/ domingo 14 de julio de 2019

SECRETO A VOCES

La muerte sin responsable visible…

La tragedia ahora es más fácil percibirla, por las fotografías. Óscar y Valeria (padre e hija, de origen salvadoreño), intentaron cruzar el río bravo y en el intento perdieron la vida, quedando sus cuerpos flotando en la ribera del río, boca abajo uno junto a otro.

La imagen del niño, de origen sirio, cuyo cuerpo reposa en las playas del mediterráneo, con las manos colocadas a lo largo del cuerpo y la cabeza colocada en una posición como si el destino hubiese guardado para él un descanso después de la tragedia.

La lectura, de las imágenes ya descritas, han sido interpretadas por los gobiernos locales (México y EU) e instituciones mundiales de manera muy apegada a un guion preconcebido de lo trágico: hombres y mujeres se enfrentan a un destino en el que fuerzas, aparentemente desconocidas, se oponen a sus intenciones y los conducen a sufrimientos imprevisibles, mismos que pueden incluir la muerte misma como en los ejemplos indicados.

Los cuerpos de las víctimas, y evidentemente no son las únicas, pero si las que recibieron mayor atención de la prensa, fueron trasladados a su país de origen, sin que exista ni siquiera por casualidad alguna denuncia que indague acerca de las responsabilidades por estos lamentables hechos. Simplemente, pareciera que, lo que priva es la supremacía de los discursos que hacen de una manera o de otra, responsables de la tragedia a los propios migrantes.

Parecería justo decir, aunque no lo es, que son responsables de lo que les ha ocurrido, porque nadie los obligó a que tomaran la decisión de salir de sus lugares de residencia. Existen versiones de que fuerzas asociadas a los procesos electorales norteamericanos se encuentran detrás de estos flujos migratorios. Se pueden leer las explicaciones de Alfredo Jalife en el periódico La Jornada y en redes sociales, uno de los intelectuales más influyentes de la corriente obradorista.

Para Trump, como lo dijo públicamente, son responsables de su propia muerte porque (aunque “odia las imágenes, según lo expresó), debería construirse el muro para evitar intentos por llegar a EU terminen en estas tragedias. El gobierno mexicano, extendió los apoyos de un fondo que se creó desde el año 2011 para apoyar al gobierno salvadoreño en la creación de infraestructura, lo que su puestamente detonará poco el empleo y detendrá la migración.

Lo cierto es que, recordando lo expresado por Giorgio Agamben con respecto al “homo sacer”, la muerte de millones de personas no tiene responsable visible. O, como diría el filósofo español Ortega y Gasset, se ha terminado con la armonía entre el derecho y la aplicación que hacían de la ley las minorías que, en el pasado liberal (antes del advenimiento de las masas), lograron cierto respeto y, por tanto, un equilibrio social, a través de una pulcra aplicación de la ley.

El “homo sacer”, es una figura que existió en el imperio romano. Se trata de personas que vivían en la periferia social y a las quienes se les podía juzgar por los delitos cometidos, pero no se les imponía un castigo como ahora ocurre con los sistemas punitivos actuales. Sin embargo, y aquí el detalle de todo este asunto, cualquier persona podía quitarle la vida al “homo sacer”, sin que eso implicara un castigo para el que cometía ese acto contra el sacer.

En la época actual existe una sacerización de la vida. Millones de seres humanos (como resultado de las políticas antisociales que se han aplicado en el mundo al recuperar el poder mundial las élites de las naciones capitalistas después de la caída del Muro de Berlín), urgidos por encontrar un lugar en donde poder sobrevivir, acuden o escuchan el canto en sus oídos acerca de la existencia de mejores condiciones de vida en lugares lejanos.

Los culpabilizan. Se empieza por calificarlos como atrasadas con el fin de asignarles un valor, como si no existieran fuerzas que ubicadas a millones de kilómetros inciden su vida cotidiana, como lo fueron las políticas desarrollistas que se aplicaron en la pasado y que, de la noche a la mañana, se terminaron porque a las élites mundiales se les ocurrió que ahora era el turno de la globalización, para luego acabar, aparentemente, con esta última de un plumazo como lo hizo Trump.

Se les condena como pobres. Las políticas económicas se han cristianizado. Han logrado que la mayoría de los migrantes asocien su condición de migrantes a las penosas condiciones en que algunos viven. Al ser clasificados como pobres se les hace interiorizar una condición que ellos mismos reproducen, convirtiéndose ellos mismos en víctimas inconscientes, dando pretexto para tratos discriminatorios.

Se crea una imagen de criminales. Las políticas económicas equivocadas que se han aplicado en el mundo, incluido México y América Central, han creado un bono de población útil tanto para que sean susceptibles de aceptar empleos mal pagados, logrando que la distribución de la riqueza socialmente creada se distribuya hacia los estratos ubicados en la parte alta de la escala social. Y no existe fuerza que pare esta dinámica, que avanza inexorablemente dejando una estela de crispación social.

Son los derrotados. El fin del comunismo ha sido desastrosa para el imaginario social, cuyas expectativas de vida de la población se limitan a un mundo lleno de miserias que ofrece el mercado y el individualismo malsano. Esta misma población a la que se le ha roto los eslabones del ascenso social, es la que sirve de fondo social de los grupos criminales, camino por el que la violencia penetra en la vida cotidiana de millones de seres humanos desarticulando su vida, derrotándolos de nueva cuenta.

Y cuando migran y encuentran la muerte, lo único que los acompaña es, cuando bien les va, un ataúd y el regreso a su país de origen. No hay culpables en la era que ha renovado al “homo sacer”, se le puede matar al sacer y no hay problema. ¿No sería mejor consejo que regresaran a sus países y reintentar poner orden en su propia nación?

