/ viernes 30 de octubre de 2020

Conoce el origen de los disfraces de Halloween

Antes de que se convirtiera en la fiesta familiar como la conocemos, el 31 de octubre estaba profundamente vinculado a fantasmas y supersticiones, relata historiadora

Halloween o Noche de Brujas es una popular fiesta que se celebra en diferentes partes del mundo. Mientras algunas personas decoran sus cosas y ofrecen dulces, otros buscan los mejores disfraces, regularmente inspirados en la cultura pop, para salir a las calles y hacer “maldades” durante su trayecto en la fría noche. Pero alguna vez te has preguntado ¿cómo y dónde surge esta práctica?

De acuerdo con Lesley Bannatyne, una autora que ha escrito extensamente sobre la historia de Halloween, los disfraces de la primera mitad del siglo XX eran realmente aterradores, los cuales se basaban en las raíces paganas y cristianas de la festividad, como una noche para alejar a los espíritus malignos o reconciliarse con la muerte. La gente a menudo optaba por disfraces más mórbidos y serios en comparación con los de hoy en día.

Foto: Cortesía | Pixabay

Antes de que se convirtiera en la fiesta familiar como la conocemos, el 31 de octubre estaba profundamente vinculado a fantasmas y supersticiones, dijo en una entrevista telefónica para la cadena CNN. “El uso de disfraces macabros, no inspirados en el horror como los de hoy, pero simplemente espantosos, era una parte esencial”, añade.

Su origen puede remontarse a más de 2.000 años, cuando los antiguos pueblos celtas (Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia) realizaban una gran ceremonia para conmemorar el final de la cosecha, cuya celebración ocurría a finales de octubre.

Dicha fiesta era llamada como Samhainn (palabra gélica), que significa “el final del verano”. Durante esta celebración se despedían de Lugh, dios del Sol y recibían el comienzo de la mitad “más oscura” del año, en las islas Británicas.

Se creía que, durante el festival, el mundo de los dioses se hacía visible para los humanos, lo que resultaba en travesuras sobrenaturales. Algunas personas ofrecían golosinas y comida a los dioses, mientras que otras usaban disfraces, como pieles y cabezas de animales, para que los espíritus que deambularan pudieran confundirlos con uno de ellos.

“Escondidos detrás de sus disfraces, los aldeanos a menudo se hacían bromas entre sí, pero culpaban a los espíritus», dijo Bannatyne. «Las máscaras y los encubrimientos llegaron a ser vistos como medios para salirse con la suya. Eso continuó a lo largo de la evolución de Halloween”, precisa Bannatyne.

Ya para el siglo XI, el cristianismo adoptó el 31 de octubre, con la finalidad de erradicar las celebraciones paganas, por lo que, se le dio el nombre de “Halloween” que deriva de “All Hallows Eve”, o el día antes del Día de Todos los Santos (1 de noviembre). Sin embargo, muchos de los aspectos folclóricos del original Samhain se incorporaron y transmitieron como los disfraces.

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De acuerdo con Lesley Bannatyne, una autora que ha escrito extensamente sobre la historia de Halloween, los disfraces de la primera mitad del siglo XX eran realmente aterradores, los cuales se basaban en las raíces paganas y cristianas de la festividad, como una noche para alejar a los espíritus malignos o reconciliarse con la muerte. La gente a menudo optaba por disfraces más mórbidos y serios en comparación con los de hoy en día.

Foto: Cortesía | Pixabay

Antes de que se convirtiera en la fiesta familiar como la conocemos, el 31 de octubre estaba profundamente vinculado a fantasmas y supersticiones, dijo en una entrevista telefónica para la cadena CNN. “El uso de disfraces macabros, no inspirados en el horror como los de hoy, pero simplemente espantosos, era una parte esencial”, añade.

Su origen puede remontarse a más de 2.000 años, cuando los antiguos pueblos celtas (Irlanda, Inglaterra, Escocia y Francia) realizaban una gran ceremonia para conmemorar el final de la cosecha, cuya celebración ocurría a finales de octubre.

Dicha fiesta era llamada como Samhainn (palabra gélica), que significa “el final del verano”. Durante esta celebración se despedían de Lugh, dios del Sol y recibían el comienzo de la mitad “más oscura” del año, en las islas Británicas.

Se creía que, durante el festival, el mundo de los dioses se hacía visible para los humanos, lo que resultaba en travesuras sobrenaturales. Algunas personas ofrecían golosinas y comida a los dioses, mientras que otras usaban disfraces, como pieles y cabezas de animales, para que los espíritus que deambularan pudieran confundirlos con uno de ellos.

“Escondidos detrás de sus disfraces, los aldeanos a menudo se hacían bromas entre sí, pero culpaban a los espíritus», dijo Bannatyne. «Las máscaras y los encubrimientos llegaron a ser vistos como medios para salirse con la suya. Eso continuó a lo largo de la evolución de Halloween”, precisa Bannatyne.

Ya para el siglo XI, el cristianismo adoptó el 31 de octubre, con la finalidad de erradicar las celebraciones paganas, por lo que, se le dio el nombre de “Halloween” que deriva de “All Hallows Eve”, o el día antes del Día de Todos los Santos (1 de noviembre). Sin embargo, muchos de los aspectos folclóricos del original Samhain se incorporaron y transmitieron como los disfraces.

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