/ lunes 15 de abril de 2019

Abandona familia a mujeres reclusas

Existen 44 encarceladas en el Anexo Femenil de Apizaco; algunas estudian y trabajan

En su mayoría madres, tras muros anchos y fríos viven 44 mujeres en el Anexo Femenil del Centro de Reinserción Social (Cereso) de Apizaco, donde día con día su mirada se esfuma a través de los barrotes de sus celdas.

Ahí, la mayoría ya fue juzgada por delitos como trata de personas, homicidio, secuestro y robo y pasan los días abandonadas en dormitorios pequeños, con piso rústico y sin lujos.

En su encierro, un gran porcentaje trabaja para mantener a sus hijos que viven afuera, aunque ellos ya las hayan “enterrado” en vida.

Lo anterior, debido a que de las 44 solo 15 reciben visita de su familia en jueves y domingo y siete de ellas tienen visita conyugal.

Las que tienen más lustros en el reclusorio han perdido parte de su vista y otras la siguen deteriorando en los talleres de costura.

En el penal, 24 de ellas fueron sentenciadas a 10, 20, 30 y 55 años de cárcel, respectivamente.

Sin embargo, 20 de ellas están ubicadas en el Área de Procesados, a la espera de una sentencia.

Recientemente, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que ordenará una revisión de caso por caso existente en todos los penales del país, pues se sabe que muchas presas son inocentes.

EL INGRESO AL PENAL

El Sol de Tlaxcala accedió a este penal regional para conocer la forma en que viven las reclusas.

Después de cumplir los protocolos para no violar los derechos de las internas, en el recorrido acompañaron al representante de esta Editora Rogelio Hernández Chamorro y Jenry Osorno Meneses, jefe y fotógrafo del Departamento de Imagen de la Comisión Estatal de Seguridad, respectivamente.

Al ingresar, la revisión a cargo de los custodios es minuciosa, pues está prohibido ingresar llaves, teléfonos o artefactos que representen un peligro.

Un custodio revisa “con lupa” las pertenencias de los visitantes, hasta los dobladillos de los pantalones; al final solo permiten el acceso de grabadoras y equipos fotográficos.

Son cuatro accesos con rejas de alta seguridad los que necesariamente se deben cruzar para ingresar al reclusorio.

Todas las áreas están fuertemente aseguradas con candados.

La barda perimetral tiene siete metros de altura, con un dispositivo de seguridad a base de púas con energía eléctrica; no hay forma alguna de escapar.

El penal está construido en unos tres mil 500 metros cuadrados y está dividido en cuatro edificios: procesadas, sentenciadas, talleres y oficinas.

En el área de sentenciadas, el lente de este Diario es evadido por las reclusas.

Ellas disponen de 10 metros cuadrados para hacer sus actividades y asear su ropa detrás de una puerta fuertemente asegurada.

Si bien no tienen hacinamiento, cada dormitorio es ocupado por seis reclusas, auqnue el cupo límite es para 73.

Cuando una de ellas quiere hablar por teléfono con su familia, siempre es custodiada hasta las casetas.

Aquí, hay una mujer privada de su libertad -de 40 años- originaria de Tlaxcala, quien cumple una pena de 55, pues dice que un Juez le cuadró el delito de trata de personas, aunque asegura ser inocente.

También existen siete casos a quienes por buen comportamiento las autoridades les han adecuado la pena con 10 o 15 años menos y están por dejar el reclusorio.

HAGAMOS DE LOS TIEMPOS MALOS, TIEMPOS BUENOS: AGUILAR

Yanet Aguilar Flores, coordinadora del Anexo Femenil, afirma que al interior del penal cada 24 horas hacemos de los tiempos malos, tiempos buenos.

Con ocho años de experiencia en sistemas penitenciarios, la funcionaria conoce perfectamente su trabajo.

En entrevista, reveló que a diferencia de los hombres, la mujer es abandonada en reclusión, hecho que se consuma después de la sentencia.

El primero que abandona a la mujer es su pareja; luego los hijos y hasta la madre, después que ha gastado dinero en busca de su libertad, relató.

Ya que difícilmente se da la reincidencia en Tlaxcala -enfrentan delitos graves-, defiende que desde la cárcel, con estudio, capacitación y trabajo, la mayoría de ellas tiene otra oportunidad de vida.

Del total de reclusas, dijo que 22 prefieren dedicar el mayor tiempo a la maquila de pantalones y camisolas industriales en dos talleres de costura, donde obtienen ingresos que van de los 700 hasta los mil 200 pesos por semana.

Asimismo, destacó que el gobierno estatal invierte para que los penales se ubiquen entre los mejores del país, aunque admitió que es muy costoso mantener a una interna.

