/ viernes 10 de enero de 2020

Anatomía de lo Social | Ironías

La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe

Jacinto Benavente

A pocos días de haber iniciado el año, la intervención de las autoridades procuradoras de justicia, particularmente en los ámbitos de la corrupción, han destapado a uno de los personajes emblemáticos designado para combatir, según sus responsabilidades, a la delincuencia y, precisamente, la corrupción; ahora, en contrasentido, se le señala de haber tenido vínculos con los carteles de la droga, así como de recibir cantidades millonarias por permitir la actuación impune de quienes traficaban con estupefacientes.

Bajo el amparo de la ley y de los gobiernos en turno, el hoy señalado dirigió la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones; también secretario de Seguridad Pública, teniendo bajo su control a la Policía Federal, fue personaje importante en la guerra contra las drogas, cuya implementación propició se incrementarán los índices de homicidios vinculados a las actividades ilícitas descritas anteriormente.

Tampoco se pueden soslayar algunos de los montajes hechos para mantener cautiva a la población y exhibir a la dependencia que dirigía como una institución seria y comprometida con sus obligaciones; así se trataron los casos de una persona de nacionalidad francesa acusada de secuestro, el secuestro y homicidio del hijo de un prominente empresario dedicado a vender ropa deportiva, y el caso del secuestro de un destacado entrenador de un equipo de futbol profesional, donde la resolución de estos asuntos sirvieron para ensalzar las labores de investigación, así como del titular de la secretaría de seguridad.

Bajo estas consideraciones, se han evidenciado, según la vox populi, la respuesta a uno de los ofrecimientos hechos por el actual presidente de enfrentar la corrupción, sin importar las personas ni los altos cargos desempeñados en la función pública, sin embargo, más allá de lo realizado, desde los señalamientos y las detenciones de funcionarios corruptos, se abren otro tipo de posibilidades; por ejemplo, la condición implícita en la que pudieran encontrarse los juzgadores que abusen de su papel y se vean implicados en actos de corrupción en el recibimiento de cualquier tipo de prebendas, igual de aquellos que declaren falsamente y con sus declaraciones se castigue a personas ajenas al delito o delitos que se les imputen.

De ahí la importancia también de revisar cuidadosamente la experiencia de aquellos cuyo nombramiento sea la de un auténtico servidor público, pues en sus manos estarán las resoluciones para sancionar, en caso de ser así necesario, o bien la de declarar la inocencia de los supuestos delincuentes; desde luego, este criterio no parece nada sencillo, pues muchas veces el curriculum vitae se hace de lado cuando las tentaciones aparecen.

Nuevamente, como para ejemplificar el comentario, el exfuncionario, hoy acusado y detenido, fue secretario de Seguridad Pública, aunque su formación profesional, ingeniero mecánico, nada tenía que ver con asuntos de justicia, fungió como titular de la Agencia Federal de Investigaciones; en marzo de 2007 presentó la Estrategia Integral para la Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia. Se desempeñó como jefe del Departamento de Investigación Técnica de la Dirección de Servicios Técnicos e investigador de asuntos extranjeros dentro del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), entre otros tantos cargos desempeñados. En un momento, fue aspirante a dirigir la Interpol, siendo candidato al puesto en el año 2004.

Aunque solo pareciera ser una parte de un engrane en este perverso comportamiento, le corresponderá asumir la responsabilidad de su actuación, pues ahora no tiene ni poder ni autoridad para escribir otra historia donde él aparezca como el redentor y protector de las causas perdidas; seguramente, aunque pueda darse un acuerdo con las autoridades que lo tienen retenido, el escandalo ya está hecho, si hubiera otros actores, tal vez, en su oportunidad, deberán llamarse a cuentas.

En una postura diplomática, se presume la posibilidad de encontrar responsabilidades compartidas entre los gobiernos intervinientes, aunque todavía quedará en suspenso la realidad y el señalamiento de otros personajes que pudieran haber protegido al exfuncionario federal.

