/ martes 9 de abril de 2024

Acociles, una especie con valor ecológico y alimentario en riesgo de desaparecer

Un estudio de 2022 muestra las razones por las que estos crustáceos podrían desaparecer de los ecosistemas mexicanos

De gran importancia ecológica y exquisito sabor al momento de degustarse, los acociles son una de las tantas especies que habitan los cuerpos de agua dulce mexicanos. Sin embargo, estudios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla señalan que estos indispensables crustáceos podrían desaparecer de los ecosistemas como consecuencia de la desecación.

Su nombre común proviene del náhuatl atl, que significa “agua” y cuitzilli o coitzilli, que hace referencia a que “se retuerce”. De esta forma, los antiguos pobladores mexicanos identificaron a la especie y aprovecharon su abundancia para integrarla a la dieta local.

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De acuerdo con las investigadoras Ariadne Hernández y Adriana Correa, el género al que pertenecen los acociles es particularmente importante para nuestro país, pues representa un tercio de las especies de crustáceos de agua dulce y, además, al menos la mitad de las 22 especies que integran este grupo son consideradas endémicas o nativas del territorio mexicano.

SU PAPEL EN EL ECOSISTEMA

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Al habitar en los cuerpos de agua dulce de baja profundidad, los acociles se alimentan de residuos sólidos y minúsculos organismos que habitan cerca del suelo. Su alimentación, en ese sentido, favorece la descomposición de los residuos orgánicos.

Por otra parte, son excelentes controladores poblacionales de peces y otras especies que habitan en pequeños ecosistemas, pues también comen huevos y larvas.

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A su vez, los acociles son el platillo principal de patos y otras aves, anfibios como los ajolotes y las ranas, peces de mayor tamaño, y por supuesto, de comunidades enteras de seres humanos que de manera histórica se han dedicado a recolectarlos.

FUENTE DE ALIMENTO

Se sabe que los antiguos mexicanos utilizaban el acocil como alimento en las ceremonias del decimoctavo mes del año, izcalli. Con él se preparaba un guiso denominado chalmulmulli, acompañado con tamales.

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Hasta hace unos años los pobladores recolectaban estos animalitos para cocinarlos directamente sobre el comal, pero hoy son muchas las formas de consumirlos. Por lo regular, hoy los acociles se encuentran cocidos en canastas de vendedores ambulantes o en los mercados.

Se comen cocidos y asados en tacos, con aguacate y cilantro, como botana con limón, sal y picante, de manera similar a los chapulines.

Como sea que se preparen, los crustáceos son un ingrediente latente de la gastronomía mexicana tradicional y, aunque su consumo ha disminuido en los últimos años, representan aún una fuente de proteína animal de alta calidad.

EL RIESGO DE SU DESAPARICIÓN

En nuestro país, la mayoría de las especies de acociles habitan en cuerpos de agua dulce situados a lo largo del centro y sur del país, que es considerada como una de las zonas en donde se concentra la mayor riqueza biológica de México, de acuerdo con las expertas de la BUAP.

Como consecuencia de la sequía y la contaminación, los ecosistemas donde habitan estos pequeños podrían desaparecer paulatinamente y su único medio para sobrevivir sería entonces producción por acuicultura que, aunque todavía no ha sido aprovechada comercialmente, es considerada como una actividad con gran potencial de desarrollo.

De gran importancia ecológica y exquisito sabor al momento de degustarse, los acociles son una de las tantas especies que habitan los cuerpos de agua dulce mexicanos. Sin embargo, estudios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla señalan que estos indispensables crustáceos podrían desaparecer de los ecosistemas como consecuencia de la desecación.

Su nombre común proviene del náhuatl atl, que significa “agua” y cuitzilli o coitzilli, que hace referencia a que “se retuerce”. De esta forma, los antiguos pobladores mexicanos identificaron a la especie y aprovecharon su abundancia para integrarla a la dieta local.

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De acuerdo con las investigadoras Ariadne Hernández y Adriana Correa, el género al que pertenecen los acociles es particularmente importante para nuestro país, pues representa un tercio de las especies de crustáceos de agua dulce y, además, al menos la mitad de las 22 especies que integran este grupo son consideradas endémicas o nativas del territorio mexicano.

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Al habitar en los cuerpos de agua dulce de baja profundidad, los acociles se alimentan de residuos sólidos y minúsculos organismos que habitan cerca del suelo. Su alimentación, en ese sentido, favorece la descomposición de los residuos orgánicos.

Por otra parte, son excelentes controladores poblacionales de peces y otras especies que habitan en pequeños ecosistemas, pues también comen huevos y larvas.

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FUENTE DE ALIMENTO

Se sabe que los antiguos mexicanos utilizaban el acocil como alimento en las ceremonias del decimoctavo mes del año, izcalli. Con él se preparaba un guiso denominado chalmulmulli, acompañado con tamales.

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Hasta hace unos años los pobladores recolectaban estos animalitos para cocinarlos directamente sobre el comal, pero hoy son muchas las formas de consumirlos. Por lo regular, hoy los acociles se encuentran cocidos en canastas de vendedores ambulantes o en los mercados.

Se comen cocidos y asados en tacos, con aguacate y cilantro, como botana con limón, sal y picante, de manera similar a los chapulines.

Como sea que se preparen, los crustáceos son un ingrediente latente de la gastronomía mexicana tradicional y, aunque su consumo ha disminuido en los últimos años, representan aún una fuente de proteína animal de alta calidad.

EL RIESGO DE SU DESAPARICIÓN

En nuestro país, la mayoría de las especies de acociles habitan en cuerpos de agua dulce situados a lo largo del centro y sur del país, que es considerada como una de las zonas en donde se concentra la mayor riqueza biológica de México, de acuerdo con las expertas de la BUAP.

Como consecuencia de la sequía y la contaminación, los ecosistemas donde habitan estos pequeños podrían desaparecer paulatinamente y su único medio para sobrevivir sería entonces producción por acuicultura que, aunque todavía no ha sido aprovechada comercialmente, es considerada como una actividad con gran potencial de desarrollo.

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