/ domingo 18 de noviembre de 2018

Efímero cuartel se mantiene en pie, en Panotla

Conservan vivienda usada por los hermanos Arenas del 12 al 19 de diciembre de 1914

Marcada con el número 1 de la calle Melchor Ocampo, en el municipio de Panotla, permanece estoica la vivienda que del 12 al 19 de diciembre de 1914 fuera utilizada por orden del general Domingo Arenas, como un efímero cuartel, pues después de fundar la iglesia metodista dejaron el curato que, en su momento, sirvió para resguardarse.

Con una estructura de muros anchos de piedra y adobe, con amplios corredores y tejados ahora renovados, esta construcción apoyó en la detección de enemigos al iniciar la Revolución, pues al ser la única en ese tiempo la vista que tenían hacia distintos lugares del estado era excelente.

Además, cuenta con un salón construido en 1876 que fue utilizado para el resguardo de los soldados y, en la parte trasera, ahora se encuentra un patio, el cual fue utilizado como establo para el cuidado de caballos.

Lleno de lucidez en sus palabras, Arón Carro, propietario de la vivienda heredada de generación en generación desde su tatarabuelo, platicó a El Sol de Tlaxcala aquellas anécdotas que sus antecesores contaban de la vida en esos tiempos, cuando se llevó a cabo el Cuartelazo de Panotla.

Frente a una máquina de escribir vieja, relató que su predecesor, fundador en 1886 de la iglesia metodista, al llegar la Revolución cedió la casa para cuartel, pero al verse rodeados por las fuerzas carrancistas decidieron abandonarla para evitar una masacre.

Dentro de estos muros de piedra, contó que en 1943 cambiaron las vigas que sostienen la casa, pero las columnas son las mismas y, al fondo, donde se ubicaban graneros para guardar la semilla y que también eran utilizados como oficinas que estaban techados con teja, ahora solo tienen algunos animales de traspatio.

“Domingo Arenas, al ser desconocido como general, notificó y esto indujo a Pablo González a desistirse que dieran un golpe de Estado, cuando ya estaba Máximo Rojas como gobernador”, explicó.

LA LLEGADA DE DOMINGO ARENAS

Rememoró que al presentarse esa situación, Domingo Arenas se rebeló y entró a Tlaxcala el 12 de noviembre pronunciándose a favor de Zapata con la consigna “muera Carranza” y, al llegar a Panotla, asaltó la tesorería y algunas casas, para después designar la vivienda, por ser amplia, como un nuevo cuartel.

Sin embargo, relató que el 19 de ese mismo mes, h asta este municipio llegó el rumor de que de la Ciudad de México saldría un contingente militar importante para tomar Panotla, por lo que al enterarse Domingo decidió emboscarlos en la estación de Santa Ana Chiautempan, pues se trasladaban en ferrocarril, pero la estrategia enemiga optó por llegar en el tren interoceánico y bajar en San Martín Texmelucan para encaminarse a Panotla.

Cirino Arenas, quien había quedado al mando y se mantenía vigía desde la casa, observó a las fuerzas carrancistas acercarse por el Camino Real con caballería, infantería y artillería pesada, por lo que dio la orden de abandonar la plaza pues era imposible defenderla, ya que solo contaban con un cañoncito ubicado arriba de la iglesia, arma que no era competencia para los de largo alcance con los que contaban los carrancistas.

QUÉ DICE LA HISTORIA

En una reseña elaborada por Cándido Portillo Cirio sobre esta batalla, apuntó que fue de vital importancia porque, como resultado de ella, los tres principales caudillos Máximo Rojas, Pedro M. Morales y Domingo Arenas fijaron su posición: Rojas traicionó a Arenas y se fue con Carranza, Morales traicionó a Arenas y se fue con Obregón, pensando que el arenismo iba a ser nulificado.

Sin embargo, indicó, ahí se dio el inicio de la restitución de tierras en Tlaxcala, mientras que Rojas tenía un poder simbólico, Morales desapareció del mapa revolucionario de Tlaxcala por las siguientes razones.

“El jefe de la revolución en Tlaxcala, hasta julio de 1914, era el General Felipe Villegas, y como jefes de columna estaban los coroneles Máximo Rojas y Pedro M. Morales, su segundo en el mando era el Coronel Domingo Arenas.

“Pese a que el Coronel Morales fue designado en 1913 gobernador y general en jefe de la Revolución en Tlaxcala, el tiachca o cacique, en este caso el del poder militar era el general Villegas, a quien todos obedecían”.

