/ viernes 6 de noviembre de 2020

Comer carne, un lujo para los Valencia Pérez

Por el momento no consumen comida chatarra, aunque sus hijos se lo pidan, debido a “la crisis por la que se pasa ahorita”

Celaya.- En la colonia Luis Donaldo Colosio, cuatro de los cinco integrantes de la familia Valencia Pérez viven en una casa construida con madera, lámina y dos cuartos de ladrillo; los padres Maribel Pérez y Arturo Valencia Soledad, han padecido a causa de la pandemia que ha azotado no solo a Celaya, sino al país y a todo el mundo.

Y es que, con la falta de trabajo ha sido difícil llevar el pan a la mesa, por lo que, la carne y en ocasiones los frijoles son un lujo que no siempre se pueden dar, a pesar de ello no se desaniman, sino que continúan trabajando para salir adelante, y es que, a decir del padre, su familia lo fortalece para “seguir, ni modo de quedarse cruzado de manos, hay que ir a buscar”.

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Arturo Valencia, quien tiene como oficio la albañilería, mencionó en entrevista con OEM que con la pandemia es difícil conseguir trabajo, y, por ende, llevar dinero al hogar, por lo que cuando se puede, trabaja tiempo extra.

Por su parte, Maribel Pérez, mencionó que en ocasiones apoya a su esposo económicamente acudiendo a los tianguis más cercanos a vender ropa, pero generalmente él le da 100 pesos para comprar lo que le alcance para las dos comidas que tienen al día, la primera a las 8:00 y la segunda de las 16:00 horas en adelante, dependiendo de la hora en que el padre de familia arribe a su hogar, ya que dijo “estamos acostumbrados a esperarlo a que llegue para comer todos juntos”.

Detalló que generalmente le alcanza para comprar sopa, tortilla, huevo, aceite, jitomate, entre otras verduras; mientras que, la carne e incluso en ocasiones el frijol, casi no lo consumen, ya que está muy caro. Indicó que lo que le sobra del almuerzo lo guarda y si queda poquito para la tarde, lo calienta por la mañana, ya que a veces no les alcanza para las dos comidas”.

En la mesa a veces hay refresco que les llevan sus sobrinos o vecinos, pero generalmente toman agua natural o de fruta. Por el momento no consumen comida chatarra, aunque sus hijos se lo pidan, debido a “la crisis por la que se pasa ahorita”.

La madre de familia dijo que cuando no tiene gas para cocinar en la estufa, lo hace en la parrilla de carbón o en el fogón, siendo que para este último donde debe recoger leña de enfrente de su casa o atrás de los árboles, pero los días que llueve, hace aire o frío y no hay posibilidad de prender lumbre de ninguna forma, opta por comprar bolillo para prepararles una torta.

En esta ocasión la madre de familia compró tostadas, jamón, crema y verdura para darles de comer por la mañana y la tarde. A partir de las 17:00 horas, sus hijos y las dos sobrinas que conviven con ellos mientras sus papás se van a trabajar, esperan a que llegue el esposo para poder empezar a comer.

Foto El Sol del Bajío

El más pequeño no pudo contener el hambre y a las 18:50 horas su mamá comenzó a prepararle de comer, pero a las 19:00 horas en punto, el padre de familia arribó y el pequeño, quien llevaba su segundo bocado, corrió a su encuentro sin importar que su rostro esté manchado de crema.

Posteriormente, la madre le sirvió a su otro hijo, a su sobrina, a su esposo y finalmente a ella.

Todos se sentaron entorno a la mesa, mientras el más pequeño continuó comiendo en el regazo de su padre y su hermano cambiaba de lugar con su plato para estar más a gusto.

La familia también compartió que en el hogar solo viven cuatro personas, ya que uno de sus hijos se queda con sus abuelos para realizar trabajos de carpintería. También indicaron que sus sobrinas colocan un puesto de churros y rifas afuera de su casa para ayudar a su familia.

Finalmente, la madre de familia indicó que aún no cuentan con drenaje, pero sí con servicios de luz y agua. Refirió que en últimas fechas han sentido el frío que entra por las rejas y ventanas que no tienen vidrio, sólo un mosquitero, lo cual le preocupa porque su hijo más pequeño enfermó hace tiempo de bronconeumonía y deben cuidarlo mucho, ante esto decidió colocar una cobija en la ventana y dormirse todos en un mismo cuarto para mantenerse calientitos, ya que “hasta cuando uno está dormido siente como entra el frío, hasta uno lo respira”.

