/ viernes 3 de noviembre de 2023

En Buensuceso y Xocoyucan alumbran el camino a los Fieles Difuntos

El reencuentro entre vivos y muertos tiene lugar el 1 y 2 de noviembre en panteones de Buensuceso y Xocoyucan

La fría noche del uno y la madrugada del dos de noviembre es iluminada con la tenue luz de las veladoras que marcan el camino de las almas de los fieles difuntos que parten del mundo terrenal, de quienes se tiene la creencia visitan de manera anual.

En Tlaxcala, la muerte se vuelve todo un ritual, es una oportunidad de reencuentro entre vivos y muertos para lograr la cercanía anhelada con quienes han abandonado el plano terrenal.

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Cada año, en las comunidades de San Isidro Buensuceso y San Diego Xocoyucan, municipios de San Pablo del Monte e Ixtacuixtla, respectivamente, no importa el incesante frío que “cala” hasta los huesos, pues familias completas acuden al camposanto a velar a sus muertos, despedirlos e iluminarles el camino para regresar a su lugar de reposo.

FESTEJARLE A LA MUERTE

Aunque la pérdida de un ser querido puede ser un golpe emocional muy fuerte, el reencuentro con aquellos que “se adelantaron en el camino” se vuelve en una fiesta.

Más información: ➡️ Familias inundan de nostalgia los panteones de Tlaxcala

El Día de Muertos los panteones de San Isidro Buensuceso y San Diego Xocoyucan son un “hervidero” de personas, las familias se concentran alrededor de las tumbas de sus seres queridos en las que los rezos, las pláticas, reflexiones, la música y el consumo de bebidas calientes o embriagantes no pueden faltar.

La cita está marcada en el calendario para los pobladores de estas demarcaciones que acuden desde el 31 de octubre o la tarde del 1 de noviembre para decorar con flores de cempasúchil y de terciopelo las tumbas en donde yacen los restos mortales de sus seres queridos.

Y del 1 para el 2 de noviembre el cementerio “se inunda” de recuerdos, risas, música de mariachi o banda, el aroma del copal que cubre el ambiente, fogatas y los anafres con ollas de café para aguantar el paso de las horas.

Te puede interesar: ➡️ Se reencuentran familias tlaxcaltecas con sus muertos

RECUERDO DE LOS SERES QUERIDOS MANTIENE HERIDAS

Con la muerte de sus dos hijos, Dominga Cacique Ayala sigue sin encontrar consuelo a su pérdida, al expresar: “cuando una madre muere se les dice huérfanos; cuando el esposo pierde la vida, somos viudas, pero cuando dos hijos mueren, no hay palabras”.

El primer golpe que recibió fue hace 17 años, cuando falleció su primer hijo, narró desde San Diego Xocoyucan, mientras prendía veladoras sobre las tumbas de sus dos descendientes.

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Aún no superaba el deceso de su primogénito, ocurrido el 30 de julio de 2007, cuando el 19 de enero de 2021 otro de sus hijos perdió la vida a causa de Covid-19, por eso mantiene vivas las tradiciones de su comunidad y acude al reencuentro de sus amados familiares.

El mariachi recorre los sepulcros para que quienes acuden a velar a sus muertos puedan dedicar las melodías preferidas. Julia, Indira, Javier, Keyla, Alexa, Víctor Hugo, Kaled Oruasi y Katy pagaron por cada canción solicitada una cuota de 150 pesos para recordar al profesor Mario Pulido Ortega.

Vestidos de con su tradicional traje de charro, los intérpretes de música vernácula arrancaron lágrimas a los presentes, con temas como “Mi querido viejo”, “Cuando yo quería ser grande” y “Tú y las nubes”.

Continúa leyendo: ➡️ En el olvido, 150 tumbas de Apizaco

VISITA AL PANTEÓN DE XOCOYUCAN ES UNA FIESTA

De generación en generación ha pasado la tradición de velar a los difuntos en el panteón de San Diego Xocoyucan para celebrar el Día de Muertos. El lugar es impregnado por el aroma del copal que, aseguraron, es usado para alejar los malos espíritus.

Los asistentes comparten pan, agua, comida típica, como mole pipián y tamales. También, cervezas, cigarrillos y tequila.