Dentro de este, mencionó que mediados de julio de 1914 Villegas murió en combate, por tanto, el sucesor era el general Arenas, en el mando de la Brigada Xicohténcatl o Ejército Revolucionario.

Por tanto, abundó, Rojas y Morales quedaron bajo su mando, pero al llegar Pablo González reconoció a Rojas el grado de general, a Arenas y a Morales el de coronel, incidente que se ratificó con el cuartelazo del 12 de noviembre de 1914, con el reconocimiento pleno al general Arenas.

“El día 13, el ejército revolucionario fue a acampar a Hueyotlipan, intentando considerarla capital de Tlaxcala, pero como Morales y Rojas reafirmaron el reconocimiento al general Arenas, acodaron que la cabecera municipal de Panotla fuera el cuartel general, aliándose con el zapatismo. Rojas cuidaría el flanco Nororiente y Morales el Norponiente, y Arenas despacharía en Panotla, para el caso de un ataque, la retaguardia sería la Matlalcuéyetl”.

En esas circunstancias, citó, los generales carrancistas Francisco Cos, Alejo G. González y Fortunato Moycotte abandonaron la ciudad de Puebla para ir en auxilio de Obregón, que se preparaba para combatir al general Villa en el Norte y conociendo las circunstancias de Tlaxcala, logran establecer comunicación con el general Rojas, y éste reconoció al gobierno de Carranza, sin consultarle a Arenas, a cuyas órdenes estaba.

La realidad, según el documento, es que preparaban el ataque al cuartel general de Panotla, contando para ello con un promedio de dos mil carrancistas.

Pero, aseguró, conociendo los pormenores de las acciones carrancistas, Arenas dispuso la defensa, pero también fue informado que el general Pedro M. Morales, que se hallaba en Nanacamilpa, no vendría a reforzar la defensa, Arenas dispuso el combate, con la prevención de evacuar, en vista de que solo cuenta con mil elementos para la defensa, designando al general Antonio Mora, que se había unido días antes, se encargara de abrir el frente para proteger la retirada con dirección al sur.

LA BATALLA

“El enemigo atacó por el oriente, sur y poniente, en la tarde del 19 de noviembre y, después de sangriento combate, en que se contaron más de 200 muertes entre ambos bandos, al iniciar la noche pudieron romper el cerco del flanco sur, yendo acampar en Texoloc, donde los efectivos de los generales atacantes Francisco Cos, Fortunato Moycotte y Alejo G. González ya no los siguieron”.

Detalló que una batalla, donde a los defensores les quedó como única alternativa romper el cerco de uno de los flancos, fue meritoria, virtud a que no tuvieron retaguardia ni vanguardia.

Además, añadió, sabiendo los carrancistas que el refugio seguro eran las faldas de la Matlacuéyetl, el grueso del ataque se dio por el oriente, para impedirles la retirada en esa dirección.

“Vale destacar la acción del teniente Antonio Mora quien, por ser conocedor del terreno, se le comisionó para proteger la retirada, lo que hizo con éxito, debido a ello, fue el héroe de la jornada”.

“Los conocedores del arte de la guerra podrán explicar con la objetividad debida, la protección de la retirada, en estos casos, cuando el ala oriente y poniente se unieron para abatir al enemigo en retirada, y podrán reafirmar que la derrota no fue tal, como el coronel Porfirio del Castillo asevera”.

Agregó que como los carrancistas iban rumbo al norte, tuvieron que abandonar Panotla, luego de nombrar al general Rojas gobernador de Tlaxcala, pero su poder era simbólico, pues no tenía la suficiente fuerza militar para entrar a la ciudad de Tlaxcala.

Asimismo, Morales se presentó a los carrancistas en Tepexpan, Estado de México, al frente de 300 hombres.

Para tratar su reincorporación se entendió con Alejo González, que llevaba la vanguardia, siendo su emisario Manuel Fernández, quien se presentó en Otumba.

Fue hasta el 26 de enero de 1915 cuando Moycotte informó al general Obregón que la brigada de Pedro M. Morales “decidía abandonar la causa convencionista y reconocía al Ejército Constitucionalista”.

Una conclusión llevó a reafirmar que la batalla de Panotla confirma la escisión entre los generales Domingo Arenas, Pedro M. Morales y Máximo Rojas, éste último, también traicionaría al presidente Carranza en 1924.

EL SUPUESTO

Se dice que en la planta baja de la casa enterraron máquinas para imprimir las noticias que eran de esa época, para que cuando llegaran los carrancistas no vieran cómo distribuían la información

El dato

El 26 de enero de 1915 Fortunato Moycotte informó al general Obregón que la brigada de Pedro M. Morales decidía abandonar la causa convencionista y reconocía al Ejército Constitucionalista.