La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe

Jacinto Benavente

A pocos días de haber iniciado el año, la intervención de las autoridades procuradoras de justicia, particularmente en los ámbitos de la corrupción, han destapado a uno de los personajes emblemáticos designado para combatir, según sus responsabilidades, a la delincuencia y, precisamente, la corrupción; ahora, en contrasentido, se le señala de haber tenido vínculos con los carteles de la droga, así como de recibir cantidades millonarias por permitir la actuación impune de quienes traficaban con estupefacientes.

Bajo el amparo de la ley y de los gobiernos en turno, el hoy señalado dirigió la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones; también secretario de Seguridad Pública, teniendo bajo su control a la Policía Federal, fue personaje importante en la guerra contra las drogas, cuya implementación propició se incrementarán los índices de homicidios vinculados a las actividades ilícitas descritas anteriormente.

Tampoco se pueden soslayar algunos de los montajes hechos para mantener cautiva a la población y exhibir a la dependencia que dirigía como una institución seria y comprometida con sus obligaciones; así se trataron los casos de una persona de nacionalidad francesa acusada de secuestro, el secuestro y homicidio del hijo de un prominente empresario dedicado a vender ropa deportiva, y el caso del secuestro de un destacado entrenador de un equipo de futbol profesional, donde la resolución de estos asuntos sirvieron para ensalzar las labores de investigación, así como del titular de la secretaría de seguridad.

Bajo estas consideraciones, se han evidenciado, según la vox populi, la respuesta a uno de los ofrecimientos hechos por el actual presidente de enfrentar la corrupción, sin importar las personas ni los altos cargos desempeñados en la función pública, sin embargo, más allá de lo realizado, desde los señalamientos y las detenciones de funcionarios corruptos, se abren otro tipo de posibilidades; por ejemplo, la condición implícita en la que pudieran encontrarse los juzgadores que abusen de su papel y se vean implicados en actos de corrupción en el recibimiento de cualquier tipo de prebendas, igual de aquellos que declaren falsamente y con sus declaraciones se castigue a personas ajenas al delito o delitos que se les imputen.

De ahí la importancia también de revisar cuidadosamente la experiencia de aquellos cuyo nombramiento sea la de un auténtico servidor público, pues en sus manos estarán las resoluciones para sancionar, en caso de ser así necesario, o bien la de declarar la inocencia de los supuestos delincuentes; desde luego, este criterio no parece nada sencillo, pues muchas veces el curriculum vitae se hace de lado cuando las tentaciones aparecen.

Nuevamente, como para ejemplificar el comentario, el exfuncionario, hoy acusado y detenido, fue secretario de Seguridad Pública, aunque su formación profesional, ingeniero mecánico, nada tenía que ver con asuntos de justicia, fungió como titular de la Agencia Federal de Investigaciones; en marzo de 2007 presentó la Estrategia Integral para la Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia. Se desempeñó como jefe del Departamento de Investigación Técnica de la Dirección de Servicios Técnicos e investigador de asuntos extranjeros dentro del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), entre otros tantos cargos desempeñados. En un momento, fue aspirante a dirigir la Interpol, siendo candidato al puesto en el año 2004.

Aunque solo pareciera ser una parte de un engrane en este perverso comportamiento, le corresponderá asumir la responsabilidad de su actuación, pues ahora no tiene ni poder ni autoridad para escribir otra historia donde él aparezca como el redentor y protector de las causas perdidas; seguramente, aunque pueda darse un acuerdo con las autoridades que lo tienen retenido, el escandalo ya está hecho, si hubiera otros actores, tal vez, en su oportunidad, deberán llamarse a cuentas.

En una postura diplomática, se presume la posibilidad de encontrar responsabilidades compartidas entre los gobiernos intervinientes, aunque todavía quedará en suspenso la realidad y el señalamiento de otros personajes que pudieran haber protegido al exfuncionario federal.

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