/ martes 17 de abril de 2018

El Tintero

Comicios tranquilos, sí, pero sin dormirse en sus laureles

  • Para fortuna nuestra no tenemos un obispo que dialogue y negocie con delincuentes, tampoco campañas de odio entre los diferentes partidos o candidatos que terminen asesinados, ni discursos que inciten a la violencia y hagan apología del delito


En el tema de la inseguridad, por primera tiene razón Tito Cervantes Zepeda, secretario de Gobierno, cuando sostiene que las elecciones en Tlaxcala serán pacíficas y tranquilas, de ahí que no será necesario solicitar el apoyo del Ejército para que, el día de las votaciones, patrulle las calles

Y eso sale a colación porque el pasado fin de semana asesinaron a otro alcalde, ahora en Jalisco. Juan Carlos Andrade Magaña, munícipe con licencia de Jilotlán de los Dolores, era candidato del Movimiento Ciudadano y buscaba la reelección.

Las cifras de autoridades asesinadas realmente son alarmantes. Nadie se salva de la delincuencia común y organizada.

Según la prensa nacional, en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, 22 alcaldes electos y en funciones fueron asesinados, mientras que en lo que va del sexenio del priista Enrique Peña Nieto ya van 44 casos.

Ciertamente, en procesos electorales, Tlaxcala no ha sido golpeada por actos de violencia contra los candidatos a los diferentes cargos de elección popular.

Quizá el caso más sonado fue en 1998 cuando balearon en Xaloztoc una de las camionetas que usaba Alfonso Sánchez Anaya, entonces candidato de la Alianza PRD-PT-PVEM y PCDT al gobierno de Tlaxcala. Nadie supo más ni hubo detenidos, pero el hecho obligó al entonces opositor a redoblar su seguridad.

Y recientemente las tribus rijosas del PRD se dieron hasta con las sillas en un Congreso en el que iban a designar a sus respectivos abanderados. Los casos de violencia aquí tienen que ver con los resultados electorales, es decir, cuando la gente no acepta el conteo de la autoridad al grado de que han llegado a quemar urnas.

Antes de la llegada de las redes sociales, en campañas se pegaban a través de los planfletos que eran arrojados en la noche para descalificar a un aspirante a presidente de comunidad, alcalde, diputado y gobernador.

Ahora, con el uso del Facebook y Twitter –sistemas de comunicación que no son regulados por la ley en la materia- las cosas cambiaron, pues hay una permanente guerra sucia a nivel de memes y, en muchos de los casos, ahora sí se saben los nombres y apellidos de los autores y de quienes los reproducen.

Pero tampoco se trata de confiarse. La delincuencia sigue haciendo de las suyas y si bien no ha hallado aquí en las campañas electorales tierra fértil para cometer fechorías, la tenemos presente todos los días.

Lo que sí debería ocupar al responsable de la política interna el Estado es que el nivel de violencia en Tlaxcala esté subiendo de tono.

Ante la falta de una estrategia real para combatir al hampa la gente solo piensa en una cosa: hacerse justicia por mano propia y, el problema es que, ante una turba enardecida, las policías estatal y municipales simplemente no saben qué hacer.

Lo deseable, desde luego, es que en campañas y el día de las votaciones no haya actos violentos que provoquen temor entre la gente.

Pero no solo eso, la población debe tener la certeza de que no solo irá a las urnas a votar por el partido y candidato de su preferencia, sino que su decisión será respetada.

Para fortuna nuestra no tenemos un obispo que dialogue y negocie con delincuentes, campañas de odio entre los diferentes partidos o candidatos que terminen asesinados, como también discursos que inciten a la violencia y hagan apología del delito.

Eso sí, mal haría el gobierno estatal en cruzarse de manos y esperar a la voluntad de Dios o dormirse en sus laureles en este tema. Al tiempo.

******************

EPÍLOGO…

1.- FALSO… El alcalde de Apetititlán, Eloy Reyes Juárez, es un mentiroso. En campaña ofreció que gestionaría recursos ante el Congreso de la Unión y presentaría un proyecto para crear puentes en la carretera México-Veracruz, tramo Tizatlán-Apizaco y es la hora que no ha hecho nada. Bueno, ni el tema volvió a tocar. Lo olvidó a pesar de que en esa zona que forma parte de la jurisdicción que gobierna, no hay día que no haya accidentes viales, muchas veces con consecuencias fatales. Su promesa simplemente fue a parar al cesto de la basura.

2.- EL QUE NO QUIERE IRSE… A Edgar Tlapale ya le gustó seguir al frente del Sindicato “7 de Mayo”. Desde hace 14 días ya no debería continuar como dirigente, está violando la ley.

El Congreso y cambio de miembros de ese ente se dio el 3 de abril de 2014 y debió culminar en 2018.

Pero este año los nombramientos –para que siguiera en el puesto- no se dieron al seno de ese ente y por voto de la mayoría, sino que fueron otorgados con el dedo divino de Tlapale, lo que constituye una clara violación a los estatutos de ese gremio.