Apenas oscurece y todo es fiesta en recuerdo de las personas que se han adelantado. Las fogatas alumbraron y sosegaron del frío a los adultos mayores, mujeres, hombres, jóvenes y niños que se dieron cita en el lugar.

Te recomendamos: ➡️ Tras dos años de pandemia, se reencuentra la vida con la muerte

El misticismo de esta tradición envolvió el llanto de los asistentes, quienes rezaron y cantaron bajo la luz de la luna, fiel testigo de esta tradición que inició en la iglesia instalada en el centro de la comunidad, y posteriormente en 1992, fue trasladada al panteón de la comunidad.

Algunos sepulcros también han sido olvidados, aunque son los menos, pues todavía se percibe la alegría por recibir a los Fieles Difuntos, ofrecer una ofrenda y la nostalgia al despedirlos.

MANTIENE SAN ISIDRO BUENSUCESO VIVA LA TRADICIÓN

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Enclavada en las faldas de La Malinche se encuentra la comunidad de San Isidro Buensuceso, municipio de San Pablo del Monte, donde velar a sus difuntos es una tradición de arraigo que sigue siendo conservada por los pobladores y causando asombro entre miembros de otras comunidades.

En la parte más alta del pueblo se encuentra su actual panteón, en un terreno pedregoso que el 1 y 2 de noviembre se llena de personas y que solo es iluminado por la luz de las veladoras.

Las temperaturas que llegan a ser heladas para la gente que no es del lugar parecían no afectar a los habitantes, pues aún se observan mujeres que solo acuden con un reboso, ligeros vestidos con mandil a velar a sus muertos.

Lee también: ➡️ Cumplen familias tlaxcaltecas con sus difuntos

Otros con suéteres ligeros, jorongos para pasar la noche alrededor de las tumbas de sus difuntos. En el lugar se pueden escuchar las pláticas interminables en náhuatl, lengua materna que aún conservan los pobladores.

El olor de la comida satisface a propios y extraños, pues acuden a convivir y pasar un buen rato, el aroma del café y el copal impregnan el panteón.

A diferencia de Xocoyucan la música no es una constante, pero la convivencia y dedicación para pasar una noche en vela es admirable.

El 17 de abril de 1992 fue abierto el panteón de la comunidad de San Diego Xocoyucan, la primera persona sepultada fue Miquelina Ortega García.

Entérate: ➡️ ¿Cómo se celebra el Día de Muertos?

  • 2 velaciones hacen en San Isidro Buensuceso, una en la iglesia de la comunidad donde se encontraba el antiguo panteón y otra a las faldas de la Malinche.


*Con información de Tomás Baños

La fría noche del uno y la madrugada del dos de noviembre es iluminada con la tenue luz de las veladoras que marcan el camino de las almas de los fieles difuntos que parten del mundo terrenal, de quienes se tiene la creencia visitan de manera anual.

En Tlaxcala, la muerte se vuelve todo un ritual, es una oportunidad de reencuentro entre vivos y muertos para lograr la cercanía anhelada con quienes han abandonado el plano terrenal.

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Cada año, en las comunidades de San Isidro Buensuceso y San Diego Xocoyucan, municipios de San Pablo del Monte e Ixtacuixtla, respectivamente, no importa el incesante frío que “cala” hasta los huesos, pues familias completas acuden al camposanto a velar a sus muertos, despedirlos e iluminarles el camino para regresar a su lugar de reposo.

FESTEJARLE A LA MUERTE

Aunque la pérdida de un ser querido puede ser un golpe emocional muy fuerte, el reencuentro con aquellos que “se adelantaron en el camino” se vuelve en una fiesta.

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El Día de Muertos los panteones de San Isidro Buensuceso y San Diego Xocoyucan son un “hervidero” de personas, las familias se concentran alrededor de las tumbas de sus seres queridos en las que los rezos, las pláticas, reflexiones, la música y el consumo de bebidas calientes o embriagantes no pueden faltar.

La cita está marcada en el calendario para los pobladores de estas demarcaciones que acuden desde el 31 de octubre o la tarde del 1 de noviembre para decorar con flores de cempasúchil y de terciopelo las tumbas en donde yacen los restos mortales de sus seres queridos.

Y del 1 para el 2 de noviembre el cementerio “se inunda” de recuerdos, risas, música de mariachi o banda, el aroma del copal que cubre el ambiente, fogatas y los anafres con ollas de café para aguantar el paso de las horas.