➡️ Descarga aquí las historias de "Hambre. Donde come uno..."

Sin comida y a veces sin su familia

Irapuato.- En una casa de lámina, madera y algunos tabiques, es donde vive Engracia García Rodríguez de 75 años de edad, quien junto con una de su hijas, su yerno y sus tres nietos, dos niños y un adolescente, la pandemia llegó para dejarlos todavía más en la pobreza, pues no siempre tiene para comprar comida suficiente e incluso indispensable, como tortillas y leche; incluso, hay días en que almuerzan, comen y cenan lentejas.

Desde hace un año Engracia García Rodríguez quedó desempleaba, pues a pesar de su avanzada edad, ella se desempeñaba como despatadora de fresas en Irapuato; y aunque ha buscado trabajo, la pandemia le ha reducido considerablemente las oportunidades laborales, pues ahora su familia sólo depende de lo que gane el esposo de su hija, quien tiene el oficio de maestro albañil.

En su lugar, ella se queda al cuidado de sus nietos, dos niños y un adolescente, quienes tampoco pueden seguir estudiando, ya que no cuentan con internet y mucho menos computadora o teléfono celular para tener sus clases en línea, por lo que su mamá, la hija más joven de Engracia, les enseña lo poco que sabe, como sumar y leer.

Foto El Sol del Bajío

Por si fuera poco, la hora de la comida es a veces para Engracia el momento más difícil del día, pues hay ocasiones en que no tienen dinero ni para comprar tortillas, y cuando lo hay, prepara lo más sencillo, como lentejas, frijoles y huevo, pero sólo cuando el tanque de gas esta lleno, ya que también deben economizar en eso.

“Nos hemos visto muy complicado todo, ahorita estamos sin nada, hay veces que ni para tortillas tenemos, (...) los niños ya necesitan mucha ropa y calzado, ya andan de a tiro sin nada y a mi me apura mucho todo eso.

“Batallamos con la comida, más que nada con los niños porque hay que darles a ellos, uno como quiera se aguanta, pero los niños piden, no saben si hay o no hay, pero ahí la llevamos al pasito (...) algunas veces cocinamos frijoles, sopa, nopalitos, lo que alcanza, huevo esta caro pero lo tenemos que comprar, es una cosa más rápida y que gasta menos lumbre”.

De la leche ni se diga, los lecheros dejaron de existir desde hace tiempo en su zona, quienes vendían litros muy económicos y hasta más saludables, pues ahora Engracia tiene que buscar en las tiendas de abarrotes la leche más económica y en bolsa para poder alimentar a sus nietos, quienes son los únicos que la consumen.

Incluso, cuando tienen gas lo usan para hacer sopas, y se aguantan el gusto de comprar refresco, pues acompañan sus comidas con agua, café o agua de sabor, lo que sea más barato para toda la familia.

“En la tarde, se hace una sopa, chile con huevo revuelto y las tortillas, y si hay frijoles, pues frijoles, si no, pues una sopa de la que haya, de lo que caiga es bueno, el chiste es no quedarnos sin comer (...), en la cena, si sobra comida del medio día, la calentamos, es lo que cenamos ya revuelto con algún huevo o con tortillas, la sopa o frijoles y otra taza de café.

“Hay que arrimar lo que no se echa a perder y ver qué es lo que alcanza para los niños más que nada, a veces si arrimo dos o tres litros de leche, porque ya alcanza para unos días, les compro de pura bolsita porque la de caja esta muy cara, a mis niños son los que protejo más “.

Engracia contó que sus nietos en ocasiones le piden dinero para comprar comida chatarra, como churros, papitas o dulces; sin embargo, son raras las ocasiones en las que le sobran cinco pesos, pero cuando los tiene, se los da para que ellos puedan comprarse y disfrutar como el resto de los niños.

A pesar que algunos de sus hijos la apoyen con 100 o 200 pesos a lo mucho por semana, Engracia García Rodríguez aseguró que tiene la esperanza de que poco a poco vaya mejorando la situación, pues actualmente dos de sus 11 hijos le ayudan a construir un cuarto de ladrillos, y ella está a la espera de encontrar trabajo aún con la dificultad que implica a su edad.

Foto El Sol del Bajío

Además, dijo que le llega apoyo económico por parte del gobierno, que aunque no específico si era Federal o municipal, señaló que la ayuda le llega cada cuatro meses, y el pago que le esté próximo a llegar, lo invertirá para poner un puesto de frituras afuera de su casa, y así, poder tener recurso para su familia.