Marcada con el número 1 de la calle Melchor Ocampo, en el municipio de Panotla, permanece estoica la vivienda que del 12 al 19 de diciembre de 1914 fuera utilizada por orden del general Domingo Arenas, como un efímero cuartel, pues después de fundar la iglesia metodista dejaron el curato que, en su momento, sirvió para resguardarse.

Con una estructura de muros anchos de piedra y adobe, con amplios corredores y tejados ahora renovados, esta construcción apoyó en la detección de enemigos al iniciar la Revolución, pues al ser la única en ese tiempo la vista que tenían hacia distintos lugares del estado era excelente.

Además, cuenta con un salón construido en 1876 que fue utilizado para el resguardo de los soldados y, en la parte trasera, ahora se encuentra un patio, el cual fue utilizado como establo para el cuidado de caballos.

Lleno de lucidez en sus palabras, Arón Carro, propietario de la vivienda heredada de generación en generación desde su tatarabuelo, platicó a El Sol de Tlaxcala aquellas anécdotas que sus antecesores contaban de la vida en esos tiempos, cuando se llevó a cabo el Cuartelazo de Panotla.

Frente a una máquina de escribir vieja, relató que su predecesor, fundador en 1886 de la iglesia metodista, al llegar la Revolución cedió la casa para cuartel, pero al verse rodeados por las fuerzas carrancistas decidieron abandonarla para evitar una masacre.

Dentro de estos muros de piedra, contó que en 1943 cambiaron las vigas que sostienen la casa, pero las columnas son las mismas y, al fondo, donde se ubicaban graneros para guardar la semilla y que también eran utilizados como oficinas que estaban techados con teja, ahora solo tienen algunos animales de traspatio.

“Domingo Arenas, al ser desconocido como general, notificó y esto indujo a Pablo González a desistirse que dieran un golpe de Estado, cuando ya estaba Máximo Rojas como gobernador”, explicó.

LA LLEGADA DE DOMINGO ARENAS

Rememoró que al presentarse esa situación, Domingo Arenas se rebeló y entró a Tlaxcala el 12 de noviembre pronunciándose a favor de Zapata con la consigna “muera Carranza” y, al llegar a Panotla, asaltó la tesorería y algunas casas, para después designar la vivienda, por ser amplia, como un nuevo cuartel.

Sin embargo, relató que el 19 de ese mismo mes, h asta este municipio llegó el rumor de que de la Ciudad de México saldría un contingente militar importante para tomar Panotla, por lo que al enterarse Domingo decidió emboscarlos en la estación de Santa Ana Chiautempan, pues se trasladaban en ferrocarril, pero la estrategia enemiga optó por llegar en el tren interoceánico y bajar en San Martín Texmelucan para encaminarse a Panotla.

Cirino Arenas, quien había quedado al mando y se mantenía vigía desde la casa, observó a las fuerzas carrancistas acercarse por el Camino Real con caballería, infantería y artillería pesada, por lo que dio la orden de abandonar la plaza pues era imposible defenderla, ya que solo contaban con un cañoncito ubicado arriba de la iglesia, arma que no era competencia para los de largo alcance con los que contaban los carrancistas.

QUÉ DICE LA HISTORIA

En una reseña elaborada por Cándido Portillo Cirio sobre esta batalla, apuntó que fue de vital importancia porque, como resultado de ella, los tres principales caudillos Máximo Rojas, Pedro M. Morales y Domingo Arenas fijaron su posición: Rojas traicionó a Arenas y se fue con Carranza, Morales traicionó a Arenas y se fue con Obregón, pensando que el arenismo iba a ser nulificado.

Sin embargo, indicó, ahí se dio el inicio de la restitución de tierras en Tlaxcala, mientras que Rojas tenía un poder simbólico, Morales desapareció del mapa revolucionario de Tlaxcala por las siguientes razones.

“El jefe de la revolución en Tlaxcala, hasta julio de 1914, era el General Felipe Villegas, y como jefes de columna estaban los coroneles Máximo Rojas y Pedro M. Morales, su segundo en el mando era el Coronel Domingo Arenas.

“Pese a que el Coronel Morales fue designado en 1913 gobernador y general en jefe de la Revolución en Tlaxcala, el tiachca o cacique, en este caso el del poder militar era el general Villegas, a quien todos obedecían”.

