/ martes 25 de junio de 2019

Los monstruos sí existen

  • Aunque no lo creas, lectora, lector, el 24 de junio se “celebra” el día internacional del orgullo pedófilo. Así como lo lees. Inconcebible, indignante, enfermo, nauseabundo. Faltan adjetivos para calificar semejante aberración.

“Solo tenía 11 años”, me dijo una hermosa mujer, de alrededor de 40 años al final de una conferencia que impartí al respecto de abuso y embarazo infantil. Su historia es aterradora, sobrecoge el corazón y provoca repudio y odio por esos enfermos que mancillan a niñas y niños al grado de condenarlos a un daño irreversible en su psique, su autoestima y su cuerpo.

Esta dama tiene tres hijos y nunca ha disfrutado de una relación de pareja sin que su recuerdo vaya a ese cuartito donde un monstruo le arrebató la inocencia y la violó durante mas de dos años bajo la amenaza de matar a sus padres si ella decía algo. En la secundaria dejó de bañarse; “no quería que nadie se me acercara”, se fue de casa a los 15 y de allí a jamás ponerse un vestido, una falda, una prenda que siquiera de lejos pareciera provocativa. “Viví con miedo muchos años”, siguió contándome, “hoy se que soy mas fuerte que él; yo sobreviví”.

Laura (nombre ficticio para cuidar su privacidad), ha salido adelante pero llena de miedo, dolor y cicatrices. Otros como ella también y muchos que no lo logran. Una niña, un niño abusados tienen pesadillas, corren alto riesgo de sufrir trastornos alimenticios, bulimia, anorexia, obesidad mórbida, o adicciones como alcoholismo, drogadicción o cualquier otra conducta que les invisibilice del resto del mundo. Un niño abusado carga en su alma ira, depresión, tristeza infinita, desconfianza de su entorno y esas cicatrices a veces no sanan nunca.

Aunque no lo creas, lectora, lector, el 24 de junio se “celebra” el día internacional del orgullo pedófilo. Así como lo lees. Inconcebible, indignante, enfermo, nauseabundo. Faltan adjetivos para calificar semejante aberración. Esta “celebración” nace en los Estados Unidos en 1998 como “Día del amor a los muchachos” y ahora ya, abiertamente, como orgullo pedófilo. Todavía no lo procesa mi cerebro. Todavía estoy paralizada por siquiera pensar en semejante bajeza.

Quienes sienten orgullo pedófilo pretenden equipararse al orgullo gay; pretenden que se entienda la pedofilia como una opción, una preferencia como la heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, transgénero, o cualquier opción de ejercicio de la sexualidad entre adultos que consensuan y se hacen responsables de sus actos. La pedofilia no es y nunca será una opción. Es delito grave y debe quedar muy claro.

Una niña, un niño, no tienen capacidad de consensuar, ni siquiera de entender una relación sexual o emocional de pareja. Las y los menores de edad están bajo nuestro cuidado, bajo nuestra responsabilidad. Su salud psicológica, física y emocional dependen de nosotros los adultos. En México, la OCDE indica que el abuso sexual infantil es -vergonzosamente- una práctica ¡de las más altas del mundo! Urge que daño moral cuando deriva de abuso sexual infantil no prescriba y que las penas sean más elevadas para los victimarios. La víctima ya purga cadena perpetua.

Hubo un tiempo en que Laura fue feliz… luego conoció a un monstruo. Para millones de niñas y niños los monstruos sí existen y no hay héroes que se los quiten de encima.


  • Aunque no lo creas, lectora, lector, el 24 de junio se “celebra” el día internacional del orgullo pedófilo. Así como lo lees. Inconcebible, indignante, enfermo, nauseabundo. Faltan adjetivos para calificar semejante aberración.

“Solo tenía 11 años”, me dijo una hermosa mujer, de alrededor de 40 años al final de una conferencia que impartí al respecto de abuso y embarazo infantil. Su historia es aterradora, sobrecoge el corazón y provoca repudio y odio por esos enfermos que mancillan a niñas y niños al grado de condenarlos a un daño irreversible en su psique, su autoestima y su cuerpo.

Esta dama tiene tres hijos y nunca ha disfrutado de una relación de pareja sin que su recuerdo vaya a ese cuartito donde un monstruo le arrebató la inocencia y la violó durante mas de dos años bajo la amenaza de matar a sus padres si ella decía algo. En la secundaria dejó de bañarse; “no quería que nadie se me acercara”, se fue de casa a los 15 y de allí a jamás ponerse un vestido, una falda, una prenda que siquiera de lejos pareciera provocativa. “Viví con miedo muchos años”, siguió contándome, “hoy se que soy mas fuerte que él; yo sobreviví”.

Laura (nombre ficticio para cuidar su privacidad), ha salido adelante pero llena de miedo, dolor y cicatrices. Otros como ella también y muchos que no lo logran. Una niña, un niño abusados tienen pesadillas, corren alto riesgo de sufrir trastornos alimenticios, bulimia, anorexia, obesidad mórbida, o adicciones como alcoholismo, drogadicción o cualquier otra conducta que les invisibilice del resto del mundo. Un niño abusado carga en su alma ira, depresión, tristeza infinita, desconfianza de su entorno y esas cicatrices a veces no sanan nunca.

Aunque no lo creas, lectora, lector, el 24 de junio se “celebra” el día internacional del orgullo pedófilo. Así como lo lees. Inconcebible, indignante, enfermo, nauseabundo. Faltan adjetivos para calificar semejante aberración. Esta “celebración” nace en los Estados Unidos en 1998 como “Día del amor a los muchachos” y ahora ya, abiertamente, como orgullo pedófilo. Todavía no lo procesa mi cerebro. Todavía estoy paralizada por siquiera pensar en semejante bajeza.

Quienes sienten orgullo pedófilo pretenden equipararse al orgullo gay; pretenden que se entienda la pedofilia como una opción, una preferencia como la heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, transgénero, o cualquier opción de ejercicio de la sexualidad entre adultos que consensuan y se hacen responsables de sus actos. La pedofilia no es y nunca será una opción. Es delito grave y debe quedar muy claro.

Una niña, un niño, no tienen capacidad de consensuar, ni siquiera de entender una relación sexual o emocional de pareja. Las y los menores de edad están bajo nuestro cuidado, bajo nuestra responsabilidad. Su salud psicológica, física y emocional dependen de nosotros los adultos. En México, la OCDE indica que el abuso sexual infantil es -vergonzosamente- una práctica ¡de las más altas del mundo! Urge que daño moral cuando deriva de abuso sexual infantil no prescriba y que las penas sean más elevadas para los victimarios. La víctima ya purga cadena perpetua.

Hubo un tiempo en que Laura fue feliz… luego conoció a un monstruo. Para millones de niñas y niños los monstruos sí existen y no hay héroes que se los quiten de encima.


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