¡Hasta el próximo martes!


Comicios tranquilos, sí, pero sin dormirse en sus laureles

  • Para fortuna nuestra no tenemos un obispo que dialogue y negocie con delincuentes, tampoco campañas de odio entre los diferentes partidos o candidatos que terminen asesinados, ni discursos que inciten a la violencia y hagan apología del delito


En el tema de la inseguridad, por primera tiene razón Tito Cervantes Zepeda, secretario de Gobierno, cuando sostiene que las elecciones en Tlaxcala serán pacíficas y tranquilas, de ahí que no será necesario solicitar el apoyo del Ejército para que, el día de las votaciones, patrulle las calles

Y eso sale a colación porque el pasado fin de semana asesinaron a otro alcalde, ahora en Jalisco. Juan Carlos Andrade Magaña, munícipe con licencia de Jilotlán de los Dolores, era candidato del Movimiento Ciudadano y buscaba la reelección.

Las cifras de autoridades asesinadas realmente son alarmantes. Nadie se salva de la delincuencia común y organizada.

Según la prensa nacional, en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, 22 alcaldes electos y en funciones fueron asesinados, mientras que en lo que va del sexenio del priista Enrique Peña Nieto ya van 44 casos.

Ciertamente, en procesos electorales, Tlaxcala no ha sido golpeada por actos de violencia contra los candidatos a los diferentes cargos de elección popular.

Quizá el caso más sonado fue en 1998 cuando balearon en Xaloztoc una de las camionetas que usaba Alfonso Sánchez Anaya, entonces candidato de la Alianza PRD-PT-PVEM y PCDT al gobierno de Tlaxcala. Nadie supo más ni hubo detenidos, pero el hecho obligó al entonces opositor a redoblar su seguridad.

Y recientemente las tribus rijosas del PRD se dieron hasta con las sillas en un Congreso en el que iban a designar a sus respectivos abanderados. Los casos de violencia aquí tienen que ver con los resultados electorales, es decir, cuando la gente no acepta el conteo de la autoridad al grado de que han llegado a quemar urnas.

Antes de la llegada de las redes sociales, en campañas se pegaban a través de los planfletos que eran arrojados en la noche para descalificar a un aspirante a presidente de comunidad, alcalde, diputado y gobernador.

Ahora, con el uso del Facebook y Twitter –sistemas de comunicación que no son regulados por la ley en la materia- las cosas cambiaron, pues hay una permanente guerra sucia a nivel de memes y, en muchos de los casos, ahora sí se saben los nombres y apellidos de los autores y de quienes los reproducen.

Pero tampoco se trata de confiarse. La delincuencia sigue haciendo de las suyas y si bien no ha hallado aquí en las campañas electorales tierra fértil para cometer fechorías, la tenemos presente todos los días.

Lo que sí debería ocupar al responsable de la política interna el Estado es que el nivel de violencia en Tlaxcala esté subiendo de tono.

Ante la falta de una estrategia real para combatir al hampa la gente solo piensa en una cosa: hacerse justicia por mano propia y, el problema es que, ante una turba enardecida, las policías estatal y municipales simplemente no saben qué hacer.

Lo deseable, desde luego, es que en campañas y el día de las votaciones no haya actos violentos que provoquen temor entre la gente.

Pero no solo eso, la población debe tener la certeza de que no solo irá a las urnas a votar por el partido y candidato de su preferencia, sino que su decisión será respetada.

Para fortuna nuestra no tenemos un obispo que dialogue y negocie con delincuentes, campañas de odio entre los diferentes partidos o candidatos que terminen asesinados, como también discursos que inciten a la violencia y hagan apología del delito.

Eso sí, mal haría el gobierno estatal en cruzarse de manos y esperar a la voluntad de Dios o dormirse en sus laureles en este tema. Al tiempo.

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EPÍLOGO…

1.- FALSO… El alcalde de Apetititlán, Eloy Reyes Juárez, es un mentiroso. En campaña ofreció que gestionaría recursos ante el Congreso de la Unión y presentaría un proyecto para crear puentes en la carretera México-Veracruz, tramo Tizatlán-Apizaco y es la hora que no ha hecho nada. Bueno, ni el tema volvió a tocar. Lo olvidó a pesar de que en esa zona que forma parte de la jurisdicción que gobierna, no hay día que no haya accidentes viales, muchas veces con consecuencias fatales. Su promesa simplemente fue a parar al cesto de la basura.

2.- EL QUE NO QUIERE IRSE… A Edgar Tlapale ya le gustó seguir al frente del Sindicato “7 de Mayo”. Desde hace 14 días ya no debería continuar como dirigente, está violando la ley.

El Congreso y cambio de miembros de ese ente se dio el 3 de abril de 2014 y debió culminar en 2018.

Pero este año los nombramientos –para que siguiera en el puesto- no se dieron al seno de ese ente y por voto de la mayoría, sino que fueron otorgados con el dedo divino de Tlapale, lo que constituye una clara violación a los estatutos de ese gremio.

¡Hasta el próximo martes!


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