Inclusive, anunció que en cuatro años deberán cumplir con lo instruido por la Asociación de Corrección de América y obtener la certificación.

Aguilar Flores mostró los trabajos de rehabilitación en el anexo donde incluyen todas las áreas técnicas, así como un espacio para cuneros de los bebés que nazcan al interior.

Explicó que 30 empleados (un 50 % mujeres) trabajan para que las presidiarias sean atendidas en las áreas como enfermería, medicina, odontología, psicología y pedagogía.

Resaltó que derivado de la reforma al párrafo segundo del artículo 18 de la Constitución, se trabaja bajo cinco ejes de reinserción social para que no vuelvan a delinquir.

Eso sí, aclaró que lo principal es el respeto a los derechos humanos, salud, educación, capacitación y deporte, por lo que a cada interna se le adecúa un plan de actividades de acuerdo a sus perfiles de ingreso.

Recalcó que hay mujeres que llegan sin saber leer ni escribir, por lo que se les alfabetiza en primaria, secundaria y/o preparatoria.

Citó que actualmente cinco están inscritas en alfabetización, ocho en secundaria y 10 en bachillerato.

Además, afirmó que reciben cursos del Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Tlaxcala, el más reciente con la certificación de 13 personas en estilismo y 10 que están ocupadas en otro curso.

El dinero que ganan sirve para alimentar a sus hijos porque la mayoría es madre y se quedan con sus progenitoras, explicó.

Comentó que el comedor del penal será certificado con el Distintivo “H”.

También detalló que sirven los tres tiempos, tres veces al día: sopa de pasta, arroz y guisado de carne, dietas avaladas por nutriólogos y que la ACA verifica.

Rememoró que en 2011 los hijos de las reclusas, una vez que nacían en el hospital, vivían en prisión hasta los seis años, pero ahora se redujo a tres.

Finalmente, sintetizó que de 2011 a 2019 se han presentado cinco casos de mujeres que vivieron en prisión con sus hijos, pero actualmente no tienen a ninguna en este supuesto, aunque se preparan para esos momentos.

Desde 2017 los Ceresos de Tlaxcala ocupan el octavo lugar a nivel nacional en mejores condiciones, no hay hacinamiento, sobrepoblación ni autogobierno

Yaneth Aguilar / Coordinadora del Anexo Femenil

RECLUSAS POR AÑO

  • En 2011: 56
  • En 2014: 96 (sobrecupo)
  • En 2017: 50
  • En 2019: 44

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Ahí, la mayoría ya fue juzgada por delitos como trata de personas, homicidio, secuestro y robo y pasan los días abandonadas en dormitorios pequeños, con piso rústico y sin lujos.

En su encierro, un gran porcentaje trabaja para mantener a sus hijos que viven afuera, aunque ellos ya las hayan “enterrado” en vida.

Lo anterior, debido a que de las 44 solo 15 reciben visita de su familia en jueves y domingo y siete de ellas tienen visita conyugal.

Las que tienen más lustros en el reclusorio han perdido parte de su vista y otras la siguen deteriorando en los talleres de costura.

En el penal, 24 de ellas fueron sentenciadas a 10, 20, 30 y 55 años de cárcel, respectivamente.

Sin embargo, 20 de ellas están ubicadas en el Área de Procesados, a la espera de una sentencia.

Recientemente, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que ordenará una revisión de caso por caso existente en todos los penales del país, pues se sabe que muchas presas son inocentes.

EL INGRESO AL PENAL

El Sol de Tlaxcala accedió a este penal regional para conocer la forma en que viven las reclusas.

Después de cumplir los protocolos para no violar los derechos de las internas, en el recorrido acompañaron al representante de esta Editora Rogelio Hernández Chamorro y Jenry Osorno Meneses, jefe y fotógrafo del Departamento de Imagen de la Comisión Estatal de Seguridad, respectivamente.

Al ingresar, la revisión a cargo de los custodios es minuciosa, pues está prohibido ingresar llaves, teléfonos o artefactos que representen un peligro.

Un custodio revisa “con lupa” las pertenencias de los visitantes, hasta los dobladillos de los pantalones; al final solo permiten el acceso de grabadoras y equipos fotográficos.

Son cuatro accesos con rejas de alta seguridad los que necesariamente se deben cruzar para ingresar al reclusorio.

Todas las áreas están fuertemente aseguradas con candados.

La barda perimetral tiene siete metros de altura, con un dispositivo de seguridad a base de púas con energía eléctrica; no hay forma alguna de escapar.

