/ martes 2 de junio de 2020

Armonizada

El pasado jueves, el Congreso del Estado armonizó la reforma de violencia política en razón de género federal a la ley local, acción que merece aplausos y reconocimiento irrestricto hacia las y los legisladores locales de parte de todas y todos quienes trabajamos a favor del avance en reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.

Mención especial merecen las y los once que -dijéramos en el argot taurino- aguantaron vara y la defendieron y votaron íntegra, visibilizando así que la desigualdad de género es histórica y está aún muy lejos de abatirse.

La ley hace visible que la violencia contra las mujeres no solo ha existido y existe, sino que se ha incrementado en la medida que crece la participación femenina en lo público.

Este es un problema añejo, generalizado, que produce dolor, que daña el honor, la autoestima, la eficacia en el quehacer público y muchas veces, hasta la integridad física de mujeres cuyo único "pecado" es querer representar a la ciudadanía y que hacerlo en condiciones de paz y respeto, es derecho, no graciosa concesión de los pares masculinos.

La discusión no se centró en lo sustancial de la reforma. Nadie argumentó en contra de las sanciones, que ahora además de simbólicas y administrativas podrán llegar a cancelar candidaturas o encargos públicos e inclusive a tipificarse en el ámbito penal.

Solo se habló de y dolió una cosa: que las mujeres encabecen las listas de Representación Proporcional (RP). Que en esta legislatura haya mayoría femenina por primera vez en la historia resultó de 10 diputaciones de RP mas 5 de Mayoría Relativa (MR) frente a 10 de MR de hombres, aun y cuando las candidaturas fueron paritarias; es decir, la gente sigue votando más por hombres que por mujeres. En ese sentido falta mucho aún por recorrer para lograr la igualdad sustantiva y no solo la numérica.

Las acciones afirmativas como la sentenciada en 2018 por el Tribunal Electoral Local son progresivas, no tienen vuelta atrás; así han dado fé órganos electorales y tribunales.

  • A nivel nacional y local, ningún criterio de autoregulación partidista ha imperado frente al criterio de igualdad sustantiva y no creo que este caso vaya a ser la excepción. Me atrevo a predecir que la alternancia en la cabeza de las listas entrará en vigor en la elección de 2024 y que en la de 2021 encabezarán nuevamente las mujeres.

Nunca escuché que en las 62 legislaturas anteriores alguien dijera que la representación masculina fuese excesiva y desproporcionada. Pareció un: ¡ya párenle! está bien que participen pero nomas tantito. Un buen amigo me dijo: Aurora, la igualdad es dada por Dios; a nosotros solo nos toca reconocerla, ¡sigan luchando! Él tiene razón. Que no quepa duda, la lucha sigue.

El pasado jueves, el Congreso del Estado armonizó la reforma de violencia política en razón de género federal a la ley local, acción que merece aplausos y reconocimiento irrestricto hacia las y los legisladores locales de parte de todas y todos quienes trabajamos a favor del avance en reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres.

Mención especial merecen las y los once que -dijéramos en el argot taurino- aguantaron vara y la defendieron y votaron íntegra, visibilizando así que la desigualdad de género es histórica y está aún muy lejos de abatirse.

La ley hace visible que la violencia contra las mujeres no solo ha existido y existe, sino que se ha incrementado en la medida que crece la participación femenina en lo público.

Este es un problema añejo, generalizado, que produce dolor, que daña el honor, la autoestima, la eficacia en el quehacer público y muchas veces, hasta la integridad física de mujeres cuyo único "pecado" es querer representar a la ciudadanía y que hacerlo en condiciones de paz y respeto, es derecho, no graciosa concesión de los pares masculinos.

La discusión no se centró en lo sustancial de la reforma. Nadie argumentó en contra de las sanciones, que ahora además de simbólicas y administrativas podrán llegar a cancelar candidaturas o encargos públicos e inclusive a tipificarse en el ámbito penal.

Solo se habló de y dolió una cosa: que las mujeres encabecen las listas de Representación Proporcional (RP). Que en esta legislatura haya mayoría femenina por primera vez en la historia resultó de 10 diputaciones de RP mas 5 de Mayoría Relativa (MR) frente a 10 de MR de hombres, aun y cuando las candidaturas fueron paritarias; es decir, la gente sigue votando más por hombres que por mujeres. En ese sentido falta mucho aún por recorrer para lograr la igualdad sustantiva y no solo la numérica.

Las acciones afirmativas como la sentenciada en 2018 por el Tribunal Electoral Local son progresivas, no tienen vuelta atrás; así han dado fé órganos electorales y tribunales.

  • A nivel nacional y local, ningún criterio de autoregulación partidista ha imperado frente al criterio de igualdad sustantiva y no creo que este caso vaya a ser la excepción. Me atrevo a predecir que la alternancia en la cabeza de las listas entrará en vigor en la elección de 2024 y que en la de 2021 encabezarán nuevamente las mujeres.

Nunca escuché que en las 62 legislaturas anteriores alguien dijera que la representación masculina fuese excesiva y desproporcionada. Pareció un: ¡ya párenle! está bien que participen pero nomas tantito. Un buen amigo me dijo: Aurora, la igualdad es dada por Dios; a nosotros solo nos toca reconocerla, ¡sigan luchando! Él tiene razón. Que no quepa duda, la lucha sigue.

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