/ miércoles 16 de diciembre de 2020

Cuentacuentos, una tradición en Pakistán que se niega al olvido

En Pakistán los contadores de historias eran muy populares pero las redes sociales los han relegado casi al olvido

Los ojos de Mohamad Nasem brillan cuando explica las aventuras de un príncipe legendario. Pero en Pakistán, donde hasta hace medio siglo los contadores de historias eran muy populares, las redes sociales los han relegado casi al olvido.

Mientras cuenta las hazañas del famoso Saif-ul-Malook, una docena de hombres sonríe cuando menciona a la madre del héroe, “fuerte como 25 luchadores”, o a su prometida, “tan bella que, los que la miran desnudarse, escondidos, se desmayan”. Mohamad Nasem, con su barba blanca, parece sorprendido de tener tanto público. Según él, se debe a la entrevista con la AFP. “Normalmente, la gente me dice que estoy loco cuando explico estas historias”.

Este comerciante, de 65 años, asegura que conoce “50 leyendas”, que su padre le enseñó.

Desde el pequeño pueblo de Shogran (al norte de Pakistán), recubierto de nieve, explica que las historias, que “pueden durar días”, son “auténticas”, y constituyen “la historia, la cultura” de ese país.

Pero Mohamad Nasem no las ha transmitido a sus seis hijos.

“Cuando muera, estas historias morirán conmigo”, dice quien se considera “uno de los últimos contadores de historias” de la región.

MERCADO

A dos horas de Shogran, en el pueblo himalayo de Naran, cerca de donde se encuentra el lago Saif-ul-Malook, los jóvenes guías también conocen la historia del famoso príncipe y la cuentan a los turistas.

Pero Naran y Saif-ul-Malook son una excepción. Los cuentacuentos, otrora muy populares en Pakistán, se han apagado.

Peshawar, la capital de la provincia de Jaiber Patunjuá, donde se encuentran Naran y Shogran, fue durante mucho tiempo un lugar conocido por sus narradores. Desde el siglo XVI, tiene un “Qissa khawani bazar”, o “mercadillo de contadores de historias”, explica Muhammad Ali, que ha participado en un libro sobre el tema.

El barrio, hoy lleno de neones y de “tuk-tuk”, fue “el Time Square de la región” por “la excelencia de sus contadores de historias”, recuerda Naeem Safi, consultor de Lok virsa, el instituto de patrimonio folclórico paquistaní.

Mohammad Naseem, uno de los últimos cuentacuentos de Peshawar. Los narradores han perdido terreno entre la población en los últimos 50 años / Foto: AFP

En aquel entonces, Peshawar era un importante centro de comercio en Asia central y del sur.

“La escritura no era muy habitual. La transmisión del conocimiento se hacía oralmente. Explicar historias era fundamental: la gente se consideraba instruida si había oído suficientes” historias, afirma Safi.

Estos narradores eran “las herramientas de comunicación de aquella época. Eran los mensajeros”, reitera Ali Awais Qarni, investigador en historia y literatura de la Universidad de Peshawar. Unos relataban los peligros que corrieron en los trayectos, otros, guerras en países lejanos.

SEMANAS O MESES

“Cuando contaban la verdad, siempre añadían un poco de poesía y color”, asegura Qarni. “El público los escuchaba durante horas. A veces, una historia podía durar una semana, o un mes”.

A sus 75 años, Khwaja Safar Ali recuerda su juventud en Peshawar y el momento en que llegaban las caravanas de comerciantes. Por la noche, “nos sentábamos todos juntos y escuchábamos a los contadores de historias. Nos hablaban de Kabul, la URSS, Uzbekistán. Conocíamos esos países gracias a ellos”.

Pero, en los años 1960, con el transporte moderno, dejaron de llegar las caravanas a Peshawar, explica. Y aunque estos cuentacuentos seguían narrando historias en pequeños grupos, poco a poco fueron suplantados por la radio y la televisión.

“Hoy en día, los contadores de historias han desaparecido. La gente no tiene tiempo de escucharlos. Y ahora tienen sus teléfonos celulares, las redes sociales”, constata Khwaja Safar Ali, mostrando su propio móvil: “Es esto lo que ahora cuenta las historias”.

Uno de los últimos narradores de Peshawar, nacido en 1934, murió recientemente, explica Jalil Ahmed, un guía que hasta hace poco llevaba a sus clientes hasta este cuentista. “Ahora, la única manera de ver a estos contadores será quizás en el cementerio”, se lamenta.

Lee también otros contenidos de Normal ⬇️

Los ojos de Mohamad Nasem brillan cuando explica las aventuras de un príncipe legendario. Pero en Pakistán, donde hasta hace medio siglo los contadores de historias eran muy populares, las redes sociales los han relegado casi al olvido.

Mientras cuenta las hazañas del famoso Saif-ul-Malook, una docena de hombres sonríe cuando menciona a la madre del héroe, “fuerte como 25 luchadores”, o a su prometida, “tan bella que, los que la miran desnudarse, escondidos, se desmayan”. Mohamad Nasem, con su barba blanca, parece sorprendido de tener tanto público. Según él, se debe a la entrevista con la AFP. “Normalmente, la gente me dice que estoy loco cuando explico estas historias”.

