/ miércoles 28 de abril de 2021

“No soy delincuente”: migrante hondureño

Giovanni Solórzano explica que de 80 a 250 pesos ganaba en la producción de café en su país natal

“No soy delincuente”, emigro por una mejor oportunidad de vida, pues en Honduras no hay trabajo y deseo ofrecerle un mejor futuro a mi familia; sin importar los riesgos llegaré a los Estados Unidos de América”, dijo Giovanni Solórzano, migrante refugiado en el albergue la “Sagrada Familia”, ubicado en Apizaco, Tlaxcala.

Concedió una entrevista a El Sol de Tlaxcala, donde admitió que en Honduras, su país de origen, existen inequidades marcadas, sobre todo entre la población que vive en las zonas rurales, pues hay evidentes limitaciones de cobertura y calidad de los servicios sociales, como agua potable, luz, drenaje, alumbrado público y telefonía fija.

¡No soy delincuente!, grita Giovanni Solórzano/ Jesús Zempoalteca | El Sol de Tlaxcala

Él es originario del Departamento de El Paraíso, de la Republica de Honduras, tiene 35 años y cuenta con un solo apellido, ya que su padre no quiso reconocerlo como hijo, su madre, lo crío a lado de otros siete hermanos.

Por el número de hijo, la mujer no alcanzó a ofrecerle educación básica así que, a la fecha, Giovanni sabe leer y escribir, pero con graves dificultades, de ahí que en su natal provincia, se dedicó a cultivar café.

Llevo más de 20 años sembrando café, pero solo me salía para comer, pues la lata de tres libras me la pagaban en 250 lempiras y cuando iba a ayudar a alguien al campo, me pagaban 100 lempiras, no alcanza para nada, subrayó.

En la tasa de cambio, -para tener idea de cuánto vale un lempira- un dólar equivale a 24.12 lempiras, ósea que en el campo, ganaba apenas cuatro dólares, la jornada de ocho horas, más o menos 80 pesos mexicanos.

Mientras que la lata de café equivale a diez dólares, lo mismo que 200 pesos en México, lo cual resultaba insuficiente para mantener a su esposa y tres hijos, uno de 11, otro de siete y el tercero de dos años.

LO ANIMAN SUS PRIMOS

Contó que de sus siete hermanos ninguno se ha atrevido a cruzar la frontera, por el miedo que tienen de ser asaltados, obligados a integrarse a la delincuencia organizada o a morir en el intento, al abordar “la bestia”.

Sin embargo, puntualizó que sus primos salieron de El Paraíso, para irse a EE. UU. y han progresado, así que lo animaron a irse, ahorró y salió solo. Se cargó un morral con cobijas, cinco mil lempiras y miles de esperanzas en sus hombros.

¿Usted no sintió miedo al salir de su hogar? “Pues sí, pero la pobreza en Honduras es mucha, no hay empleo y el gobierno solo ve por sus intereses, su propia comodidad, no hay muchas oportunidades”.

¿Cuánto tiempo lleva viajando? “Desde hace 20 días, pero no he avanzado mucho porque el dinero no me alcanzó y tuve que pedir en la calle”.

¿Cómo lo han tratado los mexicanos? “Algunos bien y otros de manera indiferente, no me agreden, pero tampoco me apoyan, a diferencia de este lugar (albergue) que es muy caritativo”.

¿Cómo se enteró de este sitio? “Un señor en la calle me dijo que por aquí estaba y vine para descansar, porque uno no se puede quedar dormido arriba del tren”.

¿Qué opina del albergue? “Excelente, muy bien, es un oasis en medio del desierto, aquí te dan de comer tres veces al día, te prestan un lugar para descansar y agua para bañarse, hasta ropa, todo sin pedir nada a cambio”.

¿Cuánto tiempo estará aquí? “Llevo una noche, estaré solo un día, no quiero retrasar mi viaje”.

¿A dónde pretende llegar? “Quiero ir a Phoenix, a reunirme con mis primos, pero como no me va alcanzar el dinero, pienso estar un tiempito en Monterrey, dicen que ahí hay mucho trabajo y después cruzar la frontera”.

