/ domingo 8 de agosto de 2021

Secreto a voces | 7 millones de votos, ¿qué significa?

Por donde quiera que se le quiera ver la consulta sobre el juicio a los ex presidentes ha resultado un éxito, incluido el mensaje que está implícito en los resultados de la misma: el pueblo no quiere juzgar a los ex presidentes. El INE siguió cumpliendo con el triste papel de ser un obstáculo a la democracia pero independientemente de ello, la población en general se abstuvo de acudir a las urnas enviando un mensaje muy claro al respecto: dejar el espejo retrovisor en casa, ver siempre para adelante.


Podríamos decir que la mayoría de la población estuvo de acuerdo con Obrador, quien ha repetido que su fuerte no es la venganza y que si el pueblo quiere juzgar a los ex presidentes pues que lleve a cabo los ejercicios necesarios para lograrlo, pero que él, aunque apoya, prefiere no verse como una persona vengativa. Si AMLO se posicionó de esa manera, creo que la población o un segmento de ella, un sector mayoritario de los obradoristas se plegaron a ese mensaje o lo compartieron.


Creo que Obrador ha hecho una lectura adecuada del sentir de la población no porque haya salido a la calle a preguntar o conocer encuestas de antemano, no. Es olfato político, el sentido de su obra ha sido la lucha pacífica porque sabe que el pueblo no está dispuesto a convertirse en mártir de nadie, no por lo menos en las últimas décadas. La población y sus líderes, entre ellos Obrador, saben por dónde pueden caminar y por dónde pueden alejarse uno de otro.


Los ex presidentes no son solamente los ex presidentes. Son una hiper mafia, lo que le sigue a la “mafia del poder”. Son los socios políticos de las élites locales y del exterior, son el eslabón o cordón umbilical de las élites tipo Soros y compañía. De ahí la importancia o desafío que significó la consulta y el valor de AMLO para darle paso y respaldarla políticamente. Y esa hiper mafia sudó frío, seguro que sudó frio.


Me imagino que desde que se dieron a conocer los resultados deben estar como flotando en el aire, tocándose y tocando lo que está a su alrededor y pensando en que no serán tocados por nadie, bueno no por el momento. Por ello, de inmediato se han posicionado con respecto a la Revocación de Mandato. Ahora, para evitar otras consultas, harán todo el esfuerzo para revocar el mandato presidencial.


Ahora bien, pero como él mismo Obrador y otros analistas lo han expuesto: siete millones aunque no fueron los más de 30 millones que se esperaban, son un segmento compuesto de millones y millones de mujeres y hombres a los que se le debe prestar atención porque su número más allá de si es suficiente o no para un juicio es un núcleo social importantísimo para la lucha social, importantísimo, valioso, que no se debe dejar de analizar.


De inmediato la descalificación de la consulta tuvo un objetivo no explícito siempre. No fueron a votar, no llegaron a los 30 millones, fue un fracaso, etcétera. Quisieron enterrar a siete millones de mujeres y hombres que quieren enjuiciar a ex presidentes, a una de las figuras y sin duda la más emblemática del viejo régimen. O sea, es muy probable que sea la generación que ha sido la vanguardia silenciosa del cambio.


De una generación que vivió en carne propia las devaluaciones, las matanzas de estudiantes, la represión, el fobaproa, los fraudes electorales, la muerte de Colosio, el recorte del presupuesto, la eliminación de instituciones sociales, la inflación, los gasolinzos, el esplendor del presidencialismo, las devaluaciones, la austeridad, la mentira y la corrupción a todo lo que da, etcétera, etcétera, etcétera.


Todo lo vivieron cuando los jóvenes que andan entre los 18 y 25 años apenas eran unos niños, todavía no nacían o eran unos adolescentes. La labor de estos siete millones que observé en las urnas son los que han sido o hemos sido el eslabón de la cadena con el resto de las otras generaciones que han vivido el cambio, pero de otra manera. Los 7 millones que votaron actuaron en un contexto complejo. Veamos.


