/ sábado 18 de mayo de 2019

Británicos caminan al abismo sin su Brexit

Fracasa la negociación entre el gobierno y la oposición y May se ve un poco más cerca de la dimisión

PARIS – Gran Bretaña marcha como un sonámbulo hacia el desenlace del Brexit, un proceso en etapas que amenaza con desembocar en una catástrofe política de proporciones históricas.

Las elecciones europeas del 23 de mayo permitirán ver los primeros resultados que arroja la suma de los cuatro factores que dominaron la política británica en los últimos años: la impericia de la primera ministra Theresa May, las diabólicas maniobras del líder laborista Jeremy Corbin, las ambiciones colosales de algunos dirigentes conservadores y la irresponsabilidad de toda clase política.

El gran triunfador de esa batalla electoral será Nigel Farage, ex líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). Los sondeos pronostican que el Partido del Brexit, su nueva formación política creada hace apenas tres meses, surgirá de las urnas como la primera fuerza de Gran Bretaña con 28% de los votos delante del Partido Laborista (26%).

Esos resultados, en primer lugar, serán un verdadero desastre para los conservadores, que apenas cosecharán 14% de los votos y perderán dos tercios de su caudal electoral: uno de cada tres tories votará por el partido del Brexit. Una hecatombe similar amenaza a los laboristas, que perderán un tercio de sus electores, seducidos por la retórica xenófoba, anti-europea, racista e islamófoba de Nigel Farage.

En medio de las ruinas de su partido, Theresa May continúa actuando como si nada grave ocurriera. Sin ninguna autoridad sobre sus ministros, los diputados y el resto de su partido, su derrumbe terminó por paralizar toda acción de gobierno. El Parlamento no aprueba ninguna ley desde hace seis semanas y el debate más importante de la Cámara de los Comunes fue acerca de los animales salvajes en los circos.

Lo mismo ocurre en el laborismo. A fuerza de cultivar la ambigüedad sobre el Brexit y de apostar a los beneficios hipotéticos de una agonía prolongada de Theresa May, Corbyn se encuentra con la dirección de su partido dividida y la amenaza de una implosión de su base electoral.

El desenlace lógico de ese drama político —que por momentos tiene aspectos de comedia— se produjo el jueves último, cuando laboristas y conservadores admitieron el fracaso de las discusiones que celebraban desde hace un mes y medio para tratar de encontrar una salida a la crisis institucional provocada por el Brexit. “Las negociaciones fueron tan lejos como era posible”, comentó Corbyn, atribuyendo la responsabilidad de ese infortunio a la “creciente debilidad e inestabilidad” del gobierno.

En esas condiciones de extrema fragilidad, May acudirá por cuarta vez al Parlamento el 7 de junio para pedirles que acepten votar el acuerdo de Brexit que firmó en noviembre de 2018 con los otros 27 miembros de la Unión Europea (UE). Nadie duda de que el resultado será el mismo y, en ese caso, Gran Bretaña tendrá que resignarse a salir de Europa sin un acuerdo (no deal).

Después, sea cual fuere el resultado, Theresa May renunciará o, más precisamente, dará a conocer “un calendario para la elección de un nuevo líder del Partido Conservador”, es decir de un nuevo primer ministro. En Gran Bretaña, el jefe del partido que tiene la mayoría en los Comunes se convierte en jefe del gobierno.

La elección del nuevo líder debería ser anunciada antes del 29 de septiembre, primer día del congreso de los conservadores.

El procedimiento prevé que los diputados tories seleccionen dos candidatos y que los adherentes del partido voten para designar al vencedor. Uno de los grandes favoritos es el ex canciller Boris Johnson, que no cuenta con la preferencia de los diputados pero —si supera el filtro de la preselección— tiene grandes posibilidades, pues cuenta con la simpatía de la base partidaria.

El acuerdo que condujo a May a sacrificarse en el altar del Brexit fue concluido el jueves pasado durante un encuentro que mantuvo con los líderes de su partido. Hace meses que los barones conservadores la empujan hacia la puerta de salida, conscientes del daño que causa en el país el vacío político sideral que ha provocado su inacción y los vanos intentos de la primera ministra de ganar tiempo.

Las desmedidas ambiciones personales de todos esos animales políticos han tenido, naturalmente, un peso decisivo en la balanza. Hace tiempo que muchos de ellos piafan de impaciencia en la línea de salida.

El primero de todos es el ex canciller Boris Johnson, que lideró la campaña pro-Brexit en el referendo de 2016 junto con Nigel Farage. Pocos minutos después de la reunión con May, el excéntrico ex ministro de Relaciones Exteriores confirmó sus ambiciones: “Desde luego que me presentaré”, aseguró Johnson.

La sucesión de Theresa May no solo acentúa el clima de fin de reino que se vive en el país, sino que se produce en un momento de inquietante fragilidad del sistema político británico. Nunca fue tan evidente la impotencia de la clase política y del Parlamento, ambos en contradicción con la decisión del electorado de dejar la UE.

“Si Theresa May permanece en Downing Street, todo el país terminará con Valium”, escribió el diario de centro-izquierda The Guardian. Incluso el debate sobre el Brexit dejó de tener sentido. “Nadie tiene más nada que decir y, al mismo tiempo, solo existe el Brexit”, opinó a su vez The Times.

La confusión es tan grande que May solo parece confiar en el shock que podría provocar la victoria de Nigel Farage en las elecciones europeas para desencadenar una reacción de los diputados en favor del acuerdo de Brexit. Pero su anunciada renuncia debilita aun más su autoridad y acelera la carrera contrarreloj para su sucesión.

