/ domingo 22 de septiembre de 2019

Los hijos de Hernán Cortés

El rey le adjudicó veintitrés mil vasallos y veintidós pueblos de Texcoco a Tehuantepec y de Coyoacán a Cuernavaca; Tacubaya y Toluca, Jalapa y Tepoztlán.


El rey le adjudicó veintitrés mil vasallos y veintidós pueblos de Texcoco a Tehuantepec y de Coyoacán a Cuernavaca; Tacubaya y Toluca, Jalapa y Tepoztlán. La corona le dio todos los títulos, todos los honores, pero nunca el poder. Hernán Cortés llegó a ser, después de la caída de Tenochtitlan, Marqués del Valle de Oaxaca, Capitán General de la Nueva España y Conquistador de México.

Pidió a Carlos V la gobernación del país por él conquistado, pero le fue negada. Igual había hecho el abuelo de Carlos V, Fernando el Católico quien negó a Colón el gobierno de las Indias que había descubierto.

Hijo de un molinero de Medellín, en Extremadura, y nieto de soldados de la guerra contra los moros, don Hernando tuvo doce hijos, pero nunca una familia.

De su primera esposa no hubo descendencia. Catalina Suárez, a quien llamaron La Marcaida y con quien se casó en la isla de Cuba, fue traída por él a México consumada la conquista y aquí murió. Los sirvientes la hallaron una mañana sin vida, con cardenales en la garganta. En el juicio de residencia Cortés fue señalado como el autor de su muerte. Y aunque nadie pudo demostrar el cargo, Cortés tampoco pudo demostrar no haberlo sido.

Carlos Fuentes, en su libro “El Naranjo” (Alfaguara 1992), considera que el conquistador tenía poca imaginación para los nombres de sus hijos. Efectivamente, tuvo tres Catalinas, dos Marías, dos Leonores, dos Luises y dos Martínes. Su primogénito, Martín 1 fue hijo de la mal llamada Malinche, cuyo nombre original era Malinalli y a quien los conquistadores le impusieron el nombre cristiano de Marina. Ya con la gloria que le daba el haber conquistado México con lo que le dio al Soberano dominios nueve veces mayores que la superficie de España, Hernán Cortés se desentendió de La Malinche; ya no le servía para conquistar, antes bien le estorbaba para reinar, de manera que la entregó, con todo y su hijo Martín, al soldado Juan Jaramillo.

La Malinche murió de viruela en 1527.

Antes de partir hacia la tierra por conquistar, Cortés había tenido a su primera hija, Catalina Pizarro, nacida en Cuba en 1514 de madre llamada Leonor Pizarro.

Otro Martín, Martín 2 nació en Cuernavaca del segundo matrimonio de Cortés con Juana de Zúñiga, española a quien el conquistador conoció en su viaje a España por 1532. De ella, además de Martín 2, nacieron María, Catalina y Juana además de dos muertos al nacer: Luis y Catalina.

Siniestro y aprovechado, al rey vencido, Moctezuma le arrebató a su hija preferida, Ixcaxóchitl Flor de Algodón y con ella tuvo también una hija, Leonor Cortés. Con una princesa azteca sin nombre Cortés tuvo otra hija que nació contrahecha, llamada María. Con una mujer anónima tuvo a un niño llamado Amadorcico, a quien también abandonó en México.

Otro hijo, Luis Altamirano, nacido de Elvira (o Antonia) Hermosillo en 1529, fue desheredado en el testamento de don Hernando.

En 1556, mientras en México don Gastón de Peralta, Marqués de Falces sustituía al virrey don Luis de Velasco, en España Carlos V, en cuyo imperio nunca se ponía el sol, atormentado por el remordimiento de haber dilapidado las enormes riquezas llevadas de México en guerras inútiles, abdicó y se recluyó en el monasterio de Yuste, en Extremadura. Se dice que en este retiro Carlos V pasó el resto de su vida contemplando el ataúd en el que habrían de amortajarlo.

El hecho es que disponía de 172 criados para su servicio personal y que, glotón como era, se hacía llevar mariscos del Cantábrico reventando caballos a lo largo de la península para que los consumiera frescos el hijo de la reina Juana a quien el desamor de su marido, Felipe El Hermoso, puntal de lo que siglos más tarde sería el imperio austro-húngaro, y a las intrigas de su abuelo Fernando el católico hicieron que pasara a la historia como Juana la Loca, cuando el parecer de muchos coincidía en que era la única cuerda, la única lúcida en medio de la corrupta y mediocre corte.

