/ jueves 29 de noviembre de 2018

LOS AVATARES DE NUESTRO TIEMPO

La toma de posesión del 1 de diciembre

La toma de posesión va más allá del mero formalismo por cumplir con un requisito legal, tampoco es un despropósito, por el contrario, es un suceso cargado de simbolismos y de enorme trascendencia política. Para el caso de México, de manera sexenal es prácticamente un hito o parteaguas de la política, lo político y la administración de lo público; el acto solemne de la toma de protesta acompañado del primer discurso, marcan la pauta de cuál será, en palabras de Daniel Cossío Villegas, el estilo personal de gobernar, cuáles serán las prioridades para el nuevo presidente, así como para su equipo de trabajo, integrante del gobierno.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 87: “El Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta: ‘Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.

El hecho de que el Presidente de la República tenga que rendir protesta ante el Poder legislativo, narra la construcción republicana de nuestro país; la consolidación de la república en buena medida se visibiliza ante la división efectiva del poder público y por la generación de controles y pesos y contrapesos entre ellos (ejecutivo, legislativo y judicial) y que el titular del ejecutivo se presente ante los representantes de la soberanía popular es signo de la institucionalización de la figura del mandatario (aquel que acata mandatos).

La historia arroja que el acto de la toma de protesta tiene su antecedente en la Constitución de Cádiz de 1812, sin embargo, la figura ya en plena vida independiente y con la consolidación del presidencialismo mexicano, orilla a considerar únicamente desde la llegada al poder de Lázaro Cárdenas en el año 1934, el inicio de los periodos presidenciales de seis años. La toma de protesta de Cárdenas se dio, primero en el Congreso y después, en un evento popular en que, lo mismo asistió el sector campesino, que el obrero-patronal.

Después, los actos protocolarios, siguieron sucediendo en el legislativo, seguidos de actos diferenciados, por ejemplo, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz con actos en el Palacio de Bellas Artes, donde dirigieron mensajes a audiencias previamente invitadas.

En este sentido, ningún Presidente de la República durante todo el siglo XX, emitió mensaje alguno con razón de su toma de protesta desde el balcón central del Palacio Nacional en el zócalo de la Ciudad de México.

En el pasado más reciente de la historia nacional, el presidente Carlos Salinas de Gortari marcó una diferencia sustancial dada la presencia de jefes de estado y jefes de gobierno extranjeros como invitados, era un mensaje de la apertura de México hacia el mundo. Otro de los presidentes que rompió con el esquema tradicional fue Vicente Fox, quizás como una forma de responder ante la exigencia de cambio y la compleja aparente ruptura con el régimen posrevolucionario del siglo XX, esto dado que, tras el acto protocolario en el Congreso, se dispuso a dar lectura, ante los entonces próximos servidores públicos, del Código de ética en el servicio público.

Los disturbios, la confrontación y la polarización política, fueron las características principales para la toma de protesta de Felipe Calderón, quién tras lograr la victoria por una diferencia de 0.56% respecto del segundo lugar, enfrentó una auténtica crisis en el Congreso, donde legisladores señalaban el presunto robo y fraude en la elección de aquel año 2006. Tal fue la magnitud de la crisis política que el suceso de la toma de protesta orilló a la generación de una importante reforma al texto constitucional del artículo 87, agregando lo siguiente:

“Si por cualquier circunstancia el Presidente no pudiere rendir la protesta en los términos del párrafo anterior, lo hará de inmediato ante las Mesas Directivas de las Cámaras del Congreso de la Unión. En caso de que el Presidente no pudiere rendir la protesta ante el Congreso de la Unión, ante la Comisión Permanente o ante las Mesas directivas de las Cámaras del Congreso de la Unión lo hará de inmediato ante el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

Por lo anterior, la toma de protesta de este 1 de diciembre de 2018 es un suceso que seguir, bien conviene analizarlo a la luz de la objetividad y la seriedad. El Presidente, hoy electo, Andrés Manuel López Obrador, combinará elementos instaurados por Lázaro Cárdenas al emitir un mensaje ante una gran audiencia, será diferente dado que será el primer Presidente que en el marco de su toma de protesta emita un discurso desde el balcón del Palacio Nacional, y también, contará con una característica instaurada por el entonces Presidente Carlos Salinas, al contar con la presencia de jefes de Estado.

Así, a la voz de pronto, parece que será un evento rico para el análisis. También será de regocijo para muchos, por el bien de México, que sea el inicio de una transformación positiva.