El penal está construido en unos tres mil 500 metros cuadrados y está dividido en cuatro edificios: procesadas, sentenciadas, talleres y oficinas.

En el área de sentenciadas, el lente de este Diario es evadido por las reclusas.

Ellas disponen de 10 metros cuadrados para hacer sus actividades y asear su ropa detrás de una puerta fuertemente asegurada.

Si bien no tienen hacinamiento, cada dormitorio es ocupado por seis reclusas, auqnue el cupo límite es para 73.

Cuando una de ellas quiere hablar por teléfono con su familia, siempre es custodiada hasta las casetas.

Aquí, hay una mujer privada de su libertad -de 40 años- originaria de Tlaxcala, quien cumple una pena de 55, pues dice que un Juez le cuadró el delito de trata de personas, aunque asegura ser inocente.

También existen siete casos a quienes por buen comportamiento las autoridades les han adecuado la pena con 10 o 15 años menos y están por dejar el reclusorio.

HAGAMOS DE LOS TIEMPOS MALOS, TIEMPOS BUENOS: AGUILAR

Yanet Aguilar Flores, coordinadora del Anexo Femenil, afirma que al interior del penal cada 24 horas hacemos de los tiempos malos, tiempos buenos.

Con ocho años de experiencia en sistemas penitenciarios, la funcionaria conoce perfectamente su trabajo.

En entrevista, reveló que a diferencia de los hombres, la mujer es abandonada en reclusión, hecho que se consuma después de la sentencia.

El primero que abandona a la mujer es su pareja; luego los hijos y hasta la madre, después que ha gastado dinero en busca de su libertad, relató.

Ya que difícilmente se da la reincidencia en Tlaxcala -enfrentan delitos graves-, defiende que desde la cárcel, con estudio, capacitación y trabajo, la mayoría de ellas tiene otra oportunidad de vida.

Del total de reclusas, dijo que 22 prefieren dedicar el mayor tiempo a la maquila de pantalones y camisolas industriales en dos talleres de costura, donde obtienen ingresos que van de los 700 hasta los mil 200 pesos por semana.

Asimismo, destacó que el gobierno estatal invierte para que los penales se ubiquen entre los mejores del país, aunque admitió que es muy costoso mantener a una interna.

Inclusive, anunció que en cuatro años deberán cumplir con lo instruido por la Asociación de Corrección de América y obtener la certificación.

Aguilar Flores mostró los trabajos de rehabilitación en el anexo donde incluyen todas las áreas técnicas, así como un espacio para cuneros de los bebés que nazcan al interior.

Explicó que 30 empleados (un 50 % mujeres) trabajan para que las presidiarias sean atendidas en las áreas como enfermería, medicina, odontología, psicología y pedagogía.

Resaltó que derivado de la reforma al párrafo segundo del artículo 18 de la Constitución, se trabaja bajo cinco ejes de reinserción social para que no vuelvan a delinquir.

Eso sí, aclaró que lo principal es el respeto a los derechos humanos, salud, educación, capacitación y deporte, por lo que a cada interna se le adecúa un plan de actividades de acuerdo a sus perfiles de ingreso.

Recalcó que hay mujeres que llegan sin saber leer ni escribir, por lo que se les alfabetiza en primaria, secundaria y/o preparatoria.

Citó que actualmente cinco están inscritas en alfabetización, ocho en secundaria y 10 en bachillerato.

Además, afirmó que reciben cursos del Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Tlaxcala, el más reciente con la certificación de 13 personas en estilismo y 10 que están ocupadas en otro curso.

El dinero que ganan sirve para alimentar a sus hijos porque la mayoría es madre y se quedan con sus progenitoras, explicó.

Comentó que el comedor del penal será certificado con el Distintivo “H”.

También detalló que sirven los tres tiempos, tres veces al día: sopa de pasta, arroz y guisado de carne, dietas avaladas por nutriólogos y que la ACA verifica.

Rememoró que en 2011 los hijos de las reclusas, una vez que nacían en el hospital, vivían en prisión hasta los seis años, pero ahora se redujo a tres.

Finalmente, sintetizó que de 2011 a 2019 se han presentado cinco casos de mujeres que vivieron en prisión con sus hijos, pero actualmente no tienen a ninguna en este supuesto, aunque se preparan para esos momentos.

Desde 2017 los Ceresos de Tlaxcala ocupan el octavo lugar a nivel nacional en mejores condiciones, no hay hacinamiento, sobrepoblación ni autogobierno

Yaneth Aguilar / Coordinadora del Anexo Femenil

RECLUSAS POR AÑO

  • En 2011: 56
  • En 2014: 96 (sobrecupo)
  • En 2017: 50
  • En 2019: 44

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