/ martes 22 de septiembre de 2020

Tintero | La estrategia de Mena en el cierre

Fidel Samaniego (+), buen amigo de tertulias y excelente cronista, escribió en 1994 que cuando Ernesto Zedillo Ponce de León asumió el poder, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, dudó quién era el nuevo presidente de México. Ya portaba la banda, salió caminando del Congreso de la Unión junto con Carlos Salinas de Gortari, pero iba detrás de él. Todos saludaban y aplaudían a Salinas y Zedillo estaba minimizado hasta que su jefe de seguridad del Estado Mayor Presidencial se acercó y le dijo al oído: “señor, usted ya es el Presidente”.

Zedillo miró que, en efecto, portaba la banda y, sin más, caminó de prisa, rebasó a Salinas y mostró que ya era el “mandamás” del país.

Algo casi similar sucedió en Tlaxcala. El priista Marco Antonio Mena Rodríguez mostró que no pretendía ‘cargar’ con el grupo de Mariano González Zarur, quien le heredó el poder, aunque, a diferencia de Zedillo, lo suyo no es el pleito ni la confrontación y lo ha evidenciado con su trato cordial con el presidente Andrés Manuel López Obrador a quien muchos políticos literalmente odian. Eso sí, recién nombrado, aceptó la imposición del ‘junior’ Mariano González Aguirre como diputado local y líder del Legislativo

Pero después, a la hora de designar a sus principales colaboradores, optó por marcar distancia con González Zarur y nombró a personajes que nada tienen que ver con los grupos de poder de Tlaxcala. El “junior” quedó fuera.

El finado Fidel Velázquez Sánchez, líder de la Confederación de Trabajadores de México, decía que el poder se ejerce y no se comparte y José Antonio Álvarez Lima, entonces gobernador de Tlaxcala, dio la mejor muestra de ello: ordenó la detención de Eliseo Vázquez Valdez, dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, a quien le imputaron el robo de una “mini” televisión. Eliseo tenía pleitos personales con Alberto Juárez Blancas, otrora poderoso líder obrero de la CROC y él se lo pidió al hoy director del Canal 11.

-”Dame pruebas y procedemos”, le respondió Álvarez.

Al parecer, nunca las hubo, hasta que Vázquez Valdez, tras una parranda, se llevó a casa el televisor de la señora que hacía el aseo en las oficinas del organismo, ella protestó porque no veía sus novelas, lo acusaron de robo y fue detenido. Después de unos días en la cárcel, sutilmente, el titular de la secretaría de Gobierno, Federico Barbosa (+) le pidió que saliera del hoy llamado Centro de Reinserción Social, pero debía irse de Tlaxcala. Aceptó.

La segunda historia: cuando molesto porque había perdido las elecciones ante el perredista Alfonso Sánchez Anaya, el priista Joaquín Cisneros Fernández le llamó por teléfono y preguntó: “¿Qué hacemos Toño?”.

-¿Qué hacemos? Yo, terminar mi gobierno y tú deberías felicitar al ganador”.

El desenlace fue en malos términos, pero Álvarez sabía que Sánchez Anaya sería el nuevo gobernador y no tenía por qué pelear con él. Salvador Sesín Rosas fue su contacto para reunirse en privado en Atlihuetzia y así fue.

Ahora el panorama es más terso. Mena se alista para dejar el poder, su magna obra, la ampliación de la carretera de Tlaxcala-Apizaco, es necesaria para Tlaxcala. Será su carta de presentación o retiro, amén de las acciones que ya ha ofrecido.

Pero lo cierto es que, ante la falta de cartas fuertes en el PRI, Mena tomó la determinación de aliarse, no con Movimiento Regeneración Nacional, sino con López Obrador. Sabe que con ello tiene un futuro inmediato garantizado.

Sobre todo porque no tiene seguro quién será su sucesor. Él maneja sus cartas en el gabinete y ya se verá hasta dónde crecen políticamente hablando, pero una alcaldesa, la más visible y que tiene capital político, ya se mueve por su lado.

Mena maneja muchas de sus actividades a través de las redes sociales para que la gente esté enterada de lo que hace. Hábil, trabajó el sector de jóvenes –que ahora todos toman en cuenta- que vive en este mundo tecnológico, de ahí que la política informativa controladora, no encaja en la dinámica del todavía mandatario. Eso mismo hace Obrador con sus “mañaneras”. Al día dice lo quiere decir o lo que le interesa decir. Guste o no, es una buena estrategia mediática.

Algunos piensan que, ante la cercanía de irse, Mena se ve débil. No defiendo nada pero es un error, pues como decía Raymundo Vega y Crespo, vocero de varios gobernadores, de la otrora PGR y de la SEP: “esto se acaba, hasta que se acaba”.