¿Por qué medio ha viajado, que ruta? “Solo por el tren”. ¿Cuál es su mayor temor al cruzar México? “Dicen que hay delincuencia, pero gracias a Dios a mí no me tocó; lo único es que estoy temeroso que me agarre migración y me regrese, todo mi esfuerzo no serviría de nada”.

¿Que hará cuando gane en dólares? “Voy a mandar dinero a mi familia para hacer una casita digna y después si se puede y Dios permite, poner un negocito”.

Gobiernos pretenden pulverizar migración

Las autoridades de los tres niveles de gobierno pretenden pulverizar la movilidad humana con políticas de criminalización, odio y persecución a los migrantes, donde las policías municipales juegan un papel principal en términos de violaciones a los derechos humanos, sostuvo Mónica Toledo González, investigadora de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Sostuvo que el fenómeno tiene que ver con desmotivar a los migrantes, propiciándoles terror y políticas de control más agresivas, lo cual tiene repercusiones importantes, pues tienen que buscar rutas mucho más clandestinas y de alto riesgo.

“No hemos encontrado narrativas que nos digan que no tienen miedo o terror, por la persecución que sufren por parte de las autoridades, el crimen organizado y por soportar hambre, frío y calor, así que estas condiciones las debemos poner en la mesa del análisis, para que sean atendidas por el gobierno, en coordinación con la sociedad civil”, soltó.

Entre los actores que ejecutan las prácticas del miedo, aseveró que son principalmente la policía municipal y los guardias privados, al servicio del tren, quienes vigilan la seguridad de “la bestia” a lo largo y ancho de Tlaxcala y de todo el país.

Aunado a esa problemática, precisó que las barreras de concreto, ubicadas a un lado de la vía del tren, justo arriba del albergue a “Sagrada Familia”, son ubicadas como “fronteras internas”, que tienen como principal objetivo lastimar a los indocumentados. Agregó que esa situación deriva del sistema capitalista, el cual permite una libre circulación de mercancías, pero no de personas, a pesar de que represente violaciones flagrantes a los derechos humanos.

“Lo que pretenden las autoridades es infundir el miedo de las personas hacia los migrantes, mediante discursos públicos, a pesar de que no hay datos que revelen que los migrantes realmente son criminales o tienen prácticas violentas”, insistió.

EL APUNTE

  • A partir de las caravanas migrantes de 2018, Toledo señaló que las políticas de seguridad fueron más severas, pues hubo un periodo de “romance” del nuevo gobierno de EE. UU., previo en el que se les permitirá ingresar, pero después se les empezó a perseguir.

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“No soy delincuente”, emigro por una mejor oportunidad de vida, pues en Honduras no hay trabajo y deseo ofrecerle un mejor futuro a mi familia; sin importar los riesgos llegaré a los Estados Unidos de América”, dijo Giovanni Solórzano, migrante refugiado en el albergue la “Sagrada Familia”, ubicado en Apizaco, Tlaxcala.

Concedió una entrevista a El Sol de Tlaxcala, donde admitió que en Honduras, su país de origen, existen inequidades marcadas, sobre todo entre la población que vive en las zonas rurales, pues hay evidentes limitaciones de cobertura y calidad de los servicios sociales, como agua potable, luz, drenaje, alumbrado público y telefonía fija.

¡No soy delincuente!, grita Giovanni Solórzano/ Jesús Zempoalteca | El Sol de Tlaxcala

Él es originario del Departamento de El Paraíso, de la Republica de Honduras, tiene 35 años y cuenta con un solo apellido, ya que su padre no quiso reconocerlo como hijo, su madre, lo crío a lado de otros siete hermanos.

Por el número de hijo, la mujer no alcanzó a ofrecerle educación básica así que, a la fecha, Giovanni sabe leer y escribir, pero con graves dificultades, de ahí que en su natal provincia, se dedicó a cultivar café.

Llevo más de 20 años sembrando café, pero solo me salía para comer, pues la lata de tres libras me la pagaban en 250 lempiras y cuando iba a ayudar a alguien al campo, me pagaban 100 lempiras, no alcanza para nada, subrayó.

En la tasa de cambio, -para tener idea de cuánto vale un lempira- un dólar equivale a 24.12 lempiras, ósea que en el campo, ganaba apenas cuatro dólares, la jornada de ocho horas, más o menos 80 pesos mexicanos.

