/ jueves 29 de abril de 2021

Angustiante viaje de niñez migrante; sufren constante persecución

En los operativos son tratados como adultos y a veces son detenidos con el uso de armas de fuego, como delincuentes

En Apizaco, municipio de Tlaxcala que es paso obligatorio para los migrantes centroamericanos que buscan el llamado “sueño americano”, los niños no son ajenos a la persecución.3

Cuando son ubicados por policías municipales, estatales, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) o elementos de la Guardia Nacional, junto con su familia tienen que ingeniárselas para huir y no ser detenidos, de lo contrario son deportados a su país de origen, que abandonaron por diversas circunstancias.

Enrique se recupera de la herida en su mano derecha que se hizo al momento de huir/ Karla Muñetón | El Sol de Tlaxcala

Una vida precaria, pobreza extrema o el ambiente violento generado por pandillas son los principales motivos que orillan a personas de Centroamérica a dejar su país, en busca de un sitio que les permita sobrevivir dignamente.

Y es la niñez principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador la que hoy se enfrenta a una abrumadora situación: estar en otro país, sin su casa, sin sus amigos, sin estudiar y teniéndose que esconder de autoridades municipales, estatales y federales que no dan tregua a los niños.

Tan solo en Tlaxcala en los operativos de aseguramiento tratan por igual a niños, mujeres y adultos, y en algunas ocasiones son detenidos con el uso de armas de fuego, como si fueran delincuentes, compartió para El Sol de Tlaxcala Sergio Luna Cuatlapantzi, director de la organización civil “Un Mundo Una Nación”.

Y un ejemplo de ello es Enrique N., un niño hondureño de seis años de edad víctima de ese tipo de persecución, y a un mes de haber sufrido una caída mientras corría para no ser alcanzado por personal del INM, se recupera satisfactoriamente en la Casa del Migrante, ubicada en Apizaco.

Acompañado de su papá muestra a El Sol de Tlaxcala la herida en su mano derecha que se hizo en ese momento y que poco a poco sana, pero que estuvo a punto de perder hace algunas semanas de no haber recibido la atención médica.

Ahora espera que su mano esté completamente sana para, junto con su mamá, su papá y su hermana de nueve años, seguir su trayecto con dirección a la Ciudad de México, donde pedirán asilo.

En Apizaco, los niños migrantes no son ajenos a la persecución./ Karla Muñetón | El Sol de Tlaxcala

EL “VÍACRUCIS” DE ENRIQUE

Para el pequeño Enrique N. inició un “Víacrucis” a mediados de marzo, cuando sus papás decidieron abandonar su hogar en Honduras, su tierra natal, en busca de un mejor futuro y una vida digna.

Y si bien Enrique fue uno de los motivos que orilló a su papá a salir de ese país, la difícil decisión fue tomada luego de ser amenazado de muerte por un integrante de la Mara Salvatrucha.

Fue la mañana de un martes cuando dejaron su casa y salieron a la central de autobuses con dirección a Guatemala, país donde por primera vez su familia se enfrentó a un retén cuya única finalidad fue quitarles parte del poco dinero que llevaban, sin importarles que habían dejado su vida en Honduras precisamente por una precariedad económica.

A su corta edad tuvo que ingeniárselas para subirse a “La Bestia”, como es conocido el tren en el que viajan indocumentados; sin embargo, de madrugada les cayó un retén, por lo que en medio de la oscuridad junto con su familia se bajó para evitar ser detenido.

Ya en tierra, su familia y él esperaron la llegada de un nuevo tren, pero esta segunda vez tenían que treparse a la máquina en marcha, por lo que fue su papá el encargado de montarlo a él, a su hermana y a su mamá.

Aparentemente todo iba bien, pero unos kilómetros antes de llegar al municipio de Apizaco, donde harían una escala en el albergue, un nuevo operativo los hizo descender.

Ya abajo, mientras corrían para no ser detenidos por personal del INM, Enrique cayó entre las vías y una de las piedras se enterró en su mano, pero al estar huyendo no le fue revisada sino hasta que estuvieron a salvo, en una barranca a la que llegaron después de cruzar una carretera de dos carriles y en ambos sentidos.

En ese momento sus papás únicamente le retiraron la tierra de la herida y siguieron caminando hasta llegar a una casa en donde una señora, además de darles alimento, curó la herida del pequeño.

Su andar continuó sobre la orilla de la vía del tren, entre tierra y las inclemencias del sol, y acompañado de sus papás y su hermana llegó al albergue La Sagrada Familia, en Apizaco, la noche del sábado 17 de abril.

A partir de ese momento y después de 40 días de caminar, esconderse y hasta de padecer hambres, su mano fue atendida en un centro de salud en donde le diagnosticaron una fuerte infección que con varias curaciones fue combatida y su extremidad fue salvada.

“YO QUIERO DARLE UN BUEN FUTURO A MIS HIJOS”

Don José, padre del pequeño Enrique, contó a El Sol de Tlaxcala que salió de Honduras en busca de un mejor futuro para sus hijos.