Fidel Samaniego (+), buen amigo de tertulias y excelente cronista, escribió en 1994 que cuando Ernesto Zedillo Ponce de León asumió el poder, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, dudó quién era el nuevo presidente de México. Ya portaba la banda, salió caminando del Congreso de la Unión junto con Carlos Salinas de Gortari, pero iba detrás de él. Todos saludaban y aplaudían a Salinas y Zedillo estaba minimizado hasta que su jefe de seguridad del Estado Mayor Presidencial se acercó y le dijo al oído: “señor, usted ya es el Presidente”.

Zedillo miró que, en efecto, portaba la banda y, sin más, caminó de prisa, rebasó a Salinas y mostró que ya era el “mandamás” del país.

Algo casi similar sucedió en Tlaxcala. El priista Marco Antonio Mena Rodríguez mostró que no pretendía ‘cargar’ con el grupo de Mariano González Zarur, quien le heredó el poder, aunque, a diferencia de Zedillo, lo suyo no es el pleito ni la confrontación y lo ha evidenciado con su trato cordial con el presidente Andrés Manuel López Obrador a quien muchos políticos literalmente odian. Eso sí, recién nombrado, aceptó la imposición del ‘junior’ Mariano González Aguirre como diputado local y líder del Legislativo

Pero después, a la hora de designar a sus principales colaboradores, optó por marcar distancia con González Zarur y nombró a personajes que nada tienen que ver con los grupos de poder de Tlaxcala. El “junior” quedó fuera.

El finado Fidel Velázquez Sánchez, líder de la Confederación de Trabajadores de México, decía que el poder se ejerce y no se comparte y José Antonio Álvarez Lima, entonces gobernador de Tlaxcala, dio la mejor muestra de ello: ordenó la detención de Eliseo Vázquez Valdez, dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, a quien le imputaron el robo de una “mini” televisión. Eliseo tenía pleitos personales con Alberto Juárez Blancas, otrora poderoso líder obrero de la CROC y él se lo pidió al hoy director del Canal 11.

-”Dame pruebas y procedemos”, le respondió Álvarez.

Al parecer, nunca las hubo, hasta que Vázquez Valdez, tras una parranda, se llevó a casa el televisor de la señora que hacía el aseo en las oficinas del organismo, ella protestó porque no veía sus novelas, lo acusaron de robo y fue detenido. Después de unos días en la cárcel, sutilmente, el titular de la secretaría de Gobierno, Federico Barbosa (+) le pidió que saliera del hoy llamado Centro de Reinserción Social, pero debía irse de Tlaxcala. Aceptó.

La segunda historia: cuando molesto porque había perdido las elecciones ante el perredista Alfonso Sánchez Anaya, el priista Joaquín Cisneros Fernández le llamó por teléfono y preguntó: “¿Qué hacemos Toño?”.

-¿Qué hacemos? Yo, terminar mi gobierno y tú deberías felicitar al ganador”.

El desenlace fue en malos términos, pero Álvarez sabía que Sánchez Anaya sería el nuevo gobernador y no tenía por qué pelear con él. Salvador Sesín Rosas fue su contacto para reunirse en privado en Atlihuetzia y así fue.

Ahora el panorama es más terso. Mena se alista para dejar el poder, su magna obra, la ampliación de la carretera de Tlaxcala-Apizaco, es necesaria para Tlaxcala. Será su carta de presentación o retiro, amén de las acciones que ya ha ofrecido.

Pero lo cierto es que, ante la falta de cartas fuertes en el PRI, Mena tomó la determinación de aliarse, no con Movimiento Regeneración Nacional, sino con López Obrador. Sabe que con ello tiene un futuro inmediato garantizado.

Sobre todo porque no tiene seguro quién será su sucesor. Él maneja sus cartas en el gabinete y ya se verá hasta dónde crecen políticamente hablando, pero una alcaldesa, la más visible y que tiene capital político, ya se mueve por su lado.

Mena maneja muchas de sus actividades a través de las redes sociales para que la gente esté enterada de lo que hace. Hábil, trabajó el sector de jóvenes –que ahora todos toman en cuenta- que vive en este mundo tecnológico, de ahí que la política informativa controladora, no encaja en la dinámica del todavía mandatario. Eso mismo hace Obrador con sus “mañaneras”. Al día dice lo quiere decir o lo que le interesa decir. Guste o no, es una buena estrategia mediática.

Algunos piensan que, ante la cercanía de irse, Mena se ve débil. No defiendo nada pero es un error, pues como decía Raymundo Vega y Crespo, vocero de varios gobernadores, de la otrora PGR y de la SEP: “esto se acaba, hasta que se acaba”.

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