/ domingo 16 de diciembre de 2018

Las Águilas frenaron a la Máquina y llegaron a 13 títulos  

América revivió los fantasmas celestes y se convirtió en el equipo más grande del país; 13 estrellas tienen ya los azulcremas en su escudo, el Rebaño quedó atrás

Ya nadie les hace sombra, América revivió los fantasmas celestes y se convirtió en el equipo más grande del país; 13 estrellas tienen ya los azulcremas en su escudo, el Rebaño quedó atrás.

La Máquina estuvo cerca de quitarse la cruz que cargan desde hace más de dos décadas, pero el combustible no les alcanzó. La maldición volvió.

Edson Álvarez, al parecer ya con futuro en Europa, fue el héroe inesperado de la noche. El zaguero logró dos picotazos, suficientes para frenar a los cementeros.

Cruz Azul fue el mejor de la fase regular, superlíder, bebió la copa, pero la liga se les volvió a ir.

El "Piojo" Herrera celebra otro galardón, Pedro Caixinha cayó. América campeón.

EL PARTIDO

Ahora sí, ya sin otra ocasión para definir al campeón, celestes y azulcremas ofrecieron más intensidad que a mitad de semana. Caixinha cambió a uno de sus vagones en busca de ser más agresivo. El portugués sacó a Alvarado, pero inició con Cauretuccio y Caraglio.

Cruz Azul encendió pronto las calderas, Elías y Méndez trabajaron por fuera, sin embargo, se toparon de nuevo a la barda amarilla.

El “Piojo” también modificó, pero él por necesidad. Mateus y Roger no se recuperaron de sus respectivos golpes, eso obligó a Miguel a arrancar con Henry Martín y Oribe Peralta.

Las piezas azulcremas encajaron mejor que las celestes, las Águilas sobrevolaron el área celeste mucho tiempo; Laínez e Ibarra completaron la artillería emplumada.


CAZ 0-2 AME


El reloj comenzó a avanzar y el juego se volvió de a poco una calca de lo que pasó el jueves. Cruz Azul y América se neutralizaron y ofrecieron un juego de mucho roce y pocas llegadas al área.

Las Águilas, sin ser incesantes, provocaron que Chuy Corona tuviera más acción. Marchesín muy poco.

El equilibrio de mantuvo en el juego, Laínez fue el único que regateó e intentó, pero pocas veces sus fintas causaron algo más.

Del lado cementero, el “Patullero” y Édgar Méndez fueron bloqueados cada que intentaron unirse a Caraglio o Cauteruccio. La Máquina se estancó siempre.

El juego siguió y las emociones fueron cada vez menos. El equilibrio de fuerzas arrojó un partido tedioso para los espectadores.

Los choques en el campo fueron varios, Aguilera y Jorge Sánchez fueron prevenidos con la tarjeta del color de su uniforme, Caute también.

El ritmo lento fue constante, no hubo más alegrías y el juez decidió detener el combate. La moneda siguió en el aire.

EL COMPLEMENTO

Al volver al campo Caixinha echó marcha atrás y apostó por su esquema de todo el semestre, Roberto Alvarado entró a la batalla.

Las Águilas siguieron igual, incluso más agresivas. Laínez lo intentó con un tiro de lejos. América avisó.

Los emplumados cazaron a su presa y el error llegó. Corona despejó mal, Marcone perdió el balón y Edson Álvarez lo aprovechó para abrir el marcador.

Los viejos fantasmas celestes volvieron al Azteca, Ibarra en la siguiente jugada estuvo cerca de incrementar el marcador. Cruz Azul perdió la solidez que presumió todo el torneo.

Caixinha no esperó más y desempolvó a Andrés Rentería, el “Topo” lució como una apuesta arriesgada.

El juego tuvo más velocidad, pero también espacios. Los cancerberos al fin fueron enfocados por las cámaras.

Herrera decidió en ese instante darle minutos a Cecilio Domínguez, el “Piojo” apostó por certeros contragolpes para sentenciar la serie.

La Máquina no detuvo sus embates, ´pero pocos fueron claros y letales.

Miguel movió a otra pieza de su tablero, Peralta salió para darle espacio a Joe Corona. El mensaje fue claro. Aguantar y liquidar.

El reloj fue otro aliado de las Águilas, Herrera volvió a modificar. Andrés Ibargüen entró a quemar minutos.

La desperación celeste fue clara, ya no hubo ideas. Gerardo Flores perdió el control y fue expulsado a pesar de estar en la banca.

América ya era campeón, sólo faltaba que el tiempo concluyera.

Ya con la guardia abajo, Edson volvió a aparecer en el área y sin tentarse el corazón, liquidó el juego. El ataúd azul se cerró.

