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Crónica | El adiós a la era de la ira… sello personal de Mena

  • Sergio E. DÍAZ
  • en Local

En el ritual sexenal, Marco Antonio Mena Rodríguez estableció abiertamente lo que en los próximos cuatro años y ocho meses será su sello personal.

Sutil, marcó distancia no de Mariano González Zarur, su antecesor, sino de su estilo de gobernar: el de los gritos, las humillaciones públicas y privadas, los enfrentamientos y las confrontaciones.

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Y cómo no, si siendo secretario de Turismo vivió, sufrió y padeció en carne propia los arranques de ira de González, el mismo que fuera de control ofendía a secretarios y encolerizado porque las cosas no salían como quería, arrojaba al piso lentes o celulares para que fueran ‘levantados’ por los funcionarios regañados. Nadie en el gabinete se salvó.

No más ofensas y agresiones que generen odios, prometió Mena al asumir la gubernatura de Tlaxcala.

Solo que la ‘sana distancia’ marcada por Mena no gustó a González quien, incluso, serio, muy serio, optó por no aplaudir esa parte del discurso cuando, ante un abarrotado Centro de Convenciones convertido en recinto oficial del Poder Legislativo, el nuevo Gobernador soltó: “Hemos peleado mucho entre nosotros durante las últimas décadas. Ustedes lo saben bien. Nos hemos hecho mucho daño por pugnas y agendas de grupos políticos sin foco en la generalidad de la gente”.

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La era de la ira llegó a su fin porque el propio Mena aceptó ante cientos de personas y un serio González, que “el resultado (de esos pleitos) ha sido una fuerte fragmentación social que ha alimentado conflictos políticos y fricciones innecesarias que no dejaron nada bueno, incluso dejaron odios”.

 La película de cada seis años

Como no hay plazo que no se cumpla, ayer Tlaxcala vivió el ritual sexenal, el del que llega y del que se va aunque, a veces, no quiere irse.

Pero ayer, tras 450 palabras de elogio al que por fin se fue, inició la era Mena, la que busca pasar de la gobernabilidad típica a una ‘gobernanza moderna’.

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Pero el ritual del sexenio, no solo fue el día de Marco Antonio Mena Rodríguez.

También fue de los abrazos y buenos deseos por el inicio del año 2017.

De gritos y porras de miles de burócratas para hacerse presentes ante al nuevo ‘mandamás’ de Tlaxcala.

Del tradicional ‘besamanos’ que tanto gusta a los políticos.

De los ‘brothers’ que se abrazan, saludan y chocan el puño como muestra de una fraternidad que no existe.

De los grandes ausentes: Héctor Ortiz Ortiz, diputado local del Partido Alianza Ciudadana y la exgobernadora Beatriz Paredes Rangel.

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De las señoras que ‘sacaron’ del closet sus mejores ‘trapos’ que lucieron con extravagantes peinados y zapatillas abiertas de tacones altos.

De los hombres que vistieron su mejor traje y peinado con brillantina y moco de gorila.

De decenas de personas que, aun padeciendo la gran resaca de los excesos de la cena de fin de año, no dejaron de aplaudir al nuevo gobernador.

De exdiputados, exalcaldes y exfuncionarios que no dejaron de vitorear a Mena con la idea de ser considerados en la nómina de la nueva administración.

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Llegó caminando y seis años después salió caminando

 En el ritual del cambio de Gobierno, también fue el día de los ‘selfies’ con el nuevo mandatario y sus invitados.

De ‘adrianistas’ y ‘lorenistas’ que, de la noche a la mañana, se volvieron ‘menistas’.

De las caras tristes de quienes se les acabó el puesto y no serán ratificados.

De las ganas de González Zarur por volver a llorar en público.

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De los ansiosos que el 31 de diciembre no se despegaron del teléfono, no para esperar mensajes de buenos deseos, sino para ser llamados a ser miembros del gabinete ampliado.

Así, en ese ritual, Mena estableció no solo en el discurso de toma de protesta, cuál será el sello de su gobierno, sino que, en su primera entrevista como titular del Ejecutivo estatal, por si hubiera dudas, ante una nube de reporteros, remarcó que “yo no le apuesto a los ataques que solo llevan al retroceso”.

La era de la ira llegó a su fin como también esa loca obsesión del exgobernador de no quererse bajar del helicóptero y que, en un exceso, hasta usaba para para viajar de Zacatelco a Tlaxcala.

Hace seis años, al llegar al Centro de Convenciones, González Zarur presumió eufórico: “llegué caminando y no en helicóptero”, esto porque su antecesor Héctor Ortiz Ortiz lo usaba para sus asuntos personales.

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Y ayer, cuando empezó la era de Mena, González, como hace seis años llegó a su toma de protesta, se retiró caminando, abordó una camioneta y se dirigió a una comilona que organizó para él y a la que Mena no quiso llegar.

Ahora Marco Mena es el ‘mandamás’, no el subordinado como en alguna entrevista González se refirió a él recién había ganado la elección.

Ayer, en el ritual del sexenio, el nuevo Ejecutivo demostró quién ahora tiene la voz cantante, precisamente cuando a todos los exgobernadores nombró con el don por delante, calificativo que González Zarur aspiraba a recibir cuando terminara su gobierno. Ni Mena quiso, por ahora, endosárselo.

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