/ viernes 10 de mayo de 2024

Anatomía de lo social / ¡A mi madre!

Jamás en la vida encontraréis

ternura mejor y más desinteresada

que la de vuestra madre.

Honoré de Balzac


Más allá de las celebraciones permeadas de regalos y palabras usadas solamente en este día, aunque se debe reconocer, sin generalizar, la indiferencia de muchos en el resto de los días del año, dejando al 10 de mayo solamente como la oportunidad única para acercarse a esa mujer que siempre estará dispuesta a entregar parte de sí misma para ayudar a resolver cualquier problema de sus hijos; luego entonces, en retribución, aunque no sea el indicado, sirva este comentario como un homenaje de reconocimiento en el valioso papel desempeñado por ellas en esa lucha cotidiana, con el claro objetivo de lograr el bienestar de la familia, en independencia a sus circunstancias.

Después del día de la celebración, todavía, en algunos casos, se sigue con el festejo; flores, visitas y “Mañanitas”, simbolizan el amor de los hijos hacia su progenitora, después de eso todo volverá a la realidad, los deberes y obligaciones de costumbre, harán el llamado a su regreso, quedando la celebración como un evento más de la familia; sin embargo, vale la pena hacer una reflexión sobre esos breves espacios dedicados a esa persona que, en contrasentido, nos ha dedicado toda su vida, de tal manera que en retribución hagamos lo imposible para procurar manteneros cerca el mayor tiempo posible, porque ciertamente bien se lo merecen.

Cuando el cariño profesado a la madre rebasa lo material; poco queda para buscar un regalo que recompense los cuidados que recibimos en todas las etapas de nuestro desarrollo; en especial cuando se era niño, su protección siempre desmedida se manifestaba en cuanto había de enfrentarse a quien fuera con tal de que al hijo no lo maltrataran; de igual forma, cuando por alguna enfermedad habría que desvelarse para darle los medicamentos y esperar la recuperación del hijo enfermo, sin importarle que por esta razón su propia salud sufriera un quebranto por este tipo de razones.

Esta es la parte sentimental de la celebración, donde se acrecienta el vínculo, no solo de sangre que se establece entre la madre y los hijos, sino de ese amor filial característico de las mujeres; sin importar si el hijo tiene algún defecto en su anatomía física, o en aquellas cualidades que tienen los ajenos; lo importante es como la mirada maternal, borra cualquier defecto, convirtiéndonos en las personas perfectas; aunque en la realidad seamos el punto opuesto a esa perspectiva, llena de objetividad según el amor que nos dispensan.

Desde la perspectiva emocional, la celebración del día de la madre, se circunscribe, esencialmente al estímulo sentido, es decir, cuando el acontecimiento, real o rememorado mentalmente, desencadena una emoción y las respuestas automáticas correspondientes; en este contexto, así lo entiendo, festejar solo es un acto reflejo de aquello experimentado en otros momentos, o tal vez la imitación de aquellos que, conscientemente, cumplen con el requisito para las festejadas, provistos de ese amor que les asocia.

Desafortunadamente, lejos de los sentimientos y las emociones, se presenta un factor inevitable, el comercial, pues además de lo sentimental, lo emocional, se aprovecha la oportunidad para incrementar los precios en regalos, ni qué decir de los restaurantes con sus menús especiales, a sabiendas que en esos momentos no habrá reclamos por tal motivo, pues a los celebrantes poco les importaran los precios, al final, es solo una vez al año. Lo importante es desprenderse de lo que fuera necesario con tal de agradar a esa mujer que nos ha dado todo de manera desinteresada; circunstancia hábilmente aprovechada. Esto es lo que propicia que seamos sutilmente obligados a comprar lo que en sus vitrinas nos anuncian; esta parte también nos condiciona, pues la emoción de ese gasto sirve en la pretensión de hacernos parecer seres sentimentales, es decir, con el obsequio o el banquete se pretende sustituir lo que no se da en los más de trecientos días que componen todo el año.

En contrasentido, no es ir en contra de este tipo de eventos, ni de los obsequios, ni del valor de uso que eso representa; por el contrario, la oposición es en cuanto a que las celebraciones solo sirven de pretexto para olvidarse de los compromisos y obligaciones que se tienen, pues ni se involucra, ni se participa, solo se busca la forma de desatenderlos, y qué mejor momento que aprovechar lo socialmente establecido en el calendario.

Ahora bien, en independencia de los intereses particulares, del presupuesto designado para festejar a las mamás, de los lugares de recreación y esparcimiento para llevarlas al paseo, no debemos olvidar aspectos más importantes que nada tienen que ver con lo material, y es lo relativo a la nobleza del sentimiento y de las emociones bien encauzadas, pues no hay regalo, comida o flores que sustituyan todos los sacrificios hechos para y por nosotros; sin pensar siquiera si existen razones para ello, ese, en consecuencia, es el amor sin interés, el que no espera recompensas ni regalos, sino la gratitud y el reconocimiento por todo lo realizado.

En comentario especial, hoy me uno al recuerdo, junto con todos aquellos que hemos sufrido la pérdida material de ese ser tan especialmente querido y valorado y hasta el cielo, les podamos demostrar nuestra gratitud por tanto cariño que nos dieron en vida; por ello, aprovechando este espacio le mando a mi madre, Josefina Torres Huerta, que hace unos meses se fuera de este mundo terrenal, mi amor filial, por todas las prodigalidades que nos dio a todos sus hijos. Te guardaré en mi corazón por siempre, madre adorada.