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RECUERDO DE LOS SERES QUERIDOS MANTIENE HERIDAS

Con la muerte de sus dos hijos, Dominga Cacique Ayala sigue sin encontrar consuelo a su pérdida, al expresar: “cuando una madre muere se les dice huérfanos; cuando el esposo pierde la vida, somos viudas, pero cuando dos hijos mueren, no hay palabras”.

El primer golpe que recibió fue hace 17 años, cuando falleció su primer hijo, narró desde San Diego Xocoyucan, mientras prendía veladoras sobre las tumbas de sus dos descendientes.

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Aún no superaba el deceso de su primogénito, ocurrido el 30 de julio de 2007, cuando el 19 de enero de 2021 otro de sus hijos perdió la vida a causa de Covid-19, por eso mantiene vivas las tradiciones de su comunidad y acude al reencuentro de sus amados familiares.

El mariachi recorre los sepulcros para que quienes acuden a velar a sus muertos puedan dedicar las melodías preferidas. Julia, Indira, Javier, Keyla, Alexa, Víctor Hugo, Kaled Oruasi y Katy pagaron por cada canción solicitada una cuota de 150 pesos para recordar al profesor Mario Pulido Ortega.

Vestidos de con su tradicional traje de charro, los intérpretes de música vernácula arrancaron lágrimas a los presentes, con temas como “Mi querido viejo”, “Cuando yo quería ser grande” y “Tú y las nubes”.

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VISITA AL PANTEÓN DE XOCOYUCAN ES UNA FIESTA

De generación en generación ha pasado la tradición de velar a los difuntos en el panteón de San Diego Xocoyucan para celebrar el Día de Muertos. El lugar es impregnado por el aroma del copal que, aseguraron, es usado para alejar los malos espíritus.

Los asistentes comparten pan, agua, comida típica, como mole pipián y tamales. También, cervezas, cigarrillos y tequila.

Apenas oscurece y todo es fiesta en recuerdo de las personas que se han adelantado. Las fogatas alumbraron y sosegaron del frío a los adultos mayores, mujeres, hombres, jóvenes y niños que se dieron cita en el lugar.

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El misticismo de esta tradición envolvió el llanto de los asistentes, quienes rezaron y cantaron bajo la luz de la luna, fiel testigo de esta tradición que inició en la iglesia instalada en el centro de la comunidad, y posteriormente en 1992, fue trasladada al panteón de la comunidad.

Algunos sepulcros también han sido olvidados, aunque son los menos, pues todavía se percibe la alegría por recibir a los Fieles Difuntos, ofrecer una ofrenda y la nostalgia al despedirlos.

MANTIENE SAN ISIDRO BUENSUCESO VIVA LA TRADICIÓN

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Enclavada en las faldas de La Malinche se encuentra la comunidad de San Isidro Buensuceso, municipio de San Pablo del Monte, donde velar a sus difuntos es una tradición de arraigo que sigue siendo conservada por los pobladores y causando asombro entre miembros de otras comunidades.

En la parte más alta del pueblo se encuentra su actual panteón, en un terreno pedregoso que el 1 y 2 de noviembre se llena de personas y que solo es iluminado por la luz de las veladoras.

Las temperaturas que llegan a ser heladas para la gente que no es del lugar parecían no afectar a los habitantes, pues aún se observan mujeres que solo acuden con un reboso, ligeros vestidos con mandil a velar a sus muertos.

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Otros con suéteres ligeros, jorongos para pasar la noche alrededor de las tumbas de sus difuntos. En el lugar se pueden escuchar las pláticas interminables en náhuatl, lengua materna que aún conservan los pobladores.

El olor de la comida satisface a propios y extraños, pues acuden a convivir y pasar un buen rato, el aroma del café y el copal impregnan el panteón.

A diferencia de Xocoyucan la música no es una constante, pero la convivencia y dedicación para pasar una noche en vela es admirable.

El 17 de abril de 1992 fue abierto el panteón de la comunidad de San Diego Xocoyucan, la primera persona sepultada fue Miquelina Ortega García.

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  • 2 velaciones hacen en San Isidro Buensuceso, una en la iglesia de la comunidad donde se encontraba el antiguo panteón y otra a las faldas de la Malinche.


*Con información de Tomás Baños

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