/ martes 21 de marzo de 2023

En San José Teacalco la gente disfrutó tamaliza

“San José ya intercedió ante Dios, por la madrugada nos trajo la lluvia”, dice el mayordomo Pablo Sanluis

Mayordomos de San José Teacalco (a quienes llaman tletopiles), regalaron 100 gruesas de salva que fueron quemadas en honor al santo patrón San José.

 

 

Como parte de esta celebración, los asistentes a la Feria del Maíz disfrutaron sin costo alguno de una tamaliza y tlacoyos.

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La peregrinación del santo patrono -esposo de la Virgen María- comenzó a la medianoche del domingo 19 de marzo, los coheteros quemaron los primeros 12 mil 500 cohetes aéreos, es decir, 50 gruesas.

Durante la noche, la imagen religiosa recorrió terrenos agrícolas dedicados a cultivos de maíz y durazno; las fachadas de las casas estaban adornadas con globos de color verde y amarillo.

A las siete de la mañana, ante un templo lleno el párroco Virgilo Morales Sánchez celebró la homilía dominical en la que pidió a los asistentes hacer a un lado la soberbia. “Son tiempos de guardar y de ayunar, de dejar de lado la soberbia que es causante de la desunión matrimonial”, subrayó en el cuarto domingo de cuaresma.

Más detalles: ➡️ En Teacalco, celebran a San José por ser el padre adoptivo de Jesús

En la normalidad que dejó la pandemia del Covid-19, no hubo saludo físico a cambio, sólo un signo fraternal en señal de reverencia. Un 50% de los asistentes a la iglesia, incluido el párroco, portó cubrebocas, y la ostia fue entregada en las manos de quienes comulgaron.

El pueblo, asentado en el cerro Cuatlapanga -en las faldas de la montaña Malinche- está lleno de fe: con acciones de trabajo y previo a la festividad, lo demuestra. Desde la noche anterior, hombres y mujeres prepararon la visita del santo. A las 10:00 horas, sobre la calle Benito Juárez 170 coheteros -en una acción temeraria- permanecieron formados con sus cargas de pólvora, unas 50 gruesas de explosivos.

Sobre la calle Ignacio Allende, con flores de nube, las mujeres hicieron doble fila para recibir la peregrinación proveniente del templo; los cuatro caminos estaban atiborrados de gente. “San José ya intercedió ante Dios, por la madrugada nos trajo la lluvia, le ofrendamos la salva de cohetes que está bien resguardada y música de banda”, expresó el mayordomo Pablo Sanluis Guarneros.

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Aclaró que esta festividad fue mayor que la edición pasada pues cada uno de los 170 cooperantes, prepararon mil tamales para obsequiarlos a la gente.

REGALAN MÁS DE 150 MIL TAMALES

Catalina Corona Padilla y sus hijos no durmieron la víspera de la fiesta, ella fue la encargada de darle la sazón a cinco mil tamales.

Lee más: ➡️ Elegancia con levita en baile de Teacalco

Comentó que su familia venera a San José desde que tiene uso de razón. “Cada año tamalitos, atole, música y su salva de cohetes, hay para todos los visitantes”, puntualizó.

Y efectivamente, como ella, otras 169 mujeres prepararon más de 150 mil tamales en lo que se considera la tamaliza más grande de Tlaxcala.

En la fiesta de San José, cada mayordomo aportó entre cuatro y siete mil pesos para el pago de pirotecnia, música de banda, tamales y flores. Los instrumentos prehispánicos del teponaxtle y la chirimía se escucharon entre el ruido de cohetes aéreos. Las festividades culminaron con saldo blanco.


 

 

Mayordomos de San José Teacalco (a quienes llaman tletopiles), regalaron 100 gruesas de salva que fueron quemadas en honor al santo patrón San José.

 

 

Como parte de esta celebración, los asistentes a la Feria del Maíz disfrutaron sin costo alguno de una tamaliza y tlacoyos.

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La peregrinación del santo patrono -esposo de la Virgen María- comenzó a la medianoche del domingo 19 de marzo, los coheteros quemaron los primeros 12 mil 500 cohetes aéreos, es decir, 50 gruesas.

Durante la noche, la imagen religiosa recorrió terrenos agrícolas dedicados a cultivos de maíz y durazno; las fachadas de las casas estaban adornadas con globos de color verde y amarillo.

A las siete de la mañana, ante un templo lleno el párroco Virgilo Morales Sánchez celebró la homilía dominical en la que pidió a los asistentes hacer a un lado la soberbia. “Son tiempos de guardar y de ayunar, de dejar de lado la soberbia que es causante de la desunión matrimonial”, subrayó en el cuarto domingo de cuaresma.

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En la normalidad que dejó la pandemia del Covid-19, no hubo saludo físico a cambio, sólo un signo fraternal en señal de reverencia. Un 50% de los asistentes a la iglesia, incluido el párroco, portó cubrebocas, y la ostia fue entregada en las manos de quienes comulgaron.

El pueblo, asentado en el cerro Cuatlapanga -en las faldas de la montaña Malinche- está lleno de fe: con acciones de trabajo y previo a la festividad, lo demuestra. Desde la noche anterior, hombres y mujeres prepararon la visita del santo. A las 10:00 horas, sobre la calle Benito Juárez 170 coheteros -en una acción temeraria- permanecieron formados con sus cargas de pólvora, unas 50 gruesas de explosivos.

Sobre la calle Ignacio Allende, con flores de nube, las mujeres hicieron doble fila para recibir la peregrinación proveniente del templo; los cuatro caminos estaban atiborrados de gente. “San José ya intercedió ante Dios, por la madrugada nos trajo la lluvia, le ofrendamos la salva de cohetes que está bien resguardada y música de banda”, expresó el mayordomo Pablo Sanluis Guarneros.

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Aclaró que esta festividad fue mayor que la edición pasada pues cada uno de los 170 cooperantes, prepararon mil tamales para obsequiarlos a la gente.

REGALAN MÁS DE 150 MIL TAMALES

Catalina Corona Padilla y sus hijos no durmieron la víspera de la fiesta, ella fue la encargada de darle la sazón a cinco mil tamales.

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Comentó que su familia venera a San José desde que tiene uso de razón. “Cada año tamalitos, atole, música y su salva de cohetes, hay para todos los visitantes”, puntualizó.

Y efectivamente, como ella, otras 169 mujeres prepararon más de 150 mil tamales en lo que se considera la tamaliza más grande de Tlaxcala.

En la fiesta de San José, cada mayordomo aportó entre cuatro y siete mil pesos para el pago de pirotecnia, música de banda, tamales y flores. Los instrumentos prehispánicos del teponaxtle y la chirimía se escucharon entre el ruido de cohetes aéreos. Las festividades culminaron con saldo blanco.


 

 

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