Jamás en la vida encontraréis

ternura mejor y más desinteresada

que la de vuestra madre.

Honoré de Balzac


Más allá de las celebraciones permeadas de regalos y palabras usadas solamente en este día, aunque se debe reconocer, sin generalizar, la indiferencia de muchos en el resto de los días del año, dejando al 10 de mayo solamente como la oportunidad única para acercarse a esa mujer que siempre estará dispuesta a entregar parte de sí misma para ayudar a resolver cualquier problema de sus hijos; luego entonces, en retribución, aunque no sea el indicado, sirva este comentario como un homenaje de reconocimiento en el valioso papel desempeñado por ellas en esa lucha cotidiana, con el claro objetivo de lograr el bienestar de la familia, en independencia a sus circunstancias.

Después del día de la celebración, todavía, en algunos casos, se sigue con el festejo; flores, visitas y “Mañanitas”, simbolizan el amor de los hijos hacia su progenitora, después de eso todo volverá a la realidad, los deberes y obligaciones de costumbre, harán el llamado a su regreso, quedando la celebración como un evento más de la familia; sin embargo, vale la pena hacer una reflexión sobre esos breves espacios dedicados a esa persona que, en contrasentido, nos ha dedicado toda su vida, de tal manera que en retribución hagamos lo imposible para procurar manteneros cerca el mayor tiempo posible, porque ciertamente bien se lo merecen.

Cuando el cariño profesado a la madre rebasa lo material; poco queda para buscar un regalo que recompense los cuidados que recibimos en todas las etapas de nuestro desarrollo; en especial cuando se era niño, su protección siempre desmedida se manifestaba en cuanto había de enfrentarse a quien fuera con tal de que al hijo no lo maltrataran; de igual forma, cuando por alguna enfermedad habría que desvelarse para darle los medicamentos y esperar la recuperación del hijo enfermo, sin importarle que por esta razón su propia salud sufriera un quebranto por este tipo de razones.

Esta es la parte sentimental de la celebración, donde se acrecienta el vínculo, no solo de sangre que se establece entre la madre y los hijos, sino de ese amor filial característico de las mujeres; sin importar si el hijo tiene algún defecto en su anatomía física, o en aquellas cualidades que tienen los ajenos; lo importante es como la mirada maternal, borra cualquier defecto, convirtiéndonos en las personas perfectas; aunque en la realidad seamos el punto opuesto a esa perspectiva, llena de objetividad según el amor que nos dispensan.

Desde la perspectiva emocional, la celebración del día de la madre, se circunscribe, esencialmente al estímulo sentido, es decir, cuando el acontecimiento, real o rememorado mentalmente, desencadena una emoción y las respuestas automáticas correspondientes; en este contexto, así lo entiendo, festejar solo es un acto reflejo de aquello experimentado en otros momentos, o tal vez la imitación de aquellos que, conscientemente, cumplen con el requisito para las festejadas, provistos de ese amor que les asocia.

Desafortunadamente, lejos de los sentimientos y las emociones, se presenta un factor inevitable, el comercial, pues además de lo sentimental, lo emocional, se aprovecha la oportunidad para incrementar los precios en regalos, ni qué decir de los restaurantes con sus menús especiales, a sabiendas que en esos momentos no habrá reclamos por tal motivo, pues a los celebrantes poco les importaran los precios, al final, es solo una vez al año. Lo importante es desprenderse de lo que fuera necesario con tal de agradar a esa mujer que nos ha dado todo de manera desinteresada; circunstancia hábilmente aprovechada. Esto es lo que propicia que seamos sutilmente obligados a comprar lo que en sus vitrinas nos anuncian; esta parte también nos condiciona, pues la emoción de ese gasto sirve en la pretensión de hacernos parecer seres sentimentales, es decir, con el obsequio o el banquete se pretende sustituir lo que no se da en los más de trecientos días que componen todo el año.

En contrasentido, no es ir en contra de este tipo de eventos, ni de los obsequios, ni del valor de uso que eso representa; por el contrario, la oposición es en cuanto a que las celebraciones solo sirven de pretexto para olvidarse de los compromisos y obligaciones que se tienen, pues ni se involucra, ni se participa, solo se busca la forma de desatenderlos, y qué mejor momento que aprovechar lo socialmente establecido en el calendario.

Ahora bien, en independencia de los intereses particulares, del presupuesto designado para festejar a las mamás, de los lugares de recreación y esparcimiento para llevarlas al paseo, no debemos olvidar aspectos más importantes que nada tienen que ver con lo material, y es lo relativo a la nobleza del sentimiento y de las emociones bien encauzadas, pues no hay regalo, comida o flores que sustituyan todos los sacrificios hechos para y por nosotros; sin pensar siquiera si existen razones para ello, ese, en consecuencia, es el amor sin interés, el que no espera recompensas ni regalos, sino la gratitud y el reconocimiento por todo lo realizado.

En comentario especial, hoy me uno al recuerdo, junto con todos aquellos que hemos sufrido la pérdida material de ese ser tan especialmente querido y valorado y hasta el cielo, les podamos demostrar nuestra gratitud por tanto cariño que nos dieron en vida; por ello, aprovechando este espacio le mando a mi madre, Josefina Torres Huerta, que hace unos meses se fuera de este mundo terrenal, mi amor filial, por todas las prodigalidades que nos dio a todos sus hijos. Te guardaré en mi corazón por siempre, madre adorada.