Mientras que la lata de café equivale a diez dólares, lo mismo que 200 pesos en México, lo cual resultaba insuficiente para mantener a su esposa y tres hijos, uno de 11, otro de siete y el tercero de dos años.

LO ANIMAN SUS PRIMOS

Contó que de sus siete hermanos ninguno se ha atrevido a cruzar la frontera, por el miedo que tienen de ser asaltados, obligados a integrarse a la delincuencia organizada o a morir en el intento, al abordar “la bestia”.

Sin embargo, puntualizó que sus primos salieron de El Paraíso, para irse a EE. UU. y han progresado, así que lo animaron a irse, ahorró y salió solo. Se cargó un morral con cobijas, cinco mil lempiras y miles de esperanzas en sus hombros.

¿Usted no sintió miedo al salir de su hogar? “Pues sí, pero la pobreza en Honduras es mucha, no hay empleo y el gobierno solo ve por sus intereses, su propia comodidad, no hay muchas oportunidades”.

¿Cuánto tiempo lleva viajando? “Desde hace 20 días, pero no he avanzado mucho porque el dinero no me alcanzó y tuve que pedir en la calle”.

¿Cómo lo han tratado los mexicanos? “Algunos bien y otros de manera indiferente, no me agreden, pero tampoco me apoyan, a diferencia de este lugar (albergue) que es muy caritativo”.

¿Cómo se enteró de este sitio? “Un señor en la calle me dijo que por aquí estaba y vine para descansar, porque uno no se puede quedar dormido arriba del tren”.

¿Qué opina del albergue? “Excelente, muy bien, es un oasis en medio del desierto, aquí te dan de comer tres veces al día, te prestan un lugar para descansar y agua para bañarse, hasta ropa, todo sin pedir nada a cambio”.

¿Cuánto tiempo estará aquí? “Llevo una noche, estaré solo un día, no quiero retrasar mi viaje”.

¿A dónde pretende llegar? “Quiero ir a Phoenix, a reunirme con mis primos, pero como no me va alcanzar el dinero, pienso estar un tiempito en Monterrey, dicen que ahí hay mucho trabajo y después cruzar la frontera”.

¿Por qué medio ha viajado, que ruta? “Solo por el tren”. ¿Cuál es su mayor temor al cruzar México? “Dicen que hay delincuencia, pero gracias a Dios a mí no me tocó; lo único es que estoy temeroso que me agarre migración y me regrese, todo mi esfuerzo no serviría de nada”.

¿Que hará cuando gane en dólares? “Voy a mandar dinero a mi familia para hacer una casita digna y después si se puede y Dios permite, poner un negocito”.

Gobiernos pretenden pulverizar migración

Las autoridades de los tres niveles de gobierno pretenden pulverizar la movilidad humana con políticas de criminalización, odio y persecución a los migrantes, donde las policías municipales juegan un papel principal en términos de violaciones a los derechos humanos, sostuvo Mónica Toledo González, investigadora de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Sostuvo que el fenómeno tiene que ver con desmotivar a los migrantes, propiciándoles terror y políticas de control más agresivas, lo cual tiene repercusiones importantes, pues tienen que buscar rutas mucho más clandestinas y de alto riesgo.

“No hemos encontrado narrativas que nos digan que no tienen miedo o terror, por la persecución que sufren por parte de las autoridades, el crimen organizado y por soportar hambre, frío y calor, así que estas condiciones las debemos poner en la mesa del análisis, para que sean atendidas por el gobierno, en coordinación con la sociedad civil”, soltó.

Entre los actores que ejecutan las prácticas del miedo, aseveró que son principalmente la policía municipal y los guardias privados, al servicio del tren, quienes vigilan la seguridad de “la bestia” a lo largo y ancho de Tlaxcala y de todo el país.

Aunado a esa problemática, precisó que las barreras de concreto, ubicadas a un lado de la vía del tren, justo arriba del albergue a “Sagrada Familia”, son ubicadas como “fronteras internas”, que tienen como principal objetivo lastimar a los indocumentados. Agregó que esa situación deriva del sistema capitalista, el cual permite una libre circulación de mercancías, pero no de personas, a pesar de que represente violaciones flagrantes a los derechos humanos.

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