Facebook: Luis Enrique Bermúdez Cruz


La toma de posesión del 1 de diciembre

La toma de posesión va más allá del mero formalismo por cumplir con un requisito legal, tampoco es un despropósito, por el contrario, es un suceso cargado de simbolismos y de enorme trascendencia política. Para el caso de México, de manera sexenal es prácticamente un hito o parteaguas de la política, lo político y la administración de lo público; el acto solemne de la toma de protesta acompañado del primer discurso, marcan la pauta de cuál será, en palabras de Daniel Cossío Villegas, el estilo personal de gobernar, cuáles serán las prioridades para el nuevo presidente, así como para su equipo de trabajo, integrante del gobierno.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 87: “El Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta: ‘Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”.

El hecho de que el Presidente de la República tenga que rendir protesta ante el Poder legislativo, narra la construcción republicana de nuestro país; la consolidación de la república en buena medida se visibiliza ante la división efectiva del poder público y por la generación de controles y pesos y contrapesos entre ellos (ejecutivo, legislativo y judicial) y que el titular del ejecutivo se presente ante los representantes de la soberanía popular es signo de la institucionalización de la figura del mandatario (aquel que acata mandatos).

La historia arroja que el acto de la toma de protesta tiene su antecedente en la Constitución de Cádiz de 1812, sin embargo, la figura ya en plena vida independiente y con la consolidación del presidencialismo mexicano, orilla a considerar únicamente desde la llegada al poder de Lázaro Cárdenas en el año 1934, el inicio de los periodos presidenciales de seis años. La toma de protesta de Cárdenas se dio, primero en el Congreso y después, en un evento popular en que, lo mismo asistió el sector campesino, que el obrero-patronal.

Después, los actos protocolarios, siguieron sucediendo en el legislativo, seguidos de actos diferenciados, por ejemplo, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruíz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz con actos en el Palacio de Bellas Artes, donde dirigieron mensajes a audiencias previamente invitadas.

En este sentido, ningún Presidente de la República durante todo el siglo XX, emitió mensaje alguno con razón de su toma de protesta desde el balcón central del Palacio Nacional en el zócalo de la Ciudad de México.

En el pasado más reciente de la historia nacional, el presidente Carlos Salinas de Gortari marcó una diferencia sustancial dada la presencia de jefes de estado y jefes de gobierno extranjeros como invitados, era un mensaje de la apertura de México hacia el mundo. Otro de los presidentes que rompió con el esquema tradicional fue Vicente Fox, quizás como una forma de responder ante la exigencia de cambio y la compleja aparente ruptura con el régimen posrevolucionario del siglo XX, esto dado que, tras el acto protocolario en el Congreso, se dispuso a dar lectura, ante los entonces próximos servidores públicos, del Código de ética en el servicio público.

Los disturbios, la confrontación y la polarización política, fueron las características principales para la toma de protesta de Felipe Calderón, quién tras lograr la victoria por una diferencia de 0.56% respecto del segundo lugar, enfrentó una auténtica crisis en el Congreso, donde legisladores señalaban el presunto robo y fraude en la elección de aquel año 2006. Tal fue la magnitud de la crisis política que el suceso de la toma de protesta orilló a la generación de una importante reforma al texto constitucional del artículo 87, agregando lo siguiente:

“Si por cualquier circunstancia el Presidente no pudiere rendir la protesta en los términos del párrafo anterior, lo hará de inmediato ante las Mesas Directivas de las Cámaras del Congreso de la Unión. En caso de que el Presidente no pudiere rendir la protesta ante el Congreso de la Unión, ante la Comisión Permanente o ante las Mesas directivas de las Cámaras del Congreso de la Unión lo hará de inmediato ante el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

Por lo anterior, la toma de protesta de este 1 de diciembre de 2018 es un suceso que seguir, bien conviene analizarlo a la luz de la objetividad y la seriedad. El Presidente, hoy electo, Andrés Manuel López Obrador, combinará elementos instaurados por Lázaro Cárdenas al emitir un mensaje ante una gran audiencia, será diferente dado que será el primer Presidente que en el marco de su toma de protesta emita un discurso desde el balcón del Palacio Nacional, y también, contará con una característica instaurada por el entonces Presidente Carlos Salinas, al contar con la presencia de jefes de Estado.

Así, a la voz de pronto, parece que será un evento rico para el análisis. También será de regocijo para muchos, por el bien de México, que sea el inicio de una transformación positiva.


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