“Ahora que Dios me de licencia que me llegue un apoyito del gobierno, voy a surtir algo como frituras (...), con eso ya la llevaremos poco a poco”.

Con información de Karla Aguilera

Celaya.- En la colonia Luis Donaldo Colosio, cuatro de los cinco integrantes de la familia Valencia Pérez viven en una casa construida con madera, lámina y dos cuartos de ladrillo; los padres Maribel Pérez y Arturo Valencia Soledad, han padecido a causa de la pandemia que ha azotado no solo a Celaya, sino al país y a todo el mundo.

Y es que, con la falta de trabajo ha sido difícil llevar el pan a la mesa, por lo que, la carne y en ocasiones los frijoles son un lujo que no siempre se pueden dar, a pesar de ello no se desaniman, sino que continúan trabajando para salir adelante, y es que, a decir del padre, su familia lo fortalece para “seguir, ni modo de quedarse cruzado de manos, hay que ir a buscar”.

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Arturo Valencia, quien tiene como oficio la albañilería, mencionó en entrevista con OEM que con la pandemia es difícil conseguir trabajo, y, por ende, llevar dinero al hogar, por lo que cuando se puede, trabaja tiempo extra.

Por su parte, Maribel Pérez, mencionó que en ocasiones apoya a su esposo económicamente acudiendo a los tianguis más cercanos a vender ropa, pero generalmente él le da 100 pesos para comprar lo que le alcance para las dos comidas que tienen al día, la primera a las 8:00 y la segunda de las 16:00 horas en adelante, dependiendo de la hora en que el padre de familia arribe a su hogar, ya que dijo “estamos acostumbrados a esperarlo a que llegue para comer todos juntos”.

Detalló que generalmente le alcanza para comprar sopa, tortilla, huevo, aceite, jitomate, entre otras verduras; mientras que, la carne e incluso en ocasiones el frijol, casi no lo consumen, ya que está muy caro. Indicó que lo que le sobra del almuerzo lo guarda y si queda poquito para la tarde, lo calienta por la mañana, ya que a veces no les alcanza para las dos comidas”.

En la mesa a veces hay refresco que les llevan sus sobrinos o vecinos, pero generalmente toman agua natural o de fruta. Por el momento no consumen comida chatarra, aunque sus hijos se lo pidan, debido a “la crisis por la que se pasa ahorita”.

La madre de familia dijo que cuando no tiene gas para cocinar en la estufa, lo hace en la parrilla de carbón o en el fogón, siendo que para este último donde debe recoger leña de enfrente de su casa o atrás de los árboles, pero los días que llueve, hace aire o frío y no hay posibilidad de prender lumbre de ninguna forma, opta por comprar bolillo para prepararles una torta.

En esta ocasión la madre de familia compró tostadas, jamón, crema y verdura para darles de comer por la mañana y la tarde. A partir de las 17:00 horas, sus hijos y las dos sobrinas que conviven con ellos mientras sus papás se van a trabajar, esperan a que llegue el esposo para poder empezar a comer.

Foto El Sol del Bajío

El más pequeño no pudo contener el hambre y a las 18:50 horas su mamá comenzó a prepararle de comer, pero a las 19:00 horas en punto, el padre de familia arribó y el pequeño, quien llevaba su segundo bocado, corrió a su encuentro sin importar que su rostro esté manchado de crema.

Posteriormente, la madre le sirvió a su otro hijo, a su sobrina, a su esposo y finalmente a ella.

Todos se sentaron entorno a la mesa, mientras el más pequeño continuó comiendo en el regazo de su padre y su hermano cambiaba de lugar con su plato para estar más a gusto.

La familia también compartió que en el hogar solo viven cuatro personas, ya que uno de sus hijos se queda con sus abuelos para realizar trabajos de carpintería. También indicaron que sus sobrinas colocan un puesto de churros y rifas afuera de su casa para ayudar a su familia.

Finalmente, la madre de familia indicó que aún no cuentan con drenaje, pero sí con servicios de luz y agua. Refirió que en últimas fechas han sentido el frío que entra por las rejas y ventanas que no tienen vidrio, sólo un mosquitero, lo cual le preocupa porque su hijo más pequeño enfermó hace tiempo de bronconeumonía y deben cuidarlo mucho, ante esto decidió colocar una cobija en la ventana y dormirse todos en un mismo cuarto para mantenerse calientitos, ya que “hasta cuando uno está dormido siente como entra el frío, hasta uno lo respira”.

➡️ Descarga aquí las historias de "Hambre. Donde come uno..."