La muerte sin responsable visible…

La tragedia ahora es más fácil percibirla, por las fotografías. Óscar y Valeria (padre e hija, de origen salvadoreño), intentaron cruzar el río bravo y en el intento perdieron la vida, quedando sus cuerpos flotando en la ribera del río, boca abajo uno junto a otro.

La imagen del niño, de origen sirio, cuyo cuerpo reposa en las playas del mediterráneo, con las manos colocadas a lo largo del cuerpo y la cabeza colocada en una posición como si el destino hubiese guardado para él un descanso después de la tragedia.

La lectura, de las imágenes ya descritas, han sido interpretadas por los gobiernos locales (México y EU) e instituciones mundiales de manera muy apegada a un guion preconcebido de lo trágico: hombres y mujeres se enfrentan a un destino en el que fuerzas, aparentemente desconocidas, se oponen a sus intenciones y los conducen a sufrimientos imprevisibles, mismos que pueden incluir la muerte misma como en los ejemplos indicados.

Los cuerpos de las víctimas, y evidentemente no son las únicas, pero si las que recibieron mayor atención de la prensa, fueron trasladados a su país de origen, sin que exista ni siquiera por casualidad alguna denuncia que indague acerca de las responsabilidades por estos lamentables hechos. Simplemente, pareciera que, lo que priva es la supremacía de los discursos que hacen de una manera o de otra, responsables de la tragedia a los propios migrantes.

Parecería justo decir, aunque no lo es, que son responsables de lo que les ha ocurrido, porque nadie los obligó a que tomaran la decisión de salir de sus lugares de residencia. Existen versiones de que fuerzas asociadas a los procesos electorales norteamericanos se encuentran detrás de estos flujos migratorios. Se pueden leer las explicaciones de Alfredo Jalife en el periódico La Jornada y en redes sociales, uno de los intelectuales más influyentes de la corriente obradorista.

Para Trump, como lo dijo públicamente, son responsables de su propia muerte porque (aunque “odia las imágenes, según lo expresó), debería construirse el muro para evitar intentos por llegar a EU terminen en estas tragedias. El gobierno mexicano, extendió los apoyos de un fondo que se creó desde el año 2011 para apoyar al gobierno salvadoreño en la creación de infraestructura, lo que su puestamente detonará poco el empleo y detendrá la migración.

Lo cierto es que, recordando lo expresado por Giorgio Agamben con respecto al “homo sacer”, la muerte de millones de personas no tiene responsable visible. O, como diría el filósofo español Ortega y Gasset, se ha terminado con la armonía entre el derecho y la aplicación que hacían de la ley las minorías que, en el pasado liberal (antes del advenimiento de las masas), lograron cierto respeto y, por tanto, un equilibrio social, a través de una pulcra aplicación de la ley.

El “homo sacer”, es una figura que existió en el imperio romano. Se trata de personas que vivían en la periferia social y a las quienes se les podía juzgar por los delitos cometidos, pero no se les imponía un castigo como ahora ocurre con los sistemas punitivos actuales. Sin embargo, y aquí el detalle de todo este asunto, cualquier persona podía quitarle la vida al “homo sacer”, sin que eso implicara un castigo para el que cometía ese acto contra el sacer.

En la época actual existe una sacerización de la vida. Millones de seres humanos (como resultado de las políticas antisociales que se han aplicado en el mundo al recuperar el poder mundial las élites de las naciones capitalistas después de la caída del Muro de Berlín), urgidos por encontrar un lugar en donde poder sobrevivir, acuden o escuchan el canto en sus oídos acerca de la existencia de mejores condiciones de vida en lugares lejanos.

Los culpabilizan. Se empieza por calificarlos como atrasadas con el fin de asignarles un valor, como si no existieran fuerzas que ubicadas a millones de kilómetros inciden su vida cotidiana, como lo fueron las políticas desarrollistas que se aplicaron en la pasado y que, de la noche a la mañana, se terminaron porque a las élites mundiales se les ocurrió que ahora era el turno de la globalización, para luego acabar, aparentemente, con esta última de un plumazo como lo hizo Trump.

Se les condena como pobres. Las políticas económicas se han cristianizado. Han logrado que la mayoría de los migrantes asocien su condición de migrantes a las penosas condiciones en que algunos viven. Al ser clasificados como pobres se les hace interiorizar una condición que ellos mismos reproducen, convirtiéndose ellos mismos en víctimas inconscientes, dando pretexto para tratos discriminatorios.

Se crea una imagen de criminales. Las políticas económicas equivocadas que se han aplicado en el mundo, incluido México y América Central, han creado un bono de población útil tanto para que sean susceptibles de aceptar empleos mal pagados, logrando que la distribución de la riqueza socialmente creada se distribuya hacia los estratos ubicados en la parte alta de la escala social. Y no existe fuerza que pare esta dinámica, que avanza inexorablemente dejando una estela de crispación social.

Son los derrotados. El fin del comunismo ha sido desastrosa para el imaginario social, cuyas expectativas de vida de la población se limitan a un mundo lleno de miserias que ofrece el mercado y el individualismo malsano. Esta misma población a la que se le ha roto los eslabones del ascenso social, es la que sirve de fondo social de los grupos criminales, camino por el que la violencia penetra en la vida cotidiana de millones de seres humanos desarticulando su vida, derrotándolos de nueva cuenta.

Y cuando migran y encuentran la muerte, lo único que los acompaña es, cuando bien les va, un ataúd y el regreso a su país de origen. No hay culpables en la era que ha renovado al “homo sacer”, se le puede matar al sacer y no hay problema. ¿No sería mejor consejo que regresaran a sus países y reintentar poner orden en su propia nación?