Este comerciante, de 65 años, asegura que conoce “50 leyendas”, que su padre le enseñó.

Desde el pequeño pueblo de Shogran (al norte de Pakistán), recubierto de nieve, explica que las historias, que “pueden durar días”, son “auténticas”, y constituyen “la historia, la cultura” de ese país.

Pero Mohamad Nasem no las ha transmitido a sus seis hijos.

“Cuando muera, estas historias morirán conmigo”, dice quien se considera “uno de los últimos contadores de historias” de la región.

MERCADO

A dos horas de Shogran, en el pueblo himalayo de Naran, cerca de donde se encuentra el lago Saif-ul-Malook, los jóvenes guías también conocen la historia del famoso príncipe y la cuentan a los turistas.

Pero Naran y Saif-ul-Malook son una excepción. Los cuentacuentos, otrora muy populares en Pakistán, se han apagado.

Peshawar, la capital de la provincia de Jaiber Patunjuá, donde se encuentran Naran y Shogran, fue durante mucho tiempo un lugar conocido por sus narradores. Desde el siglo XVI, tiene un “Qissa khawani bazar”, o “mercadillo de contadores de historias”, explica Muhammad Ali, que ha participado en un libro sobre el tema.

El barrio, hoy lleno de neones y de “tuk-tuk”, fue “el Time Square de la región” por “la excelencia de sus contadores de historias”, recuerda Naeem Safi, consultor de Lok virsa, el instituto de patrimonio folclórico paquistaní.

Mohammad Naseem, uno de los últimos cuentacuentos de Peshawar. Los narradores han perdido terreno entre la población en los últimos 50 años / Foto: AFP

En aquel entonces, Peshawar era un importante centro de comercio en Asia central y del sur.

“La escritura no era muy habitual. La transmisión del conocimiento se hacía oralmente. Explicar historias era fundamental: la gente se consideraba instruida si había oído suficientes” historias, afirma Safi.

Estos narradores eran “las herramientas de comunicación de aquella época. Eran los mensajeros”, reitera Ali Awais Qarni, investigador en historia y literatura de la Universidad de Peshawar. Unos relataban los peligros que corrieron en los trayectos, otros, guerras en países lejanos.

SEMANAS O MESES

“Cuando contaban la verdad, siempre añadían un poco de poesía y color”, asegura Qarni. “El público los escuchaba durante horas. A veces, una historia podía durar una semana, o un mes”.

A sus 75 años, Khwaja Safar Ali recuerda su juventud en Peshawar y el momento en que llegaban las caravanas de comerciantes. Por la noche, “nos sentábamos todos juntos y escuchábamos a los contadores de historias. Nos hablaban de Kabul, la URSS, Uzbekistán. Conocíamos esos países gracias a ellos”.

Pero, en los años 1960, con el transporte moderno, dejaron de llegar las caravanas a Peshawar, explica. Y aunque estos cuentacuentos seguían narrando historias en pequeños grupos, poco a poco fueron suplantados por la radio y la televisión.

“Hoy en día, los contadores de historias han desaparecido. La gente no tiene tiempo de escucharlos. Y ahora tienen sus teléfonos celulares, las redes sociales”, constata Khwaja Safar Ali, mostrando su propio móvil: “Es esto lo que ahora cuenta las historias”.

Uno de los últimos narradores de Peshawar, nacido en 1934, murió recientemente, explica Jalil Ahmed, un guía que hasta hace poco llevaba a sus clientes hasta este cuentista. “Ahora, la única manera de ver a estos contadores será quizás en el cementerio”, se lamenta.

Lee también otros contenidos de Normal ⬇️

Local

Se inunda Centro Histórico tlaxcalteca pese a su reciente remodelación

Los trabajos recién entregados contemplan un nuevo sistema de drenaje pluvial y están al 97 %

Cultura

Hallazgos en Xochitécatl únicos en su tipo: INAH

Las figuras masculinas encontradas en la Pirámide Circular dan indicios de una sociedad de paridad de género en este periodo prehispánico

Local

Choferes: clases no mejoraron ingresos

Trabajadores de la educación cuentan con camiones de transporte que los trasladan a sus centros laborales

Local

Vuelve Tlaxcala al color amarillo del semáforo epidemiológico

Tras permanecer desde el 9 de agosto en naranja, el Gobierno Federal colocó a la entidad en el riesgo medio de contagio por Covid-19

Local

Se inunda Centro Histórico tlaxcalteca pese a su reciente remodelación

Los trabajos recién entregados contemplan un nuevo sistema de drenaje pluvial y están al 97 %

Política

Enrique Alfaro y Cabeza de Vaca violaron la veda durante Consulta Popular: TEPJF

Los mandatarios estatales emitieron obras públicas a través de sus redes sociales

Local

Derecho de la UATx aplica modelo híbrido

Operan bajo los protocolos de salud recomendados por las autoridades

Local

Cierran escuela para prevenir contagios

Determinaron cerrar la institución debido a que una docente presentó síntomas

Local

Ofrecen becas a alumnos de la UATx

La convocatoria estará abierta hasta el próximo 15 de octubre