El 13 de agosto de 1562, precisamente en el aniversario de la caída de Tenochtitlan, los dos Martínes se vieron implicados en una conspiración para alzarse con la tierra y arrebatarle la posesión de México al rey de España. Algunos de los conjurados fueron condenados a pasar 10 años en las galeras; otros sufrieron el destierro y los más, la horca.

Los dos Martínes, aunque arrestados, por gracia real recibieron el indulto. El hijo de doña Juana de Zúñiga, criollo, fue enviado de regreso a España donde se le siguió causa y fue condenado a destierro, multas y secuestro de bienes en 1567. Siete años después los castigos fueron revocados, salvo las multas. Sus bienes le fueron devueltos pero fue obligado a hacer a la Corona un préstamo de 50 mil ducados para sus guerras. Murió en España el 13 de agosto de 1589 a los sesenta y dos años de edad.

El otro Martín, el hijo de La Malinche fue atormentado y desterrado a España. Sin herencias ni influencias, murió al finalizar el siglo XVI cuando estaba por cumplir ochenta años de edad.

Don Hernando, a pesar de que en principio recibió honores y mercedes, se convirtió en España en un pedigüeño incómodo. Ya no era recibido en la corte de manera que, cuando en junio de 1545 el propio Carlos V se puso al frente de una armada de 24 mil soldados para batir al Aga Azán, que gobernaba Argelia, el conquistador se alistó y tomó el mando de una galera. La expedición, según el propio Carlos Fuentes, fracasó en medio de la tormenta y la confusión. Hundida la galera que comandaba, Cortés se salvó nadando hacia la playa cercana.

Murió dos años después, pobre y acompañado sólo por su hijo Martín dos y por un fraile, en Castilleja de la Cuesta, un villorrio cercano a Sevilla.

Ya con la gloria que le daba el haber conquistado México con lo que le dio al Soberano dominios nueve veces mayores que la superficie de España, Hernán Cortés se desentendió de La Malinche; ya no le servía para conquistar, antes bien le estorbaba para reinar, de manera que la entregó, con todo y su hijo Martín, al soldado Juan Jaramillo.

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El rey le adjudicó veintitrés mil vasallos y veintidós pueblos de Texcoco a Tehuantepec y de Coyoacán a Cuernavaca; Tacubaya y Toluca, Jalapa y Tepoztlán. La corona le dio todos los títulos, todos los honores, pero nunca el poder. Hernán Cortés llegó a ser, después de la caída de Tenochtitlan, Marqués del Valle de Oaxaca, Capitán General de la Nueva España y Conquistador de México.

Pidió a Carlos V la gobernación del país por él conquistado, pero le fue negada. Igual había hecho el abuelo de Carlos V, Fernando el Católico quien negó a Colón el gobierno de las Indias que había descubierto.

Hijo de un molinero de Medellín, en Extremadura, y nieto de soldados de la guerra contra los moros, don Hernando tuvo doce hijos, pero nunca una familia.

De su primera esposa no hubo descendencia. Catalina Suárez, a quien llamaron La Marcaida y con quien se casó en la isla de Cuba, fue traída por él a México consumada la conquista y aquí murió. Los sirvientes la hallaron una mañana sin vida, con cardenales en la garganta. En el juicio de residencia Cortés fue señalado como el autor de su muerte. Y aunque nadie pudo demostrar el cargo, Cortés tampoco pudo demostrar no haberlo sido.

Carlos Fuentes, en su libro “El Naranjo” (Alfaguara 1992), considera que el conquistador tenía poca imaginación para los nombres de sus hijos. Efectivamente, tuvo tres Catalinas, dos Marías, dos Leonores, dos Luises y dos Martínes. Su primogénito, Martín 1 fue hijo de la mal llamada Malinche, cuyo nombre original era Malinalli y a quien los conquistadores le impusieron el nombre cristiano de Marina. Ya con la gloria que le daba el haber conquistado México con lo que le dio al Soberano dominios nueve veces mayores que la superficie de España, Hernán Cortés se desentendió de La Malinche; ya no le servía para conquistar, antes bien le estorbaba para reinar, de manera que la entregó, con todo y su hijo Martín, al soldado Juan Jaramillo.