“Dejamos nuestro país porque nos están matando poquito a poco y nuestras intenciones es velar por un mejor futuro para nuestros hijos, lo hacemos arriesgándolos a muchas situaciones de peligro”, expresó el joven de 28 años de edad.

Tras contar las peripecias que han sufrido a lo largo de más de un mes, como no haber comido por un buen rato, quedarse sin dinero, haber sido estafado en Veracruz por una mujer que le ofreció retirar por él 500 dólares que un amigo le envió, dijo estar agradecido por la salud de su hijo, quien estuvo a punto de perder su mano.

“Gracias al albergue que nos ayudó amablemente y pudimos darle la atención médica a mi niño, me otorgó el dinero para poder llevarlo al centro de salud para su revisión”, comentó.

Sin embargo, con tristeza e impotencia lamentó la crueldad con la que los migrantes, de todas las edades, son tratados en suelo mexicano por las autoridades.

NO HAY PROTOCOLOS PARA EL TRATO DE MENORES

Al respecto, Sergio Luna Cuatlapantzi, director de la organización civil “Un Mundo Una Nación”, lamentó que en Tlaxcala no existan protocolos adecuados que garanticen el respeto irrestricto a los derechos de niños y adolescentes migrantes en su paso por Apizaco durante los operativos de aseguramiento.

En entrevista, mencionó que han externado esa preocupación ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, la Procuraduría Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y el INM, sobre todo porque ellos como organización civil han documentado que en dichos operativos no hay acciones específicas para la protección de los menores.

Hemos comentado nuestra preocupación, pues en la detención incluso llegan a usarse armas de fuego y esto pone en riesgo y vulnerabilidad a los menores, expresó.

Añadió que durante estos operativos quienes participan y las autoridades estatales no consideran el impacto psicológico y emocional que para los niños representa ser detenidos, prácticamente como criminales, y que entonces quedan envueltos en procesos violentos de aseguramiento.

Según su registro, en lo que va del año el albergue La Sagrada Familia ha atendido a 289 menores de 17 años: 59 en enero, 65 en febrero, 96 en marzo y 69 en lo que va de abril.

EL APUNTE

Según su registro, en lo que va del año el albergue La Sagrada Familia ha atendido a 289 menores de 17 años: 59 en enero, 65 en febrero, 96 en marzo y 69 en lo que va de abril.

Hemos comentado nuestra preocupación, pues en la detención incluso llegan a usarse armas de fuego y esto pone en riesgo y vulnerabilidad a los menores

SERGIO LUNA / DIRECTOR DE ORGANIZACIÓN CIVIL

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En Apizaco, municipio de Tlaxcala que es paso obligatorio para los migrantes centroamericanos que buscan el llamado “sueño americano”, los niños no son ajenos a la persecución.3

Cuando son ubicados por policías municipales, estatales, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) o elementos de la Guardia Nacional, junto con su familia tienen que ingeniárselas para huir y no ser detenidos, de lo contrario son deportados a su país de origen, que abandonaron por diversas circunstancias.

Enrique se recupera de la herida en su mano derecha que se hizo al momento de huir/ Karla Muñetón | El Sol de Tlaxcala

Una vida precaria, pobreza extrema o el ambiente violento generado por pandillas son los principales motivos que orillan a personas de Centroamérica a dejar su país, en busca de un sitio que les permita sobrevivir dignamente.

Y es la niñez principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador la que hoy se enfrenta a una abrumadora situación: estar en otro país, sin su casa, sin sus amigos, sin estudiar y teniéndose que esconder de autoridades municipales, estatales y federales que no dan tregua a los niños.

Tan solo en Tlaxcala en los operativos de aseguramiento tratan por igual a niños, mujeres y adultos, y en algunas ocasiones son detenidos con el uso de armas de fuego, como si fueran delincuentes, compartió para El Sol de Tlaxcala Sergio Luna Cuatlapantzi, director de la organización civil “Un Mundo Una Nación”.

Y un ejemplo de ello es Enrique N., un niño hondureño de seis años de edad víctima de ese tipo de persecución, y a un mes de haber sufrido una caída mientras corría para no ser alcanzado por personal del INM, se recupera satisfactoriamente en la Casa del Migrante, ubicada en Apizaco.

Acompañado de su papá muestra a El Sol de Tlaxcala la herida en su mano derecha que se hizo en ese momento y que poco a poco sana, pero que estuvo a punto de perder hace algunas semanas de no haber recibido la atención médica.

Ahora espera que su mano esté completamente sana para, junto con su mamá, su papá y su hermana de nueve años, seguir su trayecto con dirección a la Ciudad de México, donde pedirán asilo.

En Apizaco, los niños migrantes no son ajenos a la persecución./ Karla Muñetón | El Sol de Tlaxcala

EL “VÍACRUCIS” DE ENRIQUE

Para el pequeño Enrique N. inició un “Víacrucis” a mediados de marzo, cuando sus papás decidieron abandonar su hogar en Honduras, su tierra natal, en busca de un mejor futuro y una vida digna.

