfico al aire libre, a fin de evitar aglomeraciones dentro del edificio.

Tras el cierre, desde los perfiles en las redes sociales de Facebook/MuseoDeElCarmen, Twitter @museodeelcarmen e Instagram @museodeelcarmen se inició una estrategia de difusión de infografías, cápsulas de video y fotografías de los altares colocados en años previos.

Cada una de estas publicaciones explica el origen de la tradición tanto a nivel mundial como en el antiguo convento de frailes carmelitas de San Ángel, a la vez que detalla los elementos que integran el Altar de Dolores: desde la efigie mariana hasta el corazón atravesado por siete dagas, las aguas de sabores, las ‘lágrimas’ de vidrio azogado y los germinados de alfalfa o trigo, entre otros.

“Esta es la primera vez que no instalamos físicamente el altar, pero decidimos preservar virtualmente esta tradición ya conocida por nuestros visitantes, con el fin mantener activa nuestra oferta cultural”, expresó Ayala.

UN ALTAR PARA ALEGRAR A MARÍA

Colocado siete días antes del Viernes Santo y hasta el Jueves de Amapolas —ya durante la semana de Pascua—, el Altar de Dolores tiene el objetivo de alegrar y distraer a la Virgen María del dolor que le causa la Pasión y la muerte de su hijo en la cruz.

Para ello, se ponen objetos como toronjas con pequeñas banderas multicolores, hechas con papel, o bien las citadas ‘lágrimas’ de vidrio azogado, para representar el llanto de la Dolorosa y multiplicar la luz de las velas del altar.

Incluso, detalló Daniela Alcalá, jefa de Difusión del Museo de El Carmen, se sabe que durante el siglo XIX —cuando la celebración tuvo su mayor auge—, la gente llamaba popularmente ‘incendio’ al altar mariano, en función del efecto que las gotas producían al replicar la luz de los cirios.

Cada Viernes de Dolores, los pobladores de San Ángel se reunían para peregrinar por cada una de las casas en donde previamente se había montado un altar. Así, llamaban a la puerta tanto de chozas como de grandes mansiones, usando un peculiar santo y seña:

Posteriormente, se les invitaba a pasar y a rezar un rosario, luego del cual el anfitrión les ofrecía aguas cuyos sabores representaban un mensaje específico de la Pasión de Cristo: Jamaica, la sangre de Cristo; limón con chía, la Resurrección; tamarindo y naranja, la amargura de María, y horchata como símbolo de la pureza de la Virgen.

Transcurridos siete días, ya durante el Viernes Santo, la gente del pueblo se congregaba en el templo de El Carmen, de donde salía la imagen de la Virgen Dolorosa en procesión silenciosa, y en cuyo atrio un fraile leía por último un sermón preparado para la ocasión.

ORIGEN

La tradición del Altar de Dolores llegó a la Nueva España con los misioneros franciscanos, quienes mostraron a los indígenas una Virgen Dolorosa que, al igual que ellos, padecía y lloraba.

Su adopción cultural fue rápida y ya para el siglo XVII, en sitios como los antiguos pueblos de San Ángel, Tizapán, Tlacopac y Chimalistac, al sur de la capital virreinal, la colocación del altar y los honores rendidos a la madre de Jesús, eran no solo motivos de reflexión y penitencia, sino también de reunión y verbena popular.

  • *Con información de la Secretaría de Cultura

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La Secretaría de Cultura, a través de recintos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como el Museo de El Carmen, mantendrán viva la tradición del Altar de Dolores, el cual se instala siete días antes del Viernes Santo, como una oportunidad de difundir entre el público atisbos de la vida cotidiana en el virreinato, así como de la iconografía subyacente en dichas ofrendas.

Este año, el recinto sanangelino, el cual permanece cerrado en el marco de la Jornada Nacional de Sana Distancia y como medida para prevenir el contagio de COVID-19, ha optado por recrear esta manifestación patrimonial de forma virtual, a través de sus redes sociales, y dar continuidad a esta tradición, en el marco de la campaña “Contigo en la distancia”.

La historiadora del arte y directora del museo, Eva Ayala Canseco, señaló que una primera opción que se estudió —antes del cierre temporal del espacio—, fue instalar un altar fotográfico al aire libre, a fin de evitar aglomeraciones dentro del edificio.

Tras el cierre, desde los perfiles en las redes sociales de Facebook/MuseoDeElCarmen, Twitter @museodeelcarmen e Instagram @museodeelcarmen se inició una estrategia de difusión de infografías, cápsulas de video y fotografías de los altares colocados en años previos.

Cada una de estas publicaciones explica el origen de la tradición tanto a nivel mundial como en el antiguo convento de frailes carmelitas de San Ángel, a la vez que detalla los elementos que integran el Altar de Dolores: desde la efigie mariana hasta el corazón atravesado por siete dagas, las aguas de sabores, las ‘lágrimas’ de vidrio azogado y los germinados de alfalfa o trigo, entre otros.

“Esta es la primera vez que no instalamos físicamente el altar, pero decidimos preservar virtualmente esta tradición ya conocida por nuestros visitantes, con el fin mantener activa nuestra oferta cultural”, expresó Ayala.

UN ALTAR PARA ALEGRAR A MARÍA

Colocado siete días antes del Viernes Santo y hasta el Jueves de Amapolas —ya durante la semana de Pascua—, el Altar de Dolores tiene el objetivo de alegrar y distraer a la Virgen María del dolor que le causa la Pasión y la muerte de su hijo en la cruz.

Para ello, se ponen objetos como toronjas con pequeñas banderas multicolores, hechas con papel, o bien las citadas ‘lágrimas’ de vidrio azogado, para representar el llanto de la Dolorosa y multiplicar la luz de las velas del altar.

Incluso, detalló Daniela Alcalá, jefa de Difusión del Museo de El Carmen, se sabe que durante el siglo XIX —cuando la celebración tuvo su mayor auge—, la gente llamaba popularmente ‘incendio’ al altar mariano, en función del efecto que las gotas producían al replicar la luz de los cirios.

Cada Viernes de Dolores, los pobladores de San Ángel se reunían para peregrinar por cada una de las casas en donde previamente se había montado un altar. Así, llamaban a la puerta tanto de chozas como de grandes mansiones, usando un peculiar santo y seña:

Posteriormente, se les invitaba a pasar y a rezar un rosario, luego del cual el anfitrión les ofrecía aguas cuyos sabores representaban un mensaje específico de la Pasión de Cristo: Jamaica, la sangre de Cristo; limón con chía, la Resurrección; tamarindo y naranja, la amargura de María, y horchata como símbolo de la pureza de la Virgen.

Transcurridos siete días, ya durante el Viernes Santo, la gente del pueblo se congregaba en el templo de El Carmen, de donde salía la imagen de la Virgen Dolorosa en procesión silenciosa, y en cuyo atrio un fraile leía por último un sermón preparado para la ocasión.

ORIGEN

La tradición del Altar de Dolores llegó a la Nueva España con los misioneros franciscanos, quienes mostraron a los indígenas una Virgen Dolorosa que, al igual que ellos, padecía y lloraba.

Su adopción cultural fue rápida y ya para el siglo XVII, en sitios como los antiguos pueblos de San Ángel, Tizapán, Tlacopac y Chimalistac, al sur de la capital virreinal, la colocación del altar y los honores rendidos a la madre de Jesús, eran no solo motivos de reflexión y penitencia, sino también de reunión y verbena popular.

  • *Con información de la Secretaría de Cultura

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