La Malinche murió de viruela en 1527.

Antes de partir hacia la tierra por conquistar, Cortés había tenido a su primera hija, Catalina Pizarro, nacida en Cuba en 1514 de madre llamada Leonor Pizarro.

Otro Martín, Martín 2 nació en Cuernavaca del segundo matrimonio de Cortés con Juana de Zúñiga, española a quien el conquistador conoció en su viaje a España por 1532. De ella, además de Martín 2, nacieron María, Catalina y Juana además de dos muertos al nacer: Luis y Catalina.

Siniestro y aprovechado, al rey vencido, Moctezuma le arrebató a su hija preferida, Ixcaxóchitl Flor de Algodón y con ella tuvo también una hija, Leonor Cortés. Con una princesa azteca sin nombre Cortés tuvo otra hija que nació contrahecha, llamada María. Con una mujer anónima tuvo a un niño llamado Amadorcico, a quien también abandonó en México.

Otro hijo, Luis Altamirano, nacido de Elvira (o Antonia) Hermosillo en 1529, fue desheredado en el testamento de don Hernando.

En 1556, mientras en México don Gastón de Peralta, Marqués de Falces sustituía al virrey don Luis de Velasco, en España Carlos V, en cuyo imperio nunca se ponía el sol, atormentado por el remordimiento de haber dilapidado las enormes riquezas llevadas de México en guerras inútiles, abdicó y se recluyó en el monasterio de Yuste, en Extremadura. Se dice que en este retiro Carlos V pasó el resto de su vida contemplando el ataúd en el que habrían de amortajarlo.

El hecho es que disponía de 172 criados para su servicio personal y que, glotón como era, se hacía llevar mariscos del Cantábrico reventando caballos a lo largo de la península para que los consumiera frescos el hijo de la reina Juana a quien el desamor de su marido, Felipe El Hermoso, puntal de lo que siglos más tarde sería el imperio austro-húngaro, y a las intrigas de su abuelo Fernando el católico hicieron que pasara a la historia como Juana la Loca, cuando el parecer de muchos coincidía en que era la única cuerda, la única lúcida en medio de la corrupta y mediocre corte.

El 13 de agosto de 1562, precisamente en el aniversario de la caída de Tenochtitlan, los dos Martínes se vieron implicados en una conspiración para alzarse con la tierra y arrebatarle la posesión de México al rey de España. Algunos de los conjurados fueron condenados a pasar 10 años en las galeras; otros sufrieron el destierro y los más, la horca.

Los dos Martínes, aunque arrestados, por gracia real recibieron el indulto. El hijo de doña Juana de Zúñiga, criollo, fue enviado de regreso a España donde se le siguió causa y fue condenado a destierro, multas y secuestro de bienes en 1567. Siete años después los castigos fueron revocados, salvo las multas. Sus bienes le fueron devueltos pero fue obligado a hacer a la Corona un préstamo de 50 mil ducados para sus guerras. Murió en España el 13 de agosto de 1589 a los sesenta y dos años de edad.

El otro Martín, el hijo de La Malinche fue atormentado y desterrado a España. Sin herencias ni influencias, murió al finalizar el siglo XVI cuando estaba por cumplir ochenta años de edad.

Don Hernando, a pesar de que en principio recibió honores y mercedes, se convirtió en España en un pedigüeño incómodo. Ya no era recibido en la corte de manera que, cuando en junio de 1545 el propio Carlos V se puso al frente de una armada de 24 mil soldados para batir al Aga Azán, que gobernaba Argelia, el conquistador se alistó y tomó el mando de una galera. La expedición, según el propio Carlos Fuentes, fracasó en medio de la tormenta y la confusión. Hundida la galera que comandaba, Cortés se salvó nadando hacia la playa cercana.

Murió dos años después, pobre y acompañado sólo por su hijo Martín dos y por un fraile, en Castilleja de la Cuesta, un villorrio cercano a Sevilla.

Ya con la gloria que le daba el haber conquistado México con lo que le dio al Soberano dominios nueve veces mayores que la superficie de España, Hernán Cortés se desentendió de La Malinche; ya no le servía para conquistar, antes bien le estorbaba para reinar, de manera que la entregó, con todo y su hijo Martín, al soldado Juan Jaramillo.

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