No hubo más, la Máquina no se quitó la cruz, no hubo revancha, sólo felicidad azulcrema. El más grande viste de amarillo.

Ya nadie les hace sombra, América revivió los fantasmas celestes y se convirtió en el equipo más grande del país; 13 estrellas tienen ya los azulcremas en su escudo, el Rebaño quedó atrás.

La Máquina estuvo cerca de quitarse la cruz que cargan desde hace más de dos décadas, pero el combustible no les alcanzó. La maldición volvió.

Edson Álvarez, al parecer ya con futuro en Europa, fue el héroe inesperado de la noche. El zaguero logró dos picotazos, suficientes para frenar a los cementeros.

Cruz Azul fue el mejor de la fase regular, superlíder, bebió la copa, pero la liga se les volvió a ir.

El "Piojo" Herrera celebra otro galardón, Pedro Caixinha cayó. América campeón.

EL PARTIDO

Ahora sí, ya sin otra ocasión para definir al campeón, celestes y azulcremas ofrecieron más intensidad que a mitad de semana. Caixinha cambió a uno de sus vagones en busca de ser más agresivo. El portugués sacó a Alvarado, pero inició con Cauretuccio y Caraglio.

Cruz Azul encendió pronto las calderas, Elías y Méndez trabajaron por fuera, sin embargo, se toparon de nuevo a la barda amarilla.

El “Piojo” también modificó, pero él por necesidad. Mateus y Roger no se recuperaron de sus respectivos golpes, eso obligó a Miguel a arrancar con Henry Martín y Oribe Peralta.

Las piezas azulcremas encajaron mejor que las celestes, las Águilas sobrevolaron el área celeste mucho tiempo; Laínez e Ibarra completaron la artillería emplumada.


CAZ 0-2 AME


El reloj comenzó a avanzar y el juego se volvió de a poco una calca de lo que pasó el jueves. Cruz Azul y América se neutralizaron y ofrecieron un juego de mucho roce y pocas llegadas al área.

Las Águilas, sin ser incesantes, provocaron que Chuy Corona tuviera más acción. Marchesín muy poco.

El equilibrio de mantuvo en el juego, Laínez fue el único que regateó e intentó, pero pocas veces sus fintas causaron algo más.

Del lado cementero, el “Patullero” y Édgar Méndez fueron bloqueados cada que intentaron unirse a Caraglio o Cauteruccio. La Máquina se estancó siempre.

El juego siguió y las emociones fueron cada vez menos. El equilibrio de fuerzas arrojó un partido tedioso para los espectadores.

Los choques en el campo fueron varios, Aguilera y Jorge Sánchez fueron prevenidos con la tarjeta del color de su uniforme, Caute también.

El ritmo lento fue constante, no hubo más alegrías y el juez decidió detener el combate. La moneda siguió en el aire.

EL COMPLEMENTO

Al volver al campo Caixinha echó marcha atrás y apostó por su esquema de todo el semestre, Roberto Alvarado entró a la batalla.

Las Águilas siguieron igual, incluso más agresivas. Laínez lo intentó con un tiro de lejos. América avisó.

Los emplumados cazaron a su presa y el error llegó. Corona despejó mal, Marcone perdió el balón y Edson Álvarez lo aprovechó para abrir el marcador.

Los viejos fantasmas celestes volvieron al Azteca, Ibarra en la siguiente jugada estuvo cerca de incrementar el marcador. Cruz Azul perdió la solidez que presumió todo el torneo.

Caixinha no esperó más y desempolvó a Andrés Rentería, el “Topo” lució como una apuesta arriesgada.

El juego tuvo más velocidad, pero también espacios. Los cancerberos al fin fueron enfocados por las cámaras.

Herrera decidió en ese instante darle minutos a Cecilio Domínguez, el “Piojo” apostó por certeros contragolpes para sentenciar la serie.

La Máquina no detuvo sus embates, ´pero pocos fueron claros y letales.

Miguel movió a otra pieza de su tablero, Peralta salió para darle espacio a Joe Corona. El mensaje fue claro. Aguantar y liquidar.

El reloj fue otro aliado de las Águilas, Herrera volvió a modificar. Andrés Ibargüen entró a quemar minutos.

La desperación celeste fue clara, ya no hubo ideas. Gerardo Flores perdió el control y fue expulsado a pesar de estar en la banca.

América ya era campeón, sólo faltaba que el tiempo concluyera.

Ya con la guardia abajo, Edson volvió a aparecer en el área y sin tentarse el corazón, liquidó el juego. El ataúd azul se cerró.

No hubo más, la Máquina no se quitó la cruz, no hubo revancha, sólo felicidad azulcrema. El más grande viste de amarillo.

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