/ jueves 22 de noviembre de 2018

Los avatares de nuestro tiempo

Sobre la importancia de prevenir la discriminación

En México, como en muchas otras partes del mundo, la normalización de los fenómenos como la violencia de género, el racismo, la violencia por razones socioeconómicas tienen como forma primigenia a la discriminación, una práctica que innegablemente ha ampliado aún más las grandes brechas, acrecentado la desigualdad y polarizado a la población, ubicándolos ya sea como: chairos o fifís, ricos o pobres, indígenas o mestizos, de tez morena o tez blanca; es decir, reproduciendo esquemas y clasificaciones sociales basadas en la violencia, en la discriminación, y que indudablemente tiene repercusiones a nivel individual pero, sobre todo, a nivel social, que no abonan a la cohesión social y la armonía, así como a la igualdad de oportunidades entre las personas.

En este contexto es que el acto mismo de discriminar puede abstraerse como una acción personalísima, pero de responsabilidad individual, pero, en realidad, sus consecuencias y su reproducción como algo normal deriva en una construcción social que debe ser erradicada por sus repercusiones a nivel colectivo. Derivado de esta concepción es que el tema se ha convertido en un foco de atención relevante para la sociedad civil e, incluso, para los gobiernos en todos sus niveles.

Mientras se entiende a la discriminación como un asunto público que requiere de la atención del gobierno, es que cobra sentido el ejercicio realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (ENADIS), esfuerzo por tener un acercamiento estadístico al problema de la discriminación en México, conjunto con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), la UNAM y el CONACyT.

Algunos de los resultados más importantes de la encuesta son: el 20.2 % de la población de 18 años o más declaró haber sido discriminada en el último año por razones que van desde sus creencias religiosas hasta su forma de verter. El dato más ilustrativo de hasta dónde puede llegar la discriminación es el que revela que el 23.3 % señaló que en los últimos cinco años se le negó injustificadamente alguno de sus derechos (entiéndase, la atención médica, atención o servicios en alguna oficina de gobierno, la entrada a algún negocio, centro comercial o negocio, entre otras).


Este contexto en que desarrollan su vida cotidiana las personas es desfavorable para su óptimo desarrollo y para el ejercicio y goce de sus derechos fundamentales, esta es la razón del por qué es relevante, pensando en políticas públicas, el prevenir y erradicar las prácticas de discriminación.


El hoy, gobierno electo, debe dimensionar esta situación como un asunto que requiere de máxima seriedad y rigor metodológicos, primero para entender de mejor manera el fenómeno y después, para proponer algunas de las soluciones más viables al problema. Algunas ideas generales pueden ser: fortalecer al CONAPRED, integrar en el código de ética de los servidores públicos de la administración público federal el principio de la no discriminación y capacitar a los funcionarios con trato directo con usuarios de servicios públicos sobre la importancia de no ejercer actos de discriminación. Además, es relevante, generar políticas públicas que abonen a la generación de igualdad sustantiva, por ejemplo, de la población de los pueblos originarios de México, quienes, al día de hoy, según la ENADIS, el 65% cree que son discriminados y sus derechos no son respetados. Mucho del desarrollo de México está en función de garantizar la igualdad de oportunidades y la erradicación de los actos de discriminación.


Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz


Sobre la importancia de prevenir la discriminación

En México, como en muchas otras partes del mundo, la normalización de los fenómenos como la violencia de género, el racismo, la violencia por razones socioeconómicas tienen como forma primigenia a la discriminación, una práctica que innegablemente ha ampliado aún más las grandes brechas, acrecentado la desigualdad y polarizado a la población, ubicándolos ya sea como: chairos o fifís, ricos o pobres, indígenas o mestizos, de tez morena o tez blanca; es decir, reproduciendo esquemas y clasificaciones sociales basadas en la violencia, en la discriminación, y que indudablemente tiene repercusiones a nivel individual pero, sobre todo, a nivel social, que no abonan a la cohesión social y la armonía, así como a la igualdad de oportunidades entre las personas.

En este contexto es que el acto mismo de discriminar puede abstraerse como una acción personalísima, pero de responsabilidad individual, pero, en realidad, sus consecuencias y su reproducción como algo normal deriva en una construcción social que debe ser erradicada por sus repercusiones a nivel colectivo. Derivado de esta concepción es que el tema se ha convertido en un foco de atención relevante para la sociedad civil e, incluso, para los gobiernos en todos sus niveles.

Mientras se entiende a la discriminación como un asunto público que requiere de la atención del gobierno, es que cobra sentido el ejercicio realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017 (ENADIS), esfuerzo por tener un acercamiento estadístico al problema de la discriminación en México, conjunto con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), la UNAM y el CONACyT.

Algunos de los resultados más importantes de la encuesta son: el 20.2 % de la población de 18 años o más declaró haber sido discriminada en el último año por razones que van desde sus creencias religiosas hasta su forma de verter. El dato más ilustrativo de hasta dónde puede llegar la discriminación es el que revela que el 23.3 % señaló que en los últimos cinco años se le negó injustificadamente alguno de sus derechos (entiéndase, la atención médica, atención o servicios en alguna oficina de gobierno, la entrada a algún negocio, centro comercial o negocio, entre otras).


Este contexto en que desarrollan su vida cotidiana las personas es desfavorable para su óptimo desarrollo y para el ejercicio y goce de sus derechos fundamentales, esta es la razón del por qué es relevante, pensando en políticas públicas, el prevenir y erradicar las prácticas de discriminación.


El hoy, gobierno electo, debe dimensionar esta situación como un asunto que requiere de máxima seriedad y rigor metodológicos, primero para entender de mejor manera el fenómeno y después, para proponer algunas de las soluciones más viables al problema. Algunas ideas generales pueden ser: fortalecer al CONAPRED, integrar en el código de ética de los servidores públicos de la administración público federal el principio de la no discriminación y capacitar a los funcionarios con trato directo con usuarios de servicios públicos sobre la importancia de no ejercer actos de discriminación. Además, es relevante, generar políticas públicas que abonen a la generación de igualdad sustantiva, por ejemplo, de la población de los pueblos originarios de México, quienes, al día de hoy, según la ENADIS, el 65% cree que son discriminados y sus derechos no son respetados. Mucho del desarrollo de México está en función de garantizar la igualdad de oportunidades y la erradicación de los actos de discriminación.


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