/ martes 15 de diciembre de 2020

Maru

María Eugenia Campos Galván, Maru, como todos la conocen, es la primera alcaldesa en la capital del "Estado Grande", Chihuahua. Fue votada por sus coterráneos para esa responsabilidad en 2016 sumando con su triunfo al de Javier Corral en la gubernatura; ella con 154,229 y él, en la ciudad, con 149,377. En 2018, aún con la marea de MORENA arrasando la elección de norte a sur, fue reelecta por sus gobernados con más votos aún que en la primera elección. El domingo 13 de diciembre, contra viento y marea, se inscribió en el proceso interno del Partido Acción Nacional para la gubernatura de su estado. Hubo quien denunció a la prensa local presiones a militantes para no apoyar la aspiración de Maru a la candidatura; si bien dicha práctica no es extraña, tampoco debe por común, ser admisible.

No hay, que recuerde, salvo el caso del alcalde actual de Tijuana por MORENA, registro de un gobernador señalando y violentando públicamente a un alcalde de su propio partido que aspira a sucederle. Pues bien, Maru, así lo está viviendo. En una carta enviada a Marko Cortés, presidente nacional del PAN, el gobernador Corral incrimina a la alcaldesa en asuntos de corrupción, violando la presunción de inocencia que la Constitución y el respeto a los Derechos Humanos imponen y asumiendo funciones de fiscal que mal le van a un político con el nivel de encargo y legitimidad que Corral se ha ganado en las urnas y con su trayectoria de vida.

Esta no es la primera vez que Maru tiene que remar contra corriente y soportar embates; en 2010, siendo delegada federal de LICONSA, denunció un desvío de recursos recurrente en donde se encontraba implicada la empresa Industrias Lácteas de Chihuahua, filial de la española Reny Picot. En mayo de 2011, tras recibir amenazas, renunció a su cargo por motivos de seguridad personal; su propia lucha contra la corrupción la situó en riesgo hasta de su integridad física.

La política es una actividad que la sociedad por siglos ha entendido como reservada a los hombres. He escuchado innumerables pretextos, justificaciones y argumentos remolones de políticos para desestimar y desvalorizar la presencia de mujeres en la vida pública. Por ejemplo, se dice que las mujeres no deben llegar por cuotas sino por méritos; coincidimos (también los hombres deberían llegar por méritos y no como muchos que resuelven candidaturas whiskie en mano y con intereses distintos a los del bien común). En fin, en el caso de Maru los méritos son innegables: ella es abogada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y cuenta con dos maestrías; una en Estudios Latinoamericanos y Gobierno en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown y otra en Administración Pública y Política Pública en el campus de la Ciudad de México de su alma máter. Ha sido diputada federal, diputada local, delegada federal, alcaldesa reelecta; es decir, la sociedad le puso palomita y le refrendó la confianza en las urnas. Entonces la traba no es un tema de capacidad, ¿verdad?

Además de capaces, a las mujeres se les exige honorabilidad (así, igual, debiera ser con todas y todos); Maru tiene más de 20 años de carrera limpia y de cara al pueblo; hoy, después de 5 años como alcaldesa, una vez reelecta y con muchos puntos a favor en las encuestas, que la fiscalía haya necesitado la voz del propio gobernador para fortalecer su caso; es, por lo menos, sospechoso. Maru está sufriendo violencia política para coartar sus derechos político-electorales y eso, en nuestro país, es de sancionarse.

Lo cierto es que Maru no se arredra; su lucha y la manera en que supera los ataques son inspiración para muchas mujeres que a la voz de "Nada nos detendrá", abren caminos de triunfo para muchas más. Javier Corral es un buen gobernador, sin duda, pero debe cuidar no pasar a la historia como un misógino, sino como un demócrata. Es tiempo de mujeres; en Chihuahua, es tiempo de Maru.

María Eugenia Campos Galván, Maru, como todos la conocen, es la primera alcaldesa en la capital del "Estado Grande", Chihuahua. Fue votada por sus coterráneos para esa responsabilidad en 2016 sumando con su triunfo al de Javier Corral en la gubernatura; ella con 154,229 y él, en la ciudad, con 149,377. En 2018, aún con la marea de MORENA arrasando la elección de norte a sur, fue reelecta por sus gobernados con más votos aún que en la primera elección. El domingo 13 de diciembre, contra viento y marea, se inscribió en el proceso interno del Partido Acción Nacional para la gubernatura de su estado. Hubo quien denunció a la prensa local presiones a militantes para no apoyar la aspiración de Maru a la candidatura; si bien dicha práctica no es extraña, tampoco debe por común, ser admisible.

No hay, que recuerde, salvo el caso del alcalde actual de Tijuana por MORENA, registro de un gobernador señalando y violentando públicamente a un alcalde de su propio partido que aspira a sucederle. Pues bien, Maru, así lo está viviendo. En una carta enviada a Marko Cortés, presidente nacional del PAN, el gobernador Corral incrimina a la alcaldesa en asuntos de corrupción, violando la presunción de inocencia que la Constitución y el respeto a los Derechos Humanos imponen y asumiendo funciones de fiscal que mal le van a un político con el nivel de encargo y legitimidad que Corral se ha ganado en las urnas y con su trayectoria de vida.

Esta no es la primera vez que Maru tiene que remar contra corriente y soportar embates; en 2010, siendo delegada federal de LICONSA, denunció un desvío de recursos recurrente en donde se encontraba implicada la empresa Industrias Lácteas de Chihuahua, filial de la española Reny Picot. En mayo de 2011, tras recibir amenazas, renunció a su cargo por motivos de seguridad personal; su propia lucha contra la corrupción la situó en riesgo hasta de su integridad física.

La política es una actividad que la sociedad por siglos ha entendido como reservada a los hombres. He escuchado innumerables pretextos, justificaciones y argumentos remolones de políticos para desestimar y desvalorizar la presencia de mujeres en la vida pública. Por ejemplo, se dice que las mujeres no deben llegar por cuotas sino por méritos; coincidimos (también los hombres deberían llegar por méritos y no como muchos que resuelven candidaturas whiskie en mano y con intereses distintos a los del bien común). En fin, en el caso de Maru los méritos son innegables: ella es abogada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey y cuenta con dos maestrías; una en Estudios Latinoamericanos y Gobierno en la Escuela de Servicio Exterior de la Universidad de Georgetown y otra en Administración Pública y Política Pública en el campus de la Ciudad de México de su alma máter. Ha sido diputada federal, diputada local, delegada federal, alcaldesa reelecta; es decir, la sociedad le puso palomita y le refrendó la confianza en las urnas. Entonces la traba no es un tema de capacidad, ¿verdad?

Además de capaces, a las mujeres se les exige honorabilidad (así, igual, debiera ser con todas y todos); Maru tiene más de 20 años de carrera limpia y de cara al pueblo; hoy, después de 5 años como alcaldesa, una vez reelecta y con muchos puntos a favor en las encuestas, que la fiscalía haya necesitado la voz del propio gobernador para fortalecer su caso; es, por lo menos, sospechoso. Maru está sufriendo violencia política para coartar sus derechos político-electorales y eso, en nuestro país, es de sancionarse.

Lo cierto es que Maru no se arredra; su lucha y la manera en que supera los ataques son inspiración para muchas mujeres que a la voz de "Nada nos detendrá", abren caminos de triunfo para muchas más. Javier Corral es un buen gobernador, sin duda, pero debe cuidar no pasar a la historia como un misógino, sino como un demócrata. Es tiempo de mujeres; en Chihuahua, es tiempo de Maru.

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