Si Bruselas se niega a renegociar el acuerdo firmado en noviembre, como pretende Johnson, el nuevo primer ministro se verá en un callejón sin salida y se verá obligado a organizar nuevas elecciones legislativas. El sistema uninominal a una vuelta podría en ese caso enfrentar a Johnson y Jeremy Corbyn. Entonces, es posible que el caos del Brexit termine en un duelo totalmente imprevisible, arbitrado por la extrema derecha súbitamente revitalizada que encarna Nigel Farage.

PARIS – Gran Bretaña marcha como un sonámbulo hacia el desenlace del Brexit, un proceso en etapas que amenaza con desembocar en una catástrofe política de proporciones históricas.

Las elecciones europeas del 23 de mayo permitirán ver los primeros resultados que arroja la suma de los cuatro factores que dominaron la política británica en los últimos años: la impericia de la primera ministra Theresa May, las diabólicas maniobras del líder laborista Jeremy Corbin, las ambiciones colosales de algunos dirigentes conservadores y la irresponsabilidad de toda clase política.

El gran triunfador de esa batalla electoral será Nigel Farage, ex líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). Los sondeos pronostican que el Partido del Brexit, su nueva formación política creada hace apenas tres meses, surgirá de las urnas como la primera fuerza de Gran Bretaña con 28% de los votos delante del Partido Laborista (26%).

Esos resultados, en primer lugar, serán un verdadero desastre para los conservadores, que apenas cosecharán 14% de los votos y perderán dos tercios de su caudal electoral: uno de cada tres tories votará por el partido del Brexit. Una hecatombe similar amenaza a los laboristas, que perderán un tercio de sus electores, seducidos por la retórica xenófoba, anti-europea, racista e islamófoba de Nigel Farage.

En medio de las ruinas de su partido, Theresa May continúa actuando como si nada grave ocurriera. Sin ninguna autoridad sobre sus ministros, los diputados y el resto de su partido, su derrumbe terminó por paralizar toda acción de gobierno. El Parlamento no aprueba ninguna ley desde hace seis semanas y el debate más importante de la Cámara de los Comunes fue acerca de los animales salvajes en los circos.

Lo mismo ocurre en el laborismo. A fuerza de cultivar la ambigüedad sobre el Brexit y de apostar a los beneficios hipotéticos de una agonía prolongada de Theresa May, Corbyn se encuentra con la dirección de su partido dividida y la amenaza de una implosión de su base electoral.

El desenlace lógico de ese drama político —que por momentos tiene aspectos de comedia— se produjo el jueves último, cuando laboristas y conservadores admitieron el fracaso de las discusiones que celebraban desde hace un mes y medio para tratar de encontrar una salida a la crisis institucional provocada por el Brexit. “Las negociaciones fueron tan lejos como era posible”, comentó Corbyn, atribuyendo la responsabilidad de ese infortunio a la “creciente debilidad e inestabilidad” del gobierno.

En esas condiciones de extrema fragilidad, May acudirá por cuarta vez al Parlamento el 7 de junio para pedirles que acepten votar el acuerdo de Brexit que firmó en noviembre de 2018 con los otros 27 miembros de la Unión Europea (UE). Nadie duda de que el resultado será el mismo y, en ese caso, Gran Bretaña tendrá que resignarse a salir de Europa sin un acuerdo (no deal).

Después, sea cual fuere el resultado, Theresa May renunciará o, más precisamente, dará a conocer “un calendario para la elección de un nuevo líder del Partido Conservador”, es decir de un nuevo primer ministro. En Gran Bretaña, el jefe del partido que tiene la mayoría en los Comunes se convierte en jefe del gobierno.

La elección del nuevo líder debería ser anunciada antes del 29 de septiembre, primer día del congreso de los conservadores.

El procedimiento prevé que los diputados tories seleccionen dos candidatos y que los adherentes del partido voten para designar al vencedor. Uno de los grandes favoritos es el ex canciller Boris Johnson, que no cuenta con la preferencia de los diputados pero —si supera el filtro de la preselección— tiene grandes posibilidades, pues cuenta con la simpatía de la base partidaria.

El acuerdo que condujo a May a sacrificarse en el altar del Brexit fue concluido el jueves pasado durante un encuentro que mantuvo con los líderes de su partido. Hace meses que los barones conservadores la empujan hacia la puerta de salida, conscientes del daño que causa en el país el vacío político sideral que ha provocado su inacción y los vanos intentos de la primera ministra de ganar tiempo.

Las desmedidas ambiciones personales de todos esos animales políticos han tenido, naturalmente, un peso decisivo en la balanza. Hace tiempo que muchos de ellos piafan de impaciencia en la línea de salida.

El primero de todos es el ex canciller Boris Johnson, que lideró la campaña pro-Brexit en el referendo de 2016 junto con Nigel Farage. Pocos minutos después de la reunión con May, el excéntrico ex ministro de Relaciones Exteriores confirmó sus ambiciones: “Desde luego que me presentaré”, aseguró Johnson.

La sucesión de Theresa May no solo acentúa el clima de fin de reino que se vive en el país, sino que se produce en un momento de inquietante fragilidad del sistema político británico. Nunca fue tan evidente la impotencia de la clase política y del Parlamento, ambos en contradicción con la decisión del electorado de dejar la UE.

“Si Theresa May permanece en Downing Street, todo el país terminará con Valium”, escribió el diario de centro-izquierda The Guardian. Incluso el debate sobre el Brexit dejó de tener sentido. “Nadie tiene más nada que decir y, al mismo tiempo, solo existe el Brexit”, opinó a su vez The Times.

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