Y si bien Enrique fue uno de los motivos que orilló a su papá a salir de ese país, la difícil decisión fue tomada luego de ser amenazado de muerte por un integrante de la Mara Salvatrucha.

Fue la mañana de un martes cuando dejaron su casa y salieron a la central de autobuses con dirección a Guatemala, país donde por primera vez su familia se enfrentó a un retén cuya única finalidad fue quitarles parte del poco dinero que llevaban, sin importarles que habían dejado su vida en Honduras precisamente por una precariedad económica.

A su corta edad tuvo que ingeniárselas para subirse a “La Bestia”, como es conocido el tren en el que viajan indocumentados; sin embargo, de madrugada les cayó un retén, por lo que en medio de la oscuridad junto con su familia se bajó para evitar ser detenido.

Ya en tierra, su familia y él esperaron la llegada de un nuevo tren, pero esta segunda vez tenían que treparse a la máquina en marcha, por lo que fue su papá el encargado de montarlo a él, a su hermana y a su mamá.

Aparentemente todo iba bien, pero unos kilómetros antes de llegar al municipio de Apizaco, donde harían una escala en el albergue, un nuevo operativo los hizo descender.

Ya abajo, mientras corrían para no ser detenidos por personal del INM, Enrique cayó entre las vías y una de las piedras se enterró en su mano, pero al estar huyendo no le fue revisada sino hasta que estuvieron a salvo, en una barranca a la que llegaron después de cruzar una carretera de dos carriles y en ambos sentidos.

En ese momento sus papás únicamente le retiraron la tierra de la herida y siguieron caminando hasta llegar a una casa en donde una señora, además de darles alimento, curó la herida del pequeño.

Su andar continuó sobre la orilla de la vía del tren, entre tierra y las inclemencias del sol, y acompañado de sus papás y su hermana llegó al albergue La Sagrada Familia, en Apizaco, la noche del sábado 17 de abril.

A partir de ese momento y después de 40 días de caminar, esconderse y hasta de padecer hambres, su mano fue atendida en un centro de salud en donde le diagnosticaron una fuerte infección que con varias curaciones fue combatida y su extremidad fue salvada.

“YO QUIERO DARLE UN BUEN FUTURO A MIS HIJOS”

Don José, padre del pequeño Enrique, contó a El Sol de Tlaxcala que salió de Honduras en busca de un mejor futuro para sus hijos.

“Dejamos nuestro país porque nos están matando poquito a poco y nuestras intenciones es velar por un mejor futuro para nuestros hijos, lo hacemos arriesgándolos a muchas situaciones de peligro”, expresó el joven de 28 años de edad.

Tras contar las peripecias que han sufrido a lo largo de más de un mes, como no haber comido por un buen rato, quedarse sin dinero, haber sido estafado en Veracruz por una mujer que le ofreció retirar por él 500 dólares que un amigo le envió, dijo estar agradecido por la salud de su hijo, quien estuvo a punto de perder su mano.

“Gracias al albergue que nos ayudó amablemente y pudimos darle la atención médica a mi niño, me otorgó el dinero para poder llevarlo al centro de salud para su revisión”, comentó.

Sin embargo, con tristeza e impotencia lamentó la crueldad con la que los migrantes, de todas las edades, son tratados en suelo mexicano por las autoridades.

NO HAY PROTOCOLOS PARA EL TRATO DE MENORES

Al respecto, Sergio Luna Cuatlapantzi, director de la organización civil “Un Mundo Una Nación”, lamentó que en Tlaxcala no existan protocolos adecuados que garanticen el respeto irrestricto a los derechos de niños y adolescentes migrantes en su paso por Apizaco durante los operativos de aseguramiento.

En entrevista, mencionó que han externado esa preocupación ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos, la Procuraduría Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y el INM, sobre todo porque ellos como organización civil han documentado que en dichos operativos no hay acciones específicas para la protección de los menores.

Hemos comentado nuestra preocupación, pues en la detención incluso llegan a usarse armas de fuego y esto pone en riesgo y vulnerabilidad a los menores, expresó.

Añadió que durante estos operativos quienes participan y las autoridades estatales no consideran el impacto psicológico y emocional que para los niños representa ser detenidos, prácticamente como criminales, y que entonces quedan envueltos en procesos violentos de aseguramiento.

Según su registro, en lo que va del año el albergue La Sagrada Familia ha atendido a 289 menores de 17 años: 59 en enero, 65 en febrero, 96 en marzo y 69 en lo que va de abril.

EL APUNTE

Según su registro, en lo que va del año el albergue La Sagrada Familia ha atendido a 289 menores de 17 años: 59 en enero, 65 en febrero, 96 en marzo y 69 en lo que va de abril.

Hemos comentado nuestra preocupación, pues en la detención incluso llegan a usarse armas de fuego y esto pone en riesgo y vulnerabilidad a los menores

SERGIO LUNA / DIRECTOR DE ORGANIZACIÓN CIVIL

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