Sin comida y a veces sin su familia

Irapuato.- En una casa de lámina, madera y algunos tabiques, es donde vive Engracia García Rodríguez de 75 años de edad, quien junto con una de su hijas, su yerno y sus tres nietos, dos niños y un adolescente, la pandemia llegó para dejarlos todavía más en la pobreza, pues no siempre tiene para comprar comida suficiente e incluso indispensable, como tortillas y leche; incluso, hay días en que almuerzan, comen y cenan lentejas.

Desde hace un año Engracia García Rodríguez quedó desempleaba, pues a pesar de su avanzada edad, ella se desempeñaba como despatadora de fresas en Irapuato; y aunque ha buscado trabajo, la pandemia le ha reducido considerablemente las oportunidades laborales, pues ahora su familia sólo depende de lo que gane el esposo de su hija, quien tiene el oficio de maestro albañil.

En su lugar, ella se queda al cuidado de sus nietos, dos niños y un adolescente, quienes tampoco pueden seguir estudiando, ya que no cuentan con internet y mucho menos computadora o teléfono celular para tener sus clases en línea, por lo que su mamá, la hija más joven de Engracia, les enseña lo poco que sabe, como sumar y leer.

Foto El Sol del Bajío

Por si fuera poco, la hora de la comida es a veces para Engracia el momento más difícil del día, pues hay ocasiones en que no tienen dinero ni para comprar tortillas, y cuando lo hay, prepara lo más sencillo, como lentejas, frijoles y huevo, pero sólo cuando el tanque de gas esta lleno, ya que también deben economizar en eso.

“Nos hemos visto muy complicado todo, ahorita estamos sin nada, hay veces que ni para tortillas tenemos, (...) los niños ya necesitan mucha ropa y calzado, ya andan de a tiro sin nada y a mi me apura mucho todo eso.

“Batallamos con la comida, más que nada con los niños porque hay que darles a ellos, uno como quiera se aguanta, pero los niños piden, no saben si hay o no hay, pero ahí la llevamos al pasito (...) algunas veces cocinamos frijoles, sopa, nopalitos, lo que alcanza, huevo esta caro pero lo tenemos que comprar, es una cosa más rápida y que gasta menos lumbre”.

De la leche ni se diga, los lecheros dejaron de existir desde hace tiempo en su zona, quienes vendían litros muy económicos y hasta más saludables, pues ahora Engracia tiene que buscar en las tiendas de abarrotes la leche más económica y en bolsa para poder alimentar a sus nietos, quienes son los únicos que la consumen.

Incluso, cuando tienen gas lo usan para hacer sopas, y se aguantan el gusto de comprar refresco, pues acompañan sus comidas con agua, café o agua de sabor, lo que sea más barato para toda la familia.

“En la tarde, se hace una sopa, chile con huevo revuelto y las tortillas, y si hay frijoles, pues frijoles, si no, pues una sopa de la que haya, de lo que caiga es bueno, el chiste es no quedarnos sin comer (...), en la cena, si sobra comida del medio día, la calentamos, es lo que cenamos ya revuelto con algún huevo o con tortillas, la sopa o frijoles y otra taza de café.

“Hay que arrimar lo que no se echa a perder y ver qué es lo que alcanza para los niños más que nada, a veces si arrimo dos o tres litros de leche, porque ya alcanza para unos días, les compro de pura bolsita porque la de caja esta muy cara, a mis niños son los que protejo más “.

Engracia contó que sus nietos en ocasiones le piden dinero para comprar comida chatarra, como churros, papitas o dulces; sin embargo, son raras las ocasiones en las que le sobran cinco pesos, pero cuando los tiene, se los da para que ellos puedan comprarse y disfrutar como el resto de los niños.

A pesar que algunos de sus hijos la apoyen con 100 o 200 pesos a lo mucho por semana, Engracia García Rodríguez aseguró que tiene la esperanza de que poco a poco vaya mejorando la situación, pues actualmente dos de sus 11 hijos le ayudan a construir un cuarto de ladrillos, y ella está a la espera de encontrar trabajo aún con la dificultad que implica a su edad.

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Además, dijo que le llega apoyo económico por parte del gobierno, que aunque no específico si era Federal o municipal, señaló que la ayuda le llega cada cuatro meses, y el pago que le esté próximo a llegar, lo invertirá para poner un puesto de frituras afuera de su casa, y así, poder tener recurso para su familia.

“Ahora que Dios me de licencia que me llegue un apoyito del gobierno, voy a surtir algo como frituras (...), con eso ya la llevaremos poco a poco”.

Con información de Karla Aguilera

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