Dentro de este, mencionó que mediados de julio de 1914 Villegas murió en combate, por tanto, el sucesor era el general Arenas, en el mando de la Brigada Xicohténcatl o Ejército Revolucionario.

Por tanto, abundó, Rojas y Morales quedaron bajo su mando, pero al llegar Pablo González reconoció a Rojas el grado de general, a Arenas y a Morales el de coronel, incidente que se ratificó con el cuartelazo del 12 de noviembre de 1914, con el reconocimiento pleno al general Arenas.

“El día 13, el ejército revolucionario fue a acampar a Hueyotlipan, intentando considerarla capital de Tlaxcala, pero como Morales y Rojas reafirmaron el reconocimiento al general Arenas, acodaron que la cabecera municipal de Panotla fuera el cuartel general, aliándose con el zapatismo. Rojas cuidaría el flanco Nororiente y Morales el Norponiente, y Arenas despacharía en Panotla, para el caso de un ataque, la retaguardia sería la Matlalcuéyetl”.

En esas circunstancias, citó, los generales carrancistas Francisco Cos, Alejo G. González y Fortunato Moycotte abandonaron la ciudad de Puebla para ir en auxilio de Obregón, que se preparaba para combatir al general Villa en el Norte y conociendo las circunstancias de Tlaxcala, logran establecer comunicación con el general Rojas, y éste reconoció al gobierno de Carranza, sin consultarle a Arenas, a cuyas órdenes estaba.

La realidad, según el documento, es que preparaban el ataque al cuartel general de Panotla, contando para ello con un promedio de dos mil carrancistas.

Pero, aseguró, conociendo los pormenores de las acciones carrancistas, Arenas dispuso la defensa, pero también fue informado que el general Pedro M. Morales, que se hallaba en Nanacamilpa, no vendría a reforzar la defensa, Arenas dispuso el combate, con la prevención de evacuar, en vista de que solo cuenta con mil elementos para la defensa, designando al general Antonio Mora, que se había unido días antes, se encargara de abrir el frente para proteger la retirada con dirección al sur.

LA BATALLA

“El enemigo atacó por el oriente, sur y poniente, en la tarde del 19 de noviembre y, después de sangriento combate, en que se contaron más de 200 muertes entre ambos bandos, al iniciar la noche pudieron romper el cerco del flanco sur, yendo acampar en Texoloc, donde los efectivos de los generales atacantes Francisco Cos, Fortunato Moycotte y Alejo G. González ya no los siguieron”.

Detalló que una batalla, donde a los defensores les quedó como única alternativa romper el cerco de uno de los flancos, fue meritoria, virtud a que no tuvieron retaguardia ni vanguardia.

Además, añadió, sabiendo los carrancistas que el refugio seguro eran las faldas de la Matlacuéyetl, el grueso del ataque se dio por el oriente, para impedirles la retirada en esa dirección.

“Vale destacar la acción del teniente Antonio Mora quien, por ser conocedor del terreno, se le comisionó para proteger la retirada, lo que hizo con éxito, debido a ello, fue el héroe de la jornada”.

“Los conocedores del arte de la guerra podrán explicar con la objetividad debida, la protección de la retirada, en estos casos, cuando el ala oriente y poniente se unieron para abatir al enemigo en retirada, y podrán reafirmar que la derrota no fue tal, como el coronel Porfirio del Castillo asevera”.

Agregó que como los carrancistas iban rumbo al norte, tuvieron que abandonar Panotla, luego de nombrar al general Rojas gobernador de Tlaxcala, pero su poder era simbólico, pues no tenía la suficiente fuerza militar para entrar a la ciudad de Tlaxcala.

Asimismo, Morales se presentó a los carrancistas en Tepexpan, Estado de México, al frente de 300 hombres.

Para tratar su reincorporación se entendió con Alejo González, que llevaba la vanguardia, siendo su emisario Manuel Fernández, quien se presentó en Otumba.

Fue hasta el 26 de enero de 1915 cuando Moycotte informó al general Obregón que la brigada de Pedro M. Morales “decidía abandonar la causa convencionista y reconocía al Ejército Constitucionalista”.

Una conclusión llevó a reafirmar que la batalla de Panotla confirma la escisión entre los generales Domingo Arenas, Pedro M. Morales y Máximo Rojas, éste último, también traicionaría al presidente Carranza en 1924.

EL SUPUESTO

Se dice que en la planta baja de la casa enterraron máquinas para imprimir las noticias que eran de esa época, para que cuando llegaran los carrancistas no vieran cómo distribuían la información

El dato

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