Cuando el presidente se posiciona sobre un tema es muy complicado que otros agentes puedan mover a la sociedad, a esa corriente obradorista que lo ve en las imágenes de los medios de comunicación, que lo escucha en las mañaneras, que está atento a lo que dice y hace. No existe otra figura de su talla e igualmente algún núcleo social organizado que le pueda competir. La quieren y siguen mucho. La verdad.


Digo lo anterior porque los actores políticos que se mueven alrededor del Presidente deben haber comprendido con claridad una cosa: el poder del presidente es tal que su posición marca la dinámica y el sentido de los acontecimientos políticos por lo menos por ahora en nuestro país. Es muy grande el peso que tiene entre la población y su opinión marca tendencias, digo es obvio, por supuesto. Sin embargo, existe otro factor.


El que Obrador haya mostrado una postura muy clara y contundente con respecto al juicio de los expresidentes y que el resultado hayan sido siete millones de votos, no es cualquier cosa en el sentido de que hay un voto duro que escucha al presidente, pero que también sabe guardar distancia sin que necesariamente y en general se oponga y, no obstante, sigue siendo ciego seguidor del presidente.


No debe entenderse como un desapego sino como una ratificación de que en el marco de una relación política de reconocer el liderazgo de Obrador se aprecia un segmento del movimiento obradorista (siete millones de votantes) que bajo determinadas condiciones están dispuestos a seguir a Obrador y lo siguen, pero que entienden que existe un paraguas que arropa también sus propias inquietudes en un contexto de lealtad.


Quiénes son más concretamente: personas adultas, grupos ligados morena, algunos de ellos desplazados de candidaturas durante el pasado proceso interno de elección de candidatos, más o menos radicalizados, de movimientos sociales afines al obradorismo, mujeres y hombres independientes que no sabe uno de dónde salen, sectores de la clase media, votando y claro que sí, que llegaban en automóviles, comunidades organizadas y alejadas de los centros urbanos.


Por donde quiera que se le quiera ver la consulta sobre el juicio a los ex presidentes ha resultado un éxito, incluido el mensaje que está implícito en los resultados de la misma: el pueblo no quiere juzgar a los ex presidentes. El INE siguió cumpliendo con el triste papel de ser un obstáculo a la democracia pero independientemente de ello, la población en general se abstuvo de acudir a las urnas enviando un mensaje muy claro al respecto: dejar el espejo retrovisor en casa, ver siempre para adelante.


Podríamos decir que la mayoría de la población estuvo de acuerdo con Obrador, quien ha repetido que su fuerte no es la venganza y que si el pueblo quiere juzgar a los ex presidentes pues que lleve a cabo los ejercicios necesarios para lograrlo, pero que él, aunque apoya, prefiere no verse como una persona vengativa. Si AMLO se posicionó de esa manera, creo que la población o un segmento de ella, un sector mayoritario de los obradoristas se plegaron a ese mensaje o lo compartieron.


Creo que Obrador ha hecho una lectura adecuada del sentir de la población no porque haya salido a la calle a preguntar o conocer encuestas de antemano, no. Es olfato político, el sentido de su obra ha sido la lucha pacífica porque sabe que el pueblo no está dispuesto a convertirse en mártir de nadie, no por lo menos en las últimas décadas. La población y sus líderes, entre ellos Obrador, saben por dónde pueden caminar y por dónde pueden alejarse uno de otro.


Los ex presidentes no son solamente los ex presidentes. Son una hiper mafia, lo que le sigue a la “mafia del poder”. Son los socios políticos de las élites locales y del exterior, son el eslabón o cordón umbilical de las élites tipo Soros y compañía. De ahí la importancia o desafío que significó la consulta y el valor de AMLO para darle paso y respaldarla políticamente. Y esa hiper mafia sudó frío, seguro que sudó frio.


Me imagino que desde que se dieron a conocer los resultados deben estar como flotando en el aire, tocándose y tocando lo que está a su alrededor y pensando en que no serán tocados por nadie, bueno no por el momento. Por ello, de inmediato se han posicionado con respecto a la Revocación de Mandato. Ahora, para evitar otras consultas, harán todo el esfuerzo para revocar el mandato presidencial.


Ahora bien, pero como él mismo Obrador y otros analistas lo han expuesto: siete millones aunque no fueron los más de 30 millones que se esperaban, son un segmento compuesto de millones y millones de mujeres y hombres a los que se le debe prestar atención porque su número más allá de si es suficiente o no para un juicio es un núcleo social importantísimo para la lucha social, importantísimo, valioso, que no se debe dejar de analizar.


De inmediato la descalificación de la consulta tuvo un objetivo no explícito siempre. No fueron a votar, no llegaron a los 30 millones, fue un fracaso, etcétera. Quisieron enterrar a siete millones de mujeres y hombres que quieren enjuiciar a ex presidentes, a una de las figuras y sin duda la más emblemática del viejo régimen. O sea, es muy probable que sea la generación que ha sido la vanguardia silenciosa del cambio.


De una generación que vivió en carne propia las devaluaciones, las matanzas de estudiantes, la represión, el fobaproa, los fraudes electorales, la muerte de Colosio, el recorte del presupuesto, la eliminación de instituciones sociales, la inflación, los gasolinzos, el esplendor del presidencialismo, las devaluaciones, la austeridad, la mentira y la corrupción a todo lo que da, etcétera, etcétera, etcétera.


Todo lo vivieron cuando los jóvenes que andan entre los 18 y 25 años apenas eran unos niños, todavía no nacían o eran unos adolescentes. La labor de estos siete millones que observé en las urnas son los que han sido o hemos sido el eslabón de la cadena con el resto de las otras generaciones que han vivido el cambio, pero de otra manera. Los 7 millones que votaron actuaron en un contexto complejo. Veamos.


Cuando el presidente se posiciona sobre un tema es muy complicado que otros agentes puedan mover a la sociedad, a esa corriente obradorista que lo ve en las imágenes de los medios de comunicación, que lo escucha en las mañaneras, que está atento a lo que dice y hace. No existe otra figura de su talla e igualmente algún núcleo social organizado que le pueda competir. La quieren y siguen mucho. La verdad.


Digo lo anterior porque los actores políticos que se mueven alrededor del Presidente deben haber comprendido con claridad una cosa: el poder del presidente es tal que su posición marca la dinámica y el sentido de los acontecimientos políticos por lo menos por ahora en nuestro país. Es muy grande el peso que tiene entre la población y su opinión marca tendencias, digo es obvio, por supuesto. Sin embargo, existe otro factor.


El que Obrador haya mostrado una postura muy clara y contundente con respecto al juicio de los expresidentes y que el resultado hayan sido siete millones de votos, no es cualquier cosa en el sentido de que hay un voto duro que escucha al presidente, pero que también sabe guardar distancia sin que necesariamente y en general se oponga y, no obstante, sigue siendo ciego seguidor del presidente.


No debe entenderse como un desapego sino como una ratificación de que en el marco de una relación política de reconocer el liderazgo de Obrador se aprecia un segmento del movimiento obradorista (siete millones de votantes) que bajo determinadas condiciones están dispuestos a seguir a Obrador y lo siguen, pero que entienden que existe un paraguas que arropa también sus propias inquietudes en un contexto de lealtad.


Quiénes son más concretamente: personas adultas, grupos ligados morena, algunos de ellos desplazados de candidaturas durante el pasado proceso interno de elección de candidatos, más o menos radicalizados, de movimientos sociales afines al obradorismo, mujeres y hombres independientes que no sabe uno de dónde salen, sectores de la clase media, votando y claro que sí, que llegaban en automóviles, comunidades organizadas y